23 nov 2009

Un ahora constante: sigo teniendo un sueño.




De la montaña
baja el rocío
asciende lenta el alma


Últimamente acaecen los signos llevándome al retorno de aquella faceta mía que un día abandoné y de la que podría decir que, irremediablemente, quedará como un “sogno nel cassetto”.
Una vez fui una prostituta ingenua de Broadway y un año más tarde me convertí en monja de clausura, evolucioné hasta ser sirvienta de una casa con siete balcones, y desde ahí me apresaron como esclava en las arenas plautinas de los escenarios italianos.
Terminé mis pasos sobre los escenarios siendo una madre de familia de armas tomar en una catarsis brechtiana que modificó mis gestos. No he vuelto a pisar un escenario, salvo en momentos puntuales como la lectura dramatizada de letras de Kurt Weill. Y el caso es que en mi fuero más interno siempre he deseado ser esa actriz que ya nunca seré. Deseos… que hablábamos en el post anterior.

Y como de teatro hablo, no puedo dejar de hacer una maravillosa recomendación: el Teatro delle Ariette. El pasado día 18 actuaron en Elche para un reducido grupo de 26 comensales… y fue una maravilla hecha espectáculo. La fortuna hizo que dos horas de espera (inventando haikus a cuatro manos) dieran su recompensa y consiguiera la entrada. Todo comenzó casi sin artificio por una afirmación: dejamos de producir nosotros mismos el trigo para acabar comprándolo y consumiéndolo. Es una declaración de principios en todos los sentidos: una obra rupturista que quiebra las distancias entre actor-espectador, donde al mismo tiempo que alimentan la conciencia sugiriendo emociones hondas como las del dolor de la muerte o la experiencia del amor (que todo lo puede), te van sirviendo la cena hecha con los productos ecológicos que ellos mismos cultivan. Un canto a la sensibilidad, un canto a los orígenes, a la verdad del ser humano. “Yo nunca había escuchado ese silencio” dice Paola Berselli al comienzo. Tal vez haya que escuchar el silencio para llegar a la esencia de las cosas.


Yo me quedo en silencio, con el buen sabor de boca de un fin de semana de reencuentro con mi amiga Lole, de los paseos retirados, de la librería de la esquina con aire argentino, de las lecturas regaladas, de un poquito de paz…

15 nov 2009

"Que tu vida sea rica y fructífera. Que ninguna sombra la empañe jamás"



“Una persona, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma”.

La cita está tomada del cuento ‘La muchacha del cumpleaños’ de Haruki Murakami, incluido en su obra Sauce ciego, mujer dormida. No había leído hasta ahora nada de este japonés, aunque no me faltaban referencias, todas buenas, de su novela Kafka en la orilla. Lo cierto es que la trama del relato plantea una pequeña incógnita al lector: la muchacha, cuyo veinte aniversario ‘celebra’ en el trabajo, tiene la oportunidad de elegir un deseo como si de un cuento de hadas se tratase, y ella elige… no sabemos qué.
¿Qué elegiría cada uno de nosotros si sólo uno se nos concediese?
Lo único que debemos mantener, que hemos de luchar por mantener, al igual que la protagonista del cuento y su interlocutor es que “una persona, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma”.

14 nov 2009

C17 H23 O3 N


Bicho de hiel que se afana en la sangre

y libando roba la luz de tu día:

soy ese bicho que mata y que hiere,

mal ser de fuego que quema entre espinas.

Así que te advierto en un grito claro:

¡vete de mí, no me busques nunca!

Ya ves que en la picadura

soy la primera que muere.





6 nov 2009

Más allá del poso del café




“Cualquier cosa que te acontezca, desde la eternidad estaba preestablecida para ti, y la concatenación de causas ha entrelazado desde siempre tu subsistencia con este acontecimiento”.
Marco Aurelio, Meditaciones (Libro X, 5)


“¿No ves que siempre vas detrás cuando persigues al destino?”
Fito & Fitipaldis, Antes de que cuente diez.


Y yo me pregunto: ¿será verdad?


¿Me lo pregunto o lo afirmo?


28 oct 2009

El suceso convocado: Miguel Espinosa






Una serie de acaecimientos me han descubierto un escritor minoritario en lectores pero inmenso en talento, del que ya había escuchado muy buenas críticas venidas de una gran persona que más que profesor ha sido Maestro: mi querido Juan Cano Conesa. Ahora, pasado el tiempo (cinco años hace de aquellas reflexiones), la casualidad (que siempre juega sus cartas) ha querido que en mis manos caiga Asklepios de una forma que no revelaré en este espacio. Lo leí durante el verano, presa de una pasión no sólo por la forma de decir, sino por lo que sus palabras evocan. La lectura de Asklepios se torna un proceso en constante evolución en el que no se puede adentrar nadie que no sea capaz de dejar su mente en blanco, de abstraerse de todo aquello que le rodea y dejarse embriagar por la palabra lúcida de este griego contemporáneo que nos remueve los cimientos de la conciencia, de la razón y de la emoción más honda. Viajar con Asklepios hasta los territorios antiguos de la infancia motiva el reencuentro con el hombre-mujer de hoy. Es cierto, y en muchas ocasiones así nos lo deja dicho, que nada vuelve, que el tiempo es el juez más implacable de cuantos puedan existir; sin embargo, también nos acerca el recuerdo de lo que hemos sido. Y se puede uno conocer a sí mismo sólo indagando en las emociones pasadas y dejando que aquéllas den lugar a otras nuevas y actuales. Porque en definitiva lo que dura no es más que una sucesión de instantes que antes de enunciarlos ya se han ido. Somos como una marea de momentos, y aquellas emociones de la infancia y la juventud son las que hoy construyen las sensaciones del adulto que escribe.

Ahora que, gracias a mi reciente aniversario, alguien, casualmente, ha venido a regalarme la Tríbada, regreso sobre sus palabras y vuelvo a sentirme atrapada por ese universo suyo tan particular. Entresaco unas cuantas citas de aquel Asklepios, pensamientos que os dirán por dónde anda este filósofo de la vida que explica al ser humano y todo lo que de inexplicable hay en él.

Que las disfrutéis. Y gracias, amigo, por el regalo.

“Para averiguar quiénes somos, tenemos que indagar cada una de las edades que hemos sido, tratando de conocer los seres que fuimos. Esta empresa requiere las siguientes operaciones: remover la conciencia, para encontrar las sensaciones allí depositadas; sacar tales sensaciones a la luz; interpretarlas, y concluir. Este empeño precisa de un gran esfuerzo de imaginación, siempre doloroso. Entiendo por imaginación la capacidad de operar con sensaciones, a la manera que el intelecto opera con conceptos, y sacar, como conclusiones, otras sensaciones”.

“Para muchos, la extensión es repetición: los mismos átomos producen las mismas cosas; por consiguiente, la novedad no existe. Para otros, en especial para los niños, la extensión es acaecimiento; nada se repite, la novedad rige el mundo. Entre los primeros se hallan algunos filósofos y reflexivos, los desengañados, los cansados y muchos suicidas; entre los segundos, amén de los niños, los poetas, los viajeros en lejanas tierras y los narradores de cosas fabulosas. […] La novedad, extensión y misterio del mundo es algo que reside en nosotros, y que, por así expresarlo, prolonga el ser de la infancia”.

“Sólo el que tiene fe en la llegada del acaecimiento y en la existencia de lo maravilloso, espera la aventura, es decir, la realización de lo indeterminado. Tales se llaman almas ilusionadas”.

“El artista no copia ni puede copiar: objetiviza una emoción, sosteniendo el instante y haciéndolo perenne”.

22 oct 2009

Cinco por seis




La realidad exige
que lo digamos bien claro:
la vida sigue su curso.

Así comienza uno de sus poemas W. Szymborska, a quien he tenido el gusto de conocer gracias al comentario de mi -puedo permitirme llamarlo amigo, como mínimo libresco- f. Y sí, señores y señoras, la realidad sigue su curso y en él incluye los círculos de la existencia que hoy me llevan al señalado punto en el que la mía tuvo su origen. Esta noche amanecí a la vida con todas sus estrellas – será por eso que ando siempre un poco entre la tierra y las nubes-.
Cambio de década. Cambio de mi acostumbrado “–te” por un inusitado “-ta”. En fin… que “siga su curso”, que no pare de girar.

17 oct 2009

¿Para qué sirven los amaneceres?




Ésa fue la respuesta a la pregunta "¿Para qué sirve la poesía?”
Muchos podrían haberla enunciado, poetas de otras épocas, poetas de nuestro tiempo, pero fue a Borges a quien se le ocurrió “semejante semejanza”.
Una vez tuve una disputa literaria que consistía en elegir entre Borges o G. Márquez. En otros tiempos, aquellos tiempos en los que se podía hablar de literatura, yo era aún universitaria y el alcance de un verso no se cuestionaba: las cervezas en el quiosco de la esquina daban para muchas teorías de compromiso y comprometidas. Hoy, cuando observo y escucho un sector de la juventud que me va mostrando este cambio de banderas y valores, me pregunto: ¿para qué sirve la poesía? Y sin embargo, mi respuesta es siempre la de Borges: no se puede vivir sin la aurora que nos da la luz cada día.
Habrá cambiado la vida, habrán cambiado nuestros jóvenes, habré cambiado yo misma, pero sigo sin cuestionar la magia de un amanecer y la hondura de un poema certero. Y continúo pensando que en buena compañía uno puede hablar de Literatura -la mayúscula no es una errata-.
A la sombra de un gin-tonic por encima de las nubes o por debajo de éstas sobre la arena del mar. “Nosotros”, los soñadores, los que no nos hemos rendido, aún tenemos el coraje de lanzar versos al viento y susurrarlos en secreto. Y desde esta convicción algo transmitiremos a los jóvenes que pueblan las aulas de los centros donde vienen a ser educados, o conmovidos. Por ellos, pero sobre todo, para cada uno: amanecer cada día mecida en el verso del abrazo verdadero, con la humildad de saberse frágil y la valentía de tener la esperanza siempre a punto. Como dice Jaime Sabines “la poesía sirve para sacar la flor de las cenizas”. Ésa es y será la décima de mis décimas.