30 abr 2011

Paraísos cercanos

Huyo de la Santa Semana que reúne gentes y tallas procesionando las calles de los pueblos y ciudades porque no comulgo con la abstinencia y demás sacrificios cuaresmales; huyo del ayuno porque, como Lázaro (de Tormes), "estoy hecha al vino y muero por él" -más aún si es en buena compañía compartiendo una cena-; huyo de las sardinas que se queman y de los entierros plagados de plañideras de riguroso y provocativo negro porque adoro la vida más sencilla y el silencio de algunos paraísos que, a veces, son tan cercanos como el que he habitado en mi reciente huida.

Hoy, ese lugar tiene esta imagen, estas palabras y esta música:



MI ÚLTIMA VOLUNTAD
no tiene precio:
quiero
que tú quieras
(querer es tan bonito)
quemarte
conmigo
en esta hoguera.
Todo eso
sin ser Juana de Arco,
por supuesto.
Y cuando hayamos
descendido hasta el abismo
de nosotros,
yo no haré lo que pienso,
tú no pensarás lo que haces.
Desharemos frases
prehistóricas
para no caer en la tentación.
Y aspiro a que cojas,
y confío en que muerdas,
la manzana.
Eva o Blancanieves,
¡qué más da!
Sólo tienes que querer.

Pedro López Martínez, Imágnes de archivo (1967- 1991), Ed. El Bardo, 1993.


WALKMAN

Un barco, el mar
cuando anochece
- ¿cómo
decir cuando anochece que anochece
sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu cerebro:
¿Queréis droga más dura?

¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoníacos auriculares?

Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

Iván Tubau, La quijada de Orce, Ed. Lumen, 1997.


10 abr 2011

¿¡Tú no tienes Facebook!?

[Detalle de una escultura de Eduardo Chillida, Museo Chillida, San Sebastián]

Yo tampoco… El antiguo hacker informático Zuckerberg, padre fundador de Facebook (antaño precedido por el artículo “The”), pasaba sus ratos libres husmeando en los pupitres privados de los ordenadores de sus colegas de universidad –de ahí el nombre-, el mismo que hoy dice que el objetivo de este retoño virtual suyo es "hacer del mundo un lugar más abierto". Yo, que no soy padre ni madre fundador ni fundadora de nada que valga millones de dólares (solo fundé un hogar y unos pocos pero muy buenos amigos: Ana y Juan, Maite y Jose, Jesús, Natalia, Iria, Mónica y Miguel, María Luisa, Iñaki, Luci y Manolo, Charo y Diego, Neli y Joaquín, y algunos que me dejo sin nombre pero que están), tengo todo el derecho del mundo a contemplar mi mundo como un lugar “más cerrado”. Las puertas de mi mansión interior las abro a quien me da la gana, y no a quien me autoriza a través del amigo de un amigo que ahora, por suerte, es un nuevo amigo para mí, aunque no lo haya visto más de un par de veces y su perfil y el mío disten mucho de ser similares.

Hace un par de meses me tropecé con una antigua compañera de instituto que me instó, como otros han hecho últimamente, a hacerme del Facebook –¡vaya, el corrector ortográfico de Word pone la página con mayúscula! Hace un par de semanas, alguien me enseñó a través de su… ¿muro?, ¿tablón de anuncios?, las fotos de una chica (a la cual no conocía, pero a quien tenía acceso gracias a la telaraña de la red) que había retratado su generoso embarazo a lo Demi Moore o a lo Julia Roberts, siendo, como mucho, un espectáculo de lo más cutre que he visto en los últimos tiempos.

Yo no sé qué pasa en el mundo de hoy, pero cada vez me siento más prehistórica: no se trata de un rechazo a la tecnología que me hace la vida más sencilla, se trata de un no rotundo a la exposición pública, a la falta de privacidad, a este fervor colectivo por que sea conocido todo lo que uno hace en el mismo momento en que uno lo está haciendo. No admito como amigos a quienes no he elegido yo, no admito que mis fotos –siempre privadas, aunque sean de una plaza en una ciudad que acabo de visitar- sean vistas por quienes a mí no me apetece que sean vistas.

Echo de menos el contacto directo de la calle, las largas llamadas de teléfono en las que el tono de la voz y los suspiros y sonrisas eran esos emoticonos o caritas que ahora quieren sustituir el aliento de lo que no encontraba la palabra exacta. Echo de menos que algunos de los que quieren que me dé de alta en esa red (lo que no haré por más que se empeñen) no me llamen personalmente para tomar un agradable café: ¿por qué he de compartir lo que me pasa a través de una pantalla con alguien que voy a ver el próximo fin de semana en vivo y que podrá escuchar el tono de voz en que le digo las cosas y de quien podré tasar su gesto de aprobación o desacuerdo?

En esta carrera de la vida en que el valor de la persona se mide por el número (astronómico) de amigos que tiene en su Facebook o en su Twitter o en su Badoo o en su Hi5 o en su Tuenti, en este escaparate en que se ha convertido la privacidad de las personas, yo digo NO, yo no entro. Gracias a las decenas de amigos que me han enviado solicitudes de amistad, gracias a quienes sin conocernos me han enviado solicitudes de amistad, gracias a quienes desean incluirme en su “red de amigos profesionales”, gracias a los miles de amigos que sin embargo no lo son. Porque, para mí, la amistad tiene el calibre de las miradas, el objetivo de las sonrisas, el calor de un café o el sonido de un lento paseo escuchando, también, por qué no, los silencios que sancionan como cómplices a quienes van en el mismo sendero de la vida.



4 abr 2011

Reflexiones en género femenino



"Esposa es una mujer y una escoba; amante, una mujer y una flauta. Desconozco la existencia de un signo que represente el ideal al que nos conducen todas las revistas europeas para mujeres: la fusión de la escoba y la flauta".
Wislawa Szymborska

Esta canción es increíble, una de las más sensuales que conozco: Diana Krall, "Love me like a man"

29 mar 2011

Privado para todos


Dice Cortázar en uno de sus escritos que “nunca se sabe cuándo se dan los grandes saltos”. Desde luego yo, en otro sentido, sí he sabido que esta tarde mi estómago ha saltado al leer en la prensa las declaraciones de nuestro presidente regional instando al copago para la dependencia, la sanidad y la educación. Esto es un gran salto en lo que hasta ahora hemos entendido por estado del bienestar. Quien quiera estudiar, que pague; quien necesite ser hospitalizado o una receta para un dolor muscular, que pague; quien precise ayuda para cuidar a sus mayores, que pague. ¿Evolucionamos o involucionamos? Hay quien se frota las manos afirmando, sin pudor, que de esta forma la chusma de alumnado se irá de los institutos públicos (que a su vez dejarán de serlo). Supongo que el personaje que ha soltado esta delicia por su boca considera “chusma” a las rentas más bajas que no podrán costear el médico, el profesor, la hipoteca, la luz, el agua, la comida y mil cosas más en cientos de hogares mileuristas.

¿En qué país vivo? ¿En qué región vivo?

Sin embargo, sé que para no sucumbir a la indignación o la honda tristeza, tengo un abanico de posibilidades que me permitirán respirar con alivio:

Podré darme una vuelta en el nuevo tren de la bruja (entiéndase tranvía) que nos ofrece el trayecto “Tiendas Centro Ciudad – Tiendas Centros Comerciales” vomitándonos al consumismo más feroz, para que pasee mis tarjetas de crédito por las necesidades que quieren hacerme creer que tengo. O bien esperaré unos meses, impaciente, lo confieso, para que se abra el nuevo Aeropuerto Internacional de Corvera; allí podré irme a sus pistas a darme paseos a lo Fabra (¡qué importa que ya haya uno en San Javier! Así tenemos dos). Otro plan que me hace la boca agua es relajar mi mente y mis sentidos desplazándome hasta la vecina Alhama, y allí recorrer las vastas extensiones de la incipiente Paramount, deambular por las hectáreas recalificadas y administradas por el honrado Samper (proyecto este, el de la Paramount, digno de ser rodado por Santiago Segura en el marco de un realismo patético).

Esto es Murcia. No-Typical?


Aquí dejo la BSO. No podía ser otra.


21 mar 2011

El huerto que todo padre habita


He leído estos días Cuanto quise decir, obra en la que Ginés Aniorte hace una compilación de su poesía desde 1990 hasta el año 2000. He anotado muchos versos, he guardado en mi cuaderno algunos de sus poemas para tenerlos siempre a mano y no olvidar, como solemos hacer los mortales, que la dicha del instante es el corazón del alma, que el fluir temporal trasciende al presente fugitivo, que el impulso del amor siembra la esperanza y la alegría, que la hermosura del mar o el sabor de los viajes nos hacen, también, ser quienes somos.

Había leído de Ginés su obra Nosotros. En realidad, esa fue la primera vez que cayeron en mis manos sus versos y he de confesar que me quedé navegando horas en la arquitectura precisa y armónica de sus poemas; no en vano lo leí en voz alta a la orilla del mar de Cabo de Gata. En Nosotros hay una mirada atrás hecha desde la nostalgia positiva, desde la calma del ahora que entraña en su designio el aire de la pérdida irrecuperable, y siempre se contempla el acontecimiento desde una luz cálida, desde una reconciliación con la vida misma y su esencia última: la llegada de la muerte. Una vez transmitida esa emoción, el poeta nos trae al presente, nos aproxima a la universalidad de lo que anhela decir: tal vez que aquello es esto, que el ayer es también el hoy, que lo que fue, de alguna forma, no ha dejado de ser.

En esa línea he encontrado (y escuchado su recitación por Ginés en dos ocasiones muy próximas) un poema que me ha encogido el alma, porque yo también tengo un padre que tiene un huerto, y temo –ni siquiera me atrevo a imaginar- el día en el que él no esté, como ya no están los pasos del padre de mi padre, que habitó el mismo terreno que hoy puebla él. Por eso hoy quiero colgar en mi blog el poema de Ginés Aniorte. Y también esta foto que hice de mi padre hace tan solo unos días, unos soles antes de que los melocotoneros que mima flor a flor estallasen en un universo rosa. Está en su huerto, en su hogar, donde se ha doctorado en la vida y de quien tantas cosas fundamentales he aprendido; por ejemplo, que el silencio es uno de los mejores dones de la naturaleza, o que las cerezas han de comerse recién cogidas del árbol para que ofrezcan todo su esplendor entre los labios.


EL HUERTO DE MI PADRE


EL huerto está encendido

de olivos y de rosas.

La higuera humilde luce la hermosura

que la habita, y el naranjo en sazón

pende del cielo azul

y, arrebatado, huele.


Hay ciruelos y nísperos

y pájaros que cantan y rompen el silencio

de una tarde que esparce en sus dominios

su luz irrepetible y sus aromas.


Mi padre está ocupado en antiguos afanes

y es el alma del huerto que hoy alumbra

colmado de sus frutos y sus flores.

Acaricia los árboles como a hijos, y mira,

con ternura indecible, el delicado verde

que esparce su fulgor sobre las hojas.

Sus ojos reconocen, de cuanto brota, el nombre,

y si su mano escarba entre la hierba

por arrullar el talle de las plantas,

se confunde su piel y es tierra todo,

y en el sutil contacto prende el fuego

en las hondas raíces, que nacen de sus pies

con ventura asombrosa.


Vendrá un día

en que el alma cansada de mi padre

haga al cielo heredero de todo cuanto sabe

y de la savia de este huerto sagrado

que anida en él, secreta y jubilosa.


Ese día no habrá árbol ni flor

capaz de redimirlo.

Y el laurel oloroso,

el olmo, la palmera, los pájaros que, entonces,

habiten, silenciados, la aflicción de una tarde

que adivinan mis versos,

todo se abismará en la sombra que anuncio

y guarda este poema,

para así confundirse con la nada,

esa nada que habrá de ser el cielo

caído sobre el huerto sin memoria

de este hombre que aún hace girar el mundo

cuando pisa su reino

y habla con los árboles.

Ginés Aniorte
(versión corregida por el autor)

Añado la suite nº 1 para violonchelo, pequeño homenaje musical a J. Sebastian Bach, que nació en Eisenach tal día como hoy, 21 de marzo, inicio de la primavera, día de la poesía y día, por tanto, de la música hecha palabra:

http://www.youtube.com/watch?v=LU_QR_FTt3E


14 mar 2011

El vagón del tren




Han de tener unos dieciocho años. Ella luce una melena castaña larga y lacia. Él es moreno con cara, aún, de niño. Llevan entre las manos un puñado de apuntes que, según he olfateado, hablan del Madrid de 1934 y de generaciones de poetas -dentro de un rato leerán a dúo, intercambiándose papeles, Romeo y Julieta-. Él se abalanza sobre ella y la besa, hunde sus dedos en su pelo y así la mira, embelesado, enamorado. Mientras, ella, vergonzosa y sonriente, le devuelve el beso y cierra la cortinilla para que los oculte de las miradas ajenas que quedan al otro lado del andén. Pasados unos minutos, se comen unas galletas y ven galopar el paisaje efímero.

A ese mismo ritmo siento que pasa la vida. Hace demasiado tiempo que yo tuve dieciocho años y tomé este y otros trenes que me llevaron al amor imposible de la tragedia shakesperiana y a amores posibles que pronto se tornaron, igualmente, imposibles. Miré correr los paisajes desde aviones que volaban demasiado altos y vi caer árboles en estaciones de excesiva candidez.

Ellos son ajenos a las encrucijadas de la vida, aún tienen en la mirada esa pureza de la juventud indolora, ese mar en calma que guarda, en sus profundidades, todos los huracanes del sistema planetario.

Los observo desde el asiento de atrás, lejana, contemplando sus reflejos en la ventanilla que ya han abierto para dejar que el mundo los vea pasear dichosos su amor. "Sí, te quiero", susurra él.

Ojalá les dure tanta ilusión, tanta juventud. Ojalá sus finales sean la antítesis de la tragedia que leen a medias. Y si de repente caen, ¿qué es la vida? Yo me abismé muchas veces y, como dice Cabrera Infante en las primeras líneas de La ninfa inconstante, "no me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo". Esa máquina es el vagón de este tren. Porque la vida, en sí misma, es alucinante y maravillosa. Desde las alturas o desde el abismo lleno de flores.

[Tren Murcia-Barcelona, viernes 11 de Marzo, 2011]

Dire Straits, Romeo and Juliet


8 mar 2011

8 de marzo



Brindo por que llegue un día
en el que no sea necesario
celebrar este día



Silvio Rodríguez: Mujeres