31 may. 2012

Notas sueltas (con cierto desorden aparente)

Hace unos días, pensando en este espacio que he descuidado últimamente por falta de tiempo (no es una excusa), se me ocurrió que podría hacer una lista de las cosas que nos animan a seguir con una sonrisa puesta. Creo que es necesario ser feliz, igual que es necesario respirar, o mirar la calle antes de cruzar, o cerrar los ojos para ver de lejos, o respirar la luna llena para saber que todo lo inamovible sigue en el mismo lugar. Y es preciso que uno trabaje con ahínco en ello, puesto que desde fuera se empeñan cada día en convertirnos en ejércitos de gente movidos por la incertidumbre, anegados en el pesimismo, paralizados por el miedo y, en última instancia, vagabundos de la resignación. Me niego, me dije a mí misma esa misma mañana. De manera que, de camino al trabajo, durante el trayecto acostumbrado que cada día hago en coche, me dije que había infinidad de motivos para luchar por la felicidad "a raticos", y por ejemplo me vinieron a la mente cosas como:

1. Ver crecer mis plantas. Están grandísimas, espléndidas. En otros tiempos ni siquiera las miraba. Un buen amigo me dijo hace mucho tiempo que las regase, que sería gratificante. ¡Qué razón tenía!

2. La ducha fresca de cada mañana (sin cantar: no pretendo solucionar el problema de la sequía).

3. Una buena página de una novela, un buen poema.

4. Un niño que ayuda a otro a resolver un ejercicio sin esperar nada a cambio.

5. El descubrimiento de un rincón escondido.

6. El reencuentro con un lápiz del número 2 pequeño, mordido, con la inscripción "Jan", que me evoca paisajes remotos de otra vida, de otros pasos donde también retumbaron sonrisas. Entonces suena un adagio de pena que encoge un poco el alma, sucede siempre que se mira atrás, porque uno comprende que todo se ha ido. Sin embargo, hay cierta paz en ello. Tal vez aceptación. Y gratitud.

7. La certeza de haber actuado con honestidad.

8. El primer trago de una cerveza bien fría. O de un gin-tónic. O un bocado de piadina. O un ron en el sofá de casa, de noche, cuando el mundo duerme.

9. El olor del café recién hecho el sábado por la mañana, sabiendo que por delante se abre un abanico de posibilidades de tiempo y placer.

10. Todo lo que me queda por decir.

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El pasado 23 de abril tuve, como sorpresa, un libro de regalo. Se trata de La trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Aunque he tenido unas semanas de auténtico caos en mi existencia, he sacado siempre algún rato para desconectar de todo y sumergirme en las aventuras detectivescas del mismísimo Auster. He doblado algunas páginas y he copiado unas cuantas citas. Comparto con vosotros estas:

"Mucho más tarde, cuando pudo pensar en las cosas que le sucedieron, llegaría a la conclusión de que nada era real excepto el azar".

"Las historias sin final no pueden hacer otra cosa que continuar eternamente".

La primera vez que oí hablar de Paul Auster estaba en Cabo de Gata: era la primera vez que volvía a ese lugar después de muchos años, era el primer curso de fotografía que hacía en la Isleta del Moro, era la primera vez que me sacudían las emociones por dentro. Y entonces alguien llamado Marc, que hacía un proyecto en el que fotografiaba una construcción que él había diseñado, dijo que era fiel lector de Auster. Y yo pensé que tendría que leer algo de este señor. Y ahora sé que leeré más cosas de él. Recuerdo risas, muchas risas, y una luna llena inmensa que bañaba aquel curso de julio donde viajé a estos y otros lugares. El azar me ha traído hasta las manos años después a Auster. Y aquella semana me dejó la amistad de Natalia, y el sabor de las sardinas de Las Negras, y el café en Rodalquilar, y el infinito de la fotografía, y un nombre: Margarita. Decían que tenía cara de llamarme así, con ese nombre de flor.

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Nota en mi agenda del 18 de mayo:

"Me reviso la graduación de la vista tras más de ocho años. Soy 0'5 más ciega; sin embargo veo mucho más allá que hace ocho años".

He de despedirme de mis viejas gafas. Pero me resisto. Han venido conmigo a tantos paraísos que separarme de ellas me da dolor de cabeza. No son un simple objeto: han sido el cristal por el que he contemplado momentos estelares. Los objetos tienen vida, hay objetos de los que uno no puede desprenderse porque sí. Deberían reflexionar sobre ello los ópticos.
Sobre mi mesilla reposan las nuevas. Escribo estas líneas aferrada a las de siempre. Y veo... que ya he escrito demasiado...

Como final, estas notas... musicales:



14 may. 2012

Reivindicación del arte


Últimamente necesitamos asirnos a lo hermoso, a la claridad, a lo certero, a lo único que puede salvarnos de tanta mediocridad: la belleza. Y creo que ésta sólo puede alcanzarse a través del arte.

He rescatado un fragmento del Hiperión de Hölderlin que dice así:

"Cuando un pueblo ama lo bello, cuando honra al genio en sus artistas, circula en él un espíritu general igual al aire de la vida, la timidez se desvanece, la vanidad se disipa y todos los corazones son devotos y grandes, y el entusiasmo engendra héroes. Tal pueblo es la patria de todos los hombres, y al forastero le gusta quedarse en él. Pero ¡ay!, donde la naturaleza divina y sus artistas son tan maltratados, desaparece el mayor encanto de la vida, y cualquier otro astro es preferible a la tierra. Allí los hombres, a pesar de haber nacido todos en la hermosura, se vuelven cada vez más salvajes y yermos; crece el espíritu de servidumbre, y con él el zafio envalentonarse; con las preocupaciones aumenta la borrachería; los dones de cada año se convierten en una maldición, y los dioses huyen".

Y esta música...Corcovado

1 may. 2012

Un nuevo nacimiento

[Imagen tomada de aquí]


Quedábamos casi siempre emplazados para tomar el café en el descanso de nuestras clases de italiano en la Escuela Oficial de Idiomas. Esperábamos el momento, bajábamos a la cafetería y salíamos después a fumar un cigarrillo. Pasaron los cursos. Pasaron otros compañeros que también congeniaron con nosotros y, finalmente, las lecciones de italiano acabaron. Ambos tuvimos nuestros respectivos títulos y sobre todo, conservamos tardes memorables que crearon complicidades: la profesora y su fiesta de Natale, las compañeras sabelotodo, las opiniones y debates en otra lengua, la fascinación por Italia que a ambos nos une, nuestro viaje de estudios particular tantas veces pospuesto y finalmente hecho... En fin, muchos aspectos que poco a poco han ido haciendo que Jesús y yo hayamos tejido una amistad de las de verdad, custodiada ya por los más de cinco años que llevamos a nuestras espaldas viviendo periplos, lágrimas, viajes, risas y algún que otro sonrojo. Y este primer post de mayo se lo dedico no exactamente a él, sino a su nueva criatura: su blog. ¡Por fin se ha decidido a publicar lo que escribe! Conozco su pasión por la escritura desde hace mucho tiempo, sin embargo su prudencia lo lleva siempre a silenciar lo que escribe. No sé qué bicho le ha picado, pero el caso es que el otro día me sorprendió diciéndome que ahí estaba, decidido a publicar cosas que han ido apareciendo tras su pluma. Y yo, desde mis halos, quiero desearle toda la suerte en su nueva andadura a esa nueva criatura blogosférica llamada "Café en Abu Simbel". El nombre ya nos dice mucho: el aroma y el sabor de una charla interesante frente a un café, y si es hablando de los innumerables, exóticos y remotos lugares que ha visitado, está asegurado el placer de conocer a través de la mirada del otro. Ánimo y suerte, amigo.

Enlace al blog: http://cafeenabusimbel.blogspot.com.es/

Y esta música, otro punto de encuentro:
http://www.youtube.com/watch?v=QHx6TYydQxk&feature=relmfu