21 sept 2012

Donde moran los sueños






Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

Del poema La luna, Jorge Luis Borges


Una banda sonora para este paseo: Sarah Vaughan
Y otra más, porque me encanta, AQUÍ

13 sept 2012

El reverso

Llevo un buen rato ordenando cientos de papeles, decenas de artículos... Uno de ellos, "El turismo y la utopía" del escritor Jorge Carrión, me deparaba una amplia sonrisa en su reverso. Apuntado en forma de nota rápida, a boli, la respuesta de un alumno: "Las oraciones pasivas son las que están relajadas".

10 sept 2012

Cueva del tiempo

Imagen de la Cueva de Nerja tomada de www.eco-viajes.com


Hace unas horas he recibido una foto en mi teléfono móvil. En la imagen se contempla la salida de una cueva que está formada por estalactitas y estalagmitas. Se ha enfocado el primer plano y se vislumbra, en el oscuro fondo, el misterio de cada gota de agua que hace crecer detrás lo que parecen brazos, rayos, espadas, dedos, hilos de tiempo... Antes de todo he de decir que en esa imagen aparecen mi hermana y mi cuñado, ambos con atuendo de un día de excursión, mochila al hombro y cogidos del brazo. Cuando me la han enviado me ha dado un vuelco el corazón, y es que he sentido el peso de la realidad: esa misma salida la pisaron los pasos de mi hermana y los míos cuando aún éramos muy niñas, yo rozaría apenas los diez, y ella los cuatro. Vestíamos aquel día un trajecito veraniego rosa compuesto de camiseta sin mangas, con las figuras de Micky y Minnie, pantalón corto y unos deportivos. En esa foto sobresalen dos aspectos sobre todo lo demás: se ven unas piernas, las mías, que más que piernas parecen alambres (siempre fui extremadamente delgada); y a mi lado llama poderosamente la atención el gesto rebelde de mi hermana, tan pequeña, mordiéndose el labio (costumbre que aún conserva). Ella, la que entonces levantaba poco más de un palmo del suelo, es la que hoy posa erguida, guapísima, esbelta, orgullosa si cabe, del brazo de su pareja.
Cuando le he recordado la anécdota y mi nostalgia por aquella infancia que a ambas se nos ha esfumado, ella, creo, ha sentido también esa punzada del tiempo. Y es que mi hermanita pequeña se me ha hecho mayor para todo, incluso para las gotas de tiempo que acaban por esculpir la melancolía.


Y para finalizar quiero incluir esta canción infantil que misteriosamente estaba dentro de una muñeca que me trajeron los Reyes Magos hace más de treinta años. Se llamaba Rosaura y no envejeció hasta que nació mi hermana. Baste decir que cuando supo andar ella fue la encargada de desmontarla minuciosamente para adivinar de dónde venía la música mientras yo asistía a mi jornada escolar:


5 sept 2012

Septiembre


Hace ya unos días que ha comenzado este mes, que es siempre el mes del "año nuevo" para aquellos que nos dedicamos a la docencia. Coincidiendo con este hecho, retomo los halos que he dejado reposar en el tiempo estival. Han pasado los meses de veraneo llenos de arena, sol, playa, paseos, calma, familia, lecturas (muchas) y luz. Pero un viento fresco dice que ya estamos casi entrando en un futuro otoño y parece que se me inunda el alma de una nostalgia de futuro divisada en la chaqueta por la noche, en el frío de la cara por la mañana temprano, en el calor de una manta sobre el sofá de casa, en la luz tenue del final de la tarde, el trajín cotidiano de la ciudad sin descanso... No es que me guste especialmente que ya forme parte del pasado el verano reciente, de hecho, me pone un poco triste esta nueva estación próxima, pero este "año nuevo" me traerá sucesos que anhelo:

En apenas unos días vendrá al mundo Irene, la hija de unos muy buenos amigos que se está pensando aún cuándo aparecer por estos aires. Es un acontecimiento para mí: una alegría sumada a la existencia de su hermanita Aitana, quien ya cuenta en su haber con casi dos años y medio y con quien me gusta compartir el azucarillo del café o los bolígrafos con los que dibuja soles y lunas. Uno de sus besos es el mejor regalo cualquiera de los días del calendario.

Con la entrada del mes vuelven los amigos cargados de viajes e historias. Parece que la ciudad vuelve a entrar en su círculo de tráfico y gente, de bullicio alegre, y entre todo este espectáculo volvemos a salir, a pasear, a encontrarnos, a compartir cenas como la que me aguarda esta noche, a relatar las aventuras de estos meses y a divagar sobre las incertudumbres tan ciertas que nos aguardan en este país tan necesitado de un Valle Inclán que nos diga y nos nombre.

Además, este año nuevo, espero dos acontecimientos: del primero hablaré más adelante porque la prudencia me hace silenciarlo; del segundo he de decir que es ya un hecho casi consumado... Empecé a trabajar en el tema del viaje hace más de ocho años. En mi periplo de investigación viajera he abandonado la redacción de este trabajo en reiteradas ocasiones movida siempre por una desilusión provocada por la falta de rigor y de honestidad desde determinados círculos académicos. Es solo ahora cuando he vislumbrado la meta de un esfuerzo profesional tan prolongado en el tiempo y al que tantas horas he dedicado. Durante los próximos meses recorreré el último sprint, y espero que todo culmine con éxito.

De manera que este nuevo año es especial. Ojalá todo salga bien y espero que haya muchos post para irlo celebrando, que la inspiración acuda a mis dedos y las teclas se presten a la voz de quien escribe halos, aire, nada.

Buen septiembre a todos con esta canción que forma parte de la banda sonora de una película cuyo mensaje es que "todo es posible": BSO Intouchables, "September".




3 ago 2012

Tierra del fuego en un paraíso cercano

Desde hace mucho tiempo he deseado ir hasta el faro del fin del mundo, ubicado en Ushuaia. A falta de poder desplazarme, al menos por ahora, a ese lugar de ensueño que algún día visitaré (cruzo los dedos), me espera muy pronto la figura de otro faro también anhelado desde hace tiempo. Lo he visto en muchas imágenes, sin embargo nunca lo he mirado desde abajo. Muy pronto será el momento. Y lo espero con una calma cómplice, sabiendo que su luz tal vez llegue hasta aquel otro faro tan remoto de Ushuaia, con la certeza de que su vista no me defraudará: Cabo de Gata es un paraíso.

Que las luces no se apaguen, que los caminos siempre nos conduzcan hacia nosotros mismos, que las sendas estén vestidas de arena fina con luna llena de fondo, que todas las estrellas sean faros, que no haya lugares lejanos. Que sea.

24 jul 2012

Mujer, profesional, ciudadana.



Si fuese más alocada diría que cada día que pasa lo flipo más; siendo seria puedo afirmar que "no salgo de mi asombro". No doy crédito a tanto despropósito. Ayer, mientras laboraba domésticamente, pensaba que quienes están en el poder, quienes tienen la batuta de nuestro futuro más inmediato, nos están degradando y, en definitiva, anulándonos como personas desde todos los frentes:

1. Como mujer, me quitan algo muy preciado: mi libertad de elección. Ayer me entero de que si me quedase embarazada y el feto tuviese una malformación no podré abortar aquí, es decir, tendré que buscarme la vida o el dinero necesario para hacerlo en otra parte. ¿Quién se erige como juez (o ministro) ético para imponerme que he de dar a luz a una criatura? De nuevo es un ataque a la mujer, pero es más que eso, es un ataque a la sociedad: no nos engañemos, este tema no nos afecta exclusivamente a nosotras. Va más allá y responde a toda una ideología retrógrada que se ampara en las cruces mal entendidas, las del oscurantismo. Soy mujer, vivo en un país... ¿laico?, ¿moderno?, ¿libre? Y ahora van a aniquilarme un derecho fundamental. ¿Cuántos giros del calendario retrocedemos? ¡Me asusta tanta religiosidad!

2. Como profesional de la educación, vengo escuchando de forma reiterada por parte de nuestros gobernantes (y por un nutrido grupo de la sociedad) que somos vagos, que los profesores no hacemos nada más que "tomar café", que tenemos muchas vacaciones, que trabajamos menos de veinte horas a la semana. Y ayer, limpiando el polvo de mi salón, mascullaba para mis adentros: si en Berlín dije que era profesora y me miraron con cierta admiración y respeto, ¿por qué en mi país se me tacha de inepta? Si somos quienes educamos, quienes construimos las bases para un futuro mejor dándoles a sus hijos ciertos valores y conocimientos para desenvolverse en este mundo, entonces, ¿por qué me dicen vaga? ¡Me asusta tanta envidia, tanto resentimiento!

3. Como ciudadana, vivo en un universo gobernado por el dinero. Este hecho, por sí mismo, basta para que repudie mi condición de ser social que se desarrolla y vive en una "sociedad". Me enteré ayer de que en bolsa se apuesta a la caída del más débil, y eso provoca ganancias para los más voraces. En la vida cotidiana nos bombardean con millones de estímulos que están destinados a crearnos necesidades absurdas para que formemos parte del rebaño del consumismo. Ahora que nos quitan poder adquisitivo nos quieren hacer desgraciados porque no podemos ir a comprar todo aquello que nos hicieron creer que necesitábamos. Somos seres robotizados (utilizo el plural de cortesía) y nos movemos por intereses que en realidad no tienen valor alguno. Hemos olvidado que lo originario es lo que nos hace humanos: la naturaleza, la amistad, la música, la buena compañía, el agua, la verdad, los comportamientos altruistas, el silencio, el amor. ¡Me asusta tanta avaricia!

La consecuencia de todo esto es que cuando salgo al mundo hay días en los que todo se vuelve de un tono azul oscuro casi negro, y pienso: ¿dónde vivo?, ¿quiénes son quienes me dirigen?, ¿hacia dónde vamos?, ¿cuánto tiempo falta para que todo explote?

Lo dicho: ni mujer, ni profesional, ni ciudadana. Yo lo flipo.

20 jul 2012

El sabor del melocotón


Nunca he sido una amante de la fruta, principalmente porque albergo una manía que abarca hasta donde tengo uso de razón: una vez pelado el fruto, se me cae al suelo. Sucede así en el ochenta por ciento de los casos. Dicen que es algo que he heredado de mi tío. Esto, poco a poco, me ha ido llevando a abandonar ese placer jugoso de la naranja o de algunas otras piezas que necesitan el cuchillo de por medio, a no ser que algún alma caritativa y cercana haga el trabajo por mí.
Sin embargo, hay una fruta que no puedo abandonar: el melocotón. No es por el sabor, ni por el color, ni por el aroma, ni por la textura; es por algo que va mucho más allá de la riqueza de sus matices: es una emoción difícil de explicar. Para mí el melocotón significa la figura del padre, porque él, mi padre, gobierna felizmente un huerto donde impone sus propias normas de aguas y abonos, donde pasea sus solitarios pasos cada mañana y cada tarde recorriendo las ramas de los árboles que por esta época dan ese fruto. Ese terreno es su universo, su mundo, su sabiduría, su sonido –el canto del aire libre –, la arcadia que lleva su nombre y la de sus ancestros, el paraíso que cada día respira.
A veces los objetos van mucho más allá de lo que representan, significan más de lo que señalan: esta fruta es para mí una caricia de ese hombre que ha dedicado toda su intuición y sus largas horas de silencio contemplativo al cuidado del verdor de sus árboles, al manejo de la tierra y de las raíces.
Cuando contemplo una fuente de estos deliciosos frutos, grandes, sabrosos, con un dulzor cercano al anís, siento que es él quien me regala cada mordisco de vida, cada sabor azucarado que el verano y el calor me ponen en el borde de los labios, cada caricia aterciopelada que su mano de padre, ya adentrado en una incipiente vejez, me brinda. E inevitablemente esos melocotones son su mirada, el día a día, el cantar de la chicharra al abrir la ventana de la casa que preside la higuera, el frío del invierno con las ramas desnudas, el sol de la primavera con una inundación de flores rosas.
Hace poco vi El sabor de las cerezas, una magnífica película de Abbas Kiarostami. En ella, el protagonista se disponía a suicidarse. Para ello se aleja de su hogar y se va a un huerto de cerezos, allí se sube a uno y antes de ahorcarse decide comer de esos frutos. Su sabor le hace sentir la belleza de la vida por el sol que cada mañana sale, por el amor de la gente a la que quiere, por cada sueño, por cada abrazo, por cientos de motivos. Así que cambia de opinión: llena un cesto de cerezas y se lo lleva a su esposa para el desayuno. Así, para mí, El sabor del melocotón.