20 ene 2018

No hay pura luz

[Regreso a Murcia. 20-I-18. Hora: 18:00]


No hay pura luz
ni sombra en los recuerdos:
éstos se hicieron cárdena ceniza
o pavimento sucio
de calle atravesada por los pies de las gentes
que sin cesar salía y entraba en el mercado.

Y hay otros: los recuerdos buscando aún qué morder
como dientes de fiera no saciada.
Buscan, roen el hueso último devoran
este largo silencio de lo que quedó atrás.

Y todo quedó atrás, noche y aurora,
el día suspendido como un puente entre sombras,
las ciudades, los puertos del amor y el rencor,
como si al almacén la guerra hubiera entrado
llevándose una a una todas las mercancías
hasta que a los vacíos anaqueles
llegue el viento a través de las puertas deshechas
y haga bailar los ojos del olvido.

Por eso a fuego lento surge la luz del día,
el amor, el aroma de una niebla lejana
y calle a calle vuelve la ciudad sin banderas
a palpitar tal vez y a vivir en el humo.

Horas de ayer cruzadas por el hilo
de una vida como por una aguja sangrienta
entre las decisiones sin cesar derribadas,
el infinito golpe del mar y de la duda
y la palpitación del cielo y sus jazmines.

Quién soy Aquél? Aquel que no sabía
sonreír, y de puro enlutado moría?
Aquel que el cascabel y el clavel de la fiesta
sostuvo derrocando la cátedra del frío?

Es tarde, tarde. Y sigo. Sigo con un ejemplo
tras otro, sin saber cuál es la moraleja,
porque de tantas vidas que tuve estoy ausente
y soy, a la vez soy aquel hombre que fui.

Tal vez es éste el fin, la verdad misteriosa.

La vida, la continua sucesión de un vacío
que de día y de sombra llenaban esta copa
y el fulgor fue enterrado como un antiguo príncipe
en su propia mortaja de mineral enfermo,
hasta que tan tardíos ya somos, que no somos:
ser y no ser resultan ser la vida.

De lo que fui no tengo sino estas marcas crueles,
porque aquellos dolores confirman mi existencia.

PABLO NERUDA

***

Quién sabe por qué, últimamente, me atraen tanto la luz y su contrario, lo que es y lo que parece ser, el silencio y el hueco del vacío, los ecos y sus voces, los caminos desiertos y las metas sin fin, el sabor de las noches y el insomnio del día, lo que sé y lo que nunca sabré, lo que dije y lo que pude haber dicho, lo que no sé cifrar y lo que ya está escrito, la ceniza y el agua que apaga todo fuego, la belleza de la luna al bailar en el cielo y el fulgor de tus ojos cuando miran los míos.

13 ene 2018

Luces y sombras

[11-I-2018]

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación”. 

Historia de dos ciudades (Charles Dickens)

Hay épocas en las que la luz solo parece recordarnos que lo que asoma detrás es la oscuridad. 
Hay estaciones que vuelcan el caos en los rincones de cada día.
Hay señales que son indicios que son marcas de fuego que queman.
Hay sueños que nunca deberían soñarse. 

30 dic 2017




Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.




Idea Vilariño




18 dic 2017

La descripción

Hace unas semanas que algunos profesores venimos preparando un taller de escritura con nuestros alumnos a propósito de la visita de Manuel Madrid, periodista de La Verdad y escritor de crónicas de viajes (Amarás América y Caladas de Cuba). 
La intención es que los muchachos aprendan a observar y a contar... Yendo un paso más allá, a mis grupos les pedí que se mirasen a sí mismos, que definiesen quiénes son hoy y por qué, qué recuerdo les ha marcado de alguna forma especial. Como ejemplo, fui yo quien inició la actividad. Y esto fue lo que les escribí de mí misma. Al finalizar la lectura, me miraban en silencio. Fuimos conscientes de haber compartido un retazo de verdad. Así, sus composiciones, han sido, igualmente, honestas.


¡Quién soy yo! Todos somos uno y muchos al mismo tiempo; no obstante, al hablar de rasgos esenciales es inevitable pensar en ellos: en mis padres. No sé bien qué tengo de cada uno, pero sí que si hoy estoy aquí es porque de alguna forma en mi esencia me forjaron como una persona fuerte, independiente, que se vale por sí misma, con espíritu de superación siempre, con energía positiva ante las adversidades, con una sonrisa por bandera y con una obstinación por hacer las cosas bien que, en ocasiones, se torna un defecto más que una virtud. Últimamente, de hecho, estoy aprendiendo a perdonarme.
Nunca he sabido de dónde me nace esta afición a las palabras ordenadas que dan vuelo a los sentimientos y anhelos, esta pasión por leer y escribir que me lleva a pasar las noches en vela cuando la musa danza a mi alrededor; tampoco sabría cifrar de dónde surge mi afición al viaje, a subir volando a las nubes para aterrizar en una realidad diferente que me deja en suspensión. Oler otros colores, saborear otros idiomas, llenarme la vista de mundos que no son el que rige mis días y mis noches me hacen ser más persona, más humana, más relativa, más ínfima, y al mismo tiempo, expandirme.
Nunca lo sabré, pero entre mis recuerdos vagan imágenes de una niña con apenas diez años leyendo con una linterna debajo de las mantas, escondida, porque no se podía leer tan tarde según criterio de mis padres, ya que había que despertarse temprano para ir al colegio. Era una linterna amarilla y transcurrían las aventuras de aquel niño que vivía en una época de guerra. De esa otra faceta mía que hoy me define, el viaje, no recuerdo nada especial en mi infancia, puesto que no he tenido una familia viajera; pero sí cómo inventaba mis viajes a paraísos exóticos moviendo las ascuas de la lumbre que siempre chirriaba en los fríos inviernos de mi pueblo en el centro del salón de mi casa de niña. Allí viajé a castillos encantados donde vivían las princesas de los cuentos que aún no sabía comprender del todo; allí luché con monstruos y demonios y conocí a todos los príncipes azules y verdes y negros, allí descubrí la luna.
Hoy, soy quien soy gracias a que tuve unos padres que supieron respetar el poderoso lugar de mi imaginación; que no me lo dieron todo para que pudiera tener deseos; que me alentaron, pero nunca hicieron el camino por mí; que me enseñaron a ser honesta, constante y a vivir con ilusión cada día.

10 nov 2017

Ojalá

Hace ya tiempo que no transito por estos halos. Sin embargo, esta tarde mi hijo duerme, y se me presenta una ventana de tiempo en la que quiero dejar constancia de su ingreso en el territorio de los sueños: el miércoles, por primera vez, pronunció la palabra "ojalá". Y es que estas cinco letras, estas tres sílabas, son las que hacen que creemos universos que no existen. O, al menos, soñemos con crearlos. 

A medida que pasan las semanas su padre y yo vamos descubriendo en él un profundo asombro por elementos que, a menudo, a los adultos que perdimos la mirada infantil, dejaron de llamarnos la atención. Él es un niño sensible, y al mismo tiempo creativo. Durante los trayectos en coche a la casa de los abuelos al pueblo miramos el paisaje, cantamos canciones (todas las que se nos ocurren, existan o no) y hablamos. El pasado domingo nos sorprendió llamando nuestra atención vivamente: "¡Mamá, mamá, papá, allí, allí, aquella nube es un cocodrilo con la cola muy muy larga!, ¿lo veis?". Claro que lo veíamos. Y allí andábamos, su padre y yo, compartiendo miradas de incredulidad ante tan sagaz observación. Poco a poco las nubes fueron adquiriendo diversas formas de animales, hasta que halló una que le hizo dar un salto más allá de lo meramente físico. Miró atento y silencioso a través de la ventanilla del coche y lo dijo: "¡Mamá!, ¡papá!, aquella nube de allí es un beso". Y siguió mirándola silencioso. 

No sé en qué se convertirá Darío cuando cumpla años y el mundo (también el de las pantallas, que ahora apenas ve  ya que su padre y yo les declaramos la guerra hace mucho) lo haga rodar por este ruido tan ensordecedor en el que estamos insertos; no sé cómo vislumbrará las salidas a las ponzoñas que envenenan los rincones de envidias y frustraciones ajenos; no sé cómo llegará a ser hombre con la mirada encendida de quien descubre lo que hay más allá de la apariencia; no sé casi nada de su futuro, ese que se anuncia en 3D y en quién sabe cuántas cosas que aún no tienen nombre ni forma. Pero sé que un día, el pasado miércoles 8 de noviembre del 2017, dijo por primera vez la palabra "ojalá" seguida de su deseo: "Ojalá pudiéramos pintar las nubes". 

Ojalá, Darío, un día puedas pintar, con todos los colores del arco iris, tus sueños. 

Nube Darío 1: "Cocodrilo con cola muy larga"

Nube Darío 2: "Beso"