15 jun 2011

La inútil obstinación


"A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes que aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad. Y suele resultar que (...) cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo".


E. Sábato, El túnel.



Tras su lectura, lo copié en la página de mi agenda del día de ayer y voy rumiándolo desde entonces. Ahora sé por qué: ¿se puede tener la necesidad de aferrarse a lo perdido y sin embargo saber que ya no sirve de nada? Mirar atrás sólo sirve para impedir que veas todo lo que aparece nuevo en tu horizonte. Creo que lo que de verdad merece ser elogiado en el ser humano, porque resulta contrario a la ley del tiempo, es la ligereza de peso en el equipaje interior (que ha de conservar sólo lo exquisito); y la valentía de rodar por el abismo aun a riesgo de romperse. Ese "acto de propia voluntad" es el que distingue a los conformistas de los soñadores. Yo, desdichada y felizmente, pertenezco al segundo grupo.


31 may 2011

El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki




Hay pensadores que agitan las convenciones que reinaron en los recovecos de tus manías de antaño. Sin ir más lejos, siempre busqué una casa iluminada, con paredes claras y dominada por las formas de la luz. Tanizaki, ahora, me hace cuestionarme aquel antiguo principio. Al fin y al cabo, la sombra no es más que el reverso de la luz y la materia de la que estamos hechos. ¿El inconformismo teme al oscuro? Yo manifiesto mi intención de apagar las lámparas y encender las velas, o encender la sombra y apagar la ceguera.


"¿Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de césped.

¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular.

En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una condición mejor a la actual".


El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki. Ed. Siruela, 2010.

25 may 2011

Preludio de verano




En estos días de finales de mayo en los que se rozan los treinta grados, me invade un deseo ardiente de playa al atardecer, vacaciones en avión, lectura sin tiempo, idiomas extranjeros, equipaje de mano, cámara inseparable del abrazo de la mirada, cafés helados, paseos interminables por calles empedradas de pueblos escondidos, comida ligera, gentes nuevas, perfume suave, moreno en la piel, sandalias con tacón, amigos de aquí y de allá, conciertos al aire libre, temporadas de teatro y música, siempre música.


Por ejemplo, esta:
I'll see you in my dreams, de Django Reinhardt

¿Qué más se puede pedir...?

13 may 2011

Un chico sin nombre

[Fotografía tomada de www.elpais.es]


Cuando ocurre una tragedia como la que ha sucedido en Lorca, pocas son las palabras que se pueden decir. Sin embargo, detrás de todas las imágenes que estamos viendo, detrás de una ciudad casi derruida, hay historias de gente anónima llenas de valentía: el chico -sin nombre en ningún periódico- que subió al edificio a punto de caerse para salvar a un enfermo que no podía bajar por sí mismo, la madre que murió dando de nuevo la vida a los dos hijos que su vientre destruido había cobijado, y así decenas de testimonios.

Hay múltiples vías de ayuda: recogida de alimentos hoy en Alfonso X y en la Plaza de Santo Domingo de Murcia, donaciones a través de la Cruz Roja, partido benéfico el próximo domingo en el estadio Nueva Condomina...

Seguiré creyendo, porque así lo he sentido siempre, que el género humano en su mayoría está representado por ese chico sin nombre.

30 abr 2011

Paraísos cercanos

Huyo de la Santa Semana que reúne gentes y tallas procesionando las calles de los pueblos y ciudades porque no comulgo con la abstinencia y demás sacrificios cuaresmales; huyo del ayuno porque, como Lázaro (de Tormes), "estoy hecha al vino y muero por él" -más aún si es en buena compañía compartiendo una cena-; huyo de las sardinas que se queman y de los entierros plagados de plañideras de riguroso y provocativo negro porque adoro la vida más sencilla y el silencio de algunos paraísos que, a veces, son tan cercanos como el que he habitado en mi reciente huida.

Hoy, ese lugar tiene esta imagen, estas palabras y esta música:



MI ÚLTIMA VOLUNTAD
no tiene precio:
quiero
que tú quieras
(querer es tan bonito)
quemarte
conmigo
en esta hoguera.
Todo eso
sin ser Juana de Arco,
por supuesto.
Y cuando hayamos
descendido hasta el abismo
de nosotros,
yo no haré lo que pienso,
tú no pensarás lo que haces.
Desharemos frases
prehistóricas
para no caer en la tentación.
Y aspiro a que cojas,
y confío en que muerdas,
la manzana.
Eva o Blancanieves,
¡qué más da!
Sólo tienes que querer.

Pedro López Martínez, Imágnes de archivo (1967- 1991), Ed. El Bardo, 1993.


WALKMAN

Un barco, el mar
cuando anochece
- ¿cómo
decir cuando anochece que anochece
sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu cerebro:
¿Queréis droga más dura?

¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoníacos auriculares?

Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

Iván Tubau, La quijada de Orce, Ed. Lumen, 1997.


10 abr 2011

¿¡Tú no tienes Facebook!?

[Detalle de una escultura de Eduardo Chillida, Museo Chillida, San Sebastián]

Yo tampoco… El antiguo hacker informático Zuckerberg, padre fundador de Facebook (antaño precedido por el artículo “The”), pasaba sus ratos libres husmeando en los pupitres privados de los ordenadores de sus colegas de universidad –de ahí el nombre-, el mismo que hoy dice que el objetivo de este retoño virtual suyo es "hacer del mundo un lugar más abierto". Yo, que no soy padre ni madre fundador ni fundadora de nada que valga millones de dólares (solo fundé un hogar y unos pocos pero muy buenos amigos: Ana y Juan, Maite y Jose, Jesús, Natalia, Iria, Mónica y Miguel, María Luisa, Iñaki, Luci y Manolo, Charo y Diego, Neli y Joaquín, y algunos que me dejo sin nombre pero que están), tengo todo el derecho del mundo a contemplar mi mundo como un lugar “más cerrado”. Las puertas de mi mansión interior las abro a quien me da la gana, y no a quien me autoriza a través del amigo de un amigo que ahora, por suerte, es un nuevo amigo para mí, aunque no lo haya visto más de un par de veces y su perfil y el mío disten mucho de ser similares.

Hace un par de meses me tropecé con una antigua compañera de instituto que me instó, como otros han hecho últimamente, a hacerme del Facebook –¡vaya, el corrector ortográfico de Word pone la página con mayúscula! Hace un par de semanas, alguien me enseñó a través de su… ¿muro?, ¿tablón de anuncios?, las fotos de una chica (a la cual no conocía, pero a quien tenía acceso gracias a la telaraña de la red) que había retratado su generoso embarazo a lo Demi Moore o a lo Julia Roberts, siendo, como mucho, un espectáculo de lo más cutre que he visto en los últimos tiempos.

Yo no sé qué pasa en el mundo de hoy, pero cada vez me siento más prehistórica: no se trata de un rechazo a la tecnología que me hace la vida más sencilla, se trata de un no rotundo a la exposición pública, a la falta de privacidad, a este fervor colectivo por que sea conocido todo lo que uno hace en el mismo momento en que uno lo está haciendo. No admito como amigos a quienes no he elegido yo, no admito que mis fotos –siempre privadas, aunque sean de una plaza en una ciudad que acabo de visitar- sean vistas por quienes a mí no me apetece que sean vistas.

Echo de menos el contacto directo de la calle, las largas llamadas de teléfono en las que el tono de la voz y los suspiros y sonrisas eran esos emoticonos o caritas que ahora quieren sustituir el aliento de lo que no encontraba la palabra exacta. Echo de menos que algunos de los que quieren que me dé de alta en esa red (lo que no haré por más que se empeñen) no me llamen personalmente para tomar un agradable café: ¿por qué he de compartir lo que me pasa a través de una pantalla con alguien que voy a ver el próximo fin de semana en vivo y que podrá escuchar el tono de voz en que le digo las cosas y de quien podré tasar su gesto de aprobación o desacuerdo?

En esta carrera de la vida en que el valor de la persona se mide por el número (astronómico) de amigos que tiene en su Facebook o en su Twitter o en su Badoo o en su Hi5 o en su Tuenti, en este escaparate en que se ha convertido la privacidad de las personas, yo digo NO, yo no entro. Gracias a las decenas de amigos que me han enviado solicitudes de amistad, gracias a quienes sin conocernos me han enviado solicitudes de amistad, gracias a quienes desean incluirme en su “red de amigos profesionales”, gracias a los miles de amigos que sin embargo no lo son. Porque, para mí, la amistad tiene el calibre de las miradas, el objetivo de las sonrisas, el calor de un café o el sonido de un lento paseo escuchando, también, por qué no, los silencios que sancionan como cómplices a quienes van en el mismo sendero de la vida.



4 abr 2011

Reflexiones en género femenino



"Esposa es una mujer y una escoba; amante, una mujer y una flauta. Desconozco la existencia de un signo que represente el ideal al que nos conducen todas las revistas europeas para mujeres: la fusión de la escoba y la flauta".
Wislawa Szymborska

Esta canción es increíble, una de las más sensuales que conozco: Diana Krall, "Love me like a man"