2 sept 2013

Año nuevo



Cuando llega esta fecha siempre aflora en mí idéntica emoción: comienza un nuevo año. Desde que piso los centros educativos (todo comenzó cuando contaba con tres primaveras), mis tiempos vitales se han estructurado en torno a los cursos académicos, de igual modo mis recuerdos se clasifican así: preescolar fue el año en el que aprendí a unir puntos que se transformaban en letras; Dª Ascensión, la maestra, me tiró de la sogueta (término que no recoge el diccionario pero que se utilizaba como sinónimo de trenza) cuando hice un punto muy grande en  la sin par competición con mi compañero de pupitre y que tuvo como consecuencia la rotura del papel; en 1º de EGB aprendí aquel trabalenguas de si Pancha plancha con cuatro planchas, ¿con cuántas planchas plancha Pancha?; y así podría seguir…
Ayer, mientras volvía sola conduciendo en el espacio más mío que conozco (mi coche) y donde siempre tomo las decisiones importantes, iba haciendo balance de este año que ha pasado y casi sentí un atisbo de alegría. No he tenido grandes contratiempos (mis habituales dolores de espalda que me acompañan desde hace seis años, algún que otro malentendido en el trabajo, alguna decepción –siempre pienso que el hombre es bueno por naturaleza…-). Por el contrario, he recibido muchas noticias felices: buenas amigas han visto satisfecho su deseo de convertirse en madres; alumnos –pocos, eso sí– han aprendido ciertas cosillas esenciales que no están en ningún libro de texto; páginas y páginas que han pasado por mis manos y con las que he vivido momentos apasionantes… Siempre la literatura me lleva de la mano.
Comencé el verano aislada: ningún sitio mejor para hacerlo que una isla. No diré paradisíaca (es una expresión desgastada después de tanto folleto turístico), pero sí muy agradable y tranquila. Busqué un alojamiento al borde de un pequeño acantilado, de forma que la banda sonora del pequeño estudio era el rumor del mar. Con ese escenario y La caverna de Saramago pasé unos días relajada, pensativa… tanto que incluso me entró la vena creativa y tuve la osadía de escribir un relato que comienza así: “Cada palabra tiene un aliento, un ritmo, un silencio. Anna estaba convencida de ello”. 









Después regresé al origen: al pueblo que me vio nacer. He tenido tiempo de vivir el día a día en la casa de mis abuelos que antes fue de mis bisabuelos y que ahora regentan mis padres. Cuando uno pisa las huellas del recuerdo del propio yo encuentra emociones antiguas, renovadas nostalgias. Vi caer una larga lluvia de Perseidas, y mirando largamente el cielo volví a tener la certeza de que la luna es idéntica desde todas las partes del mundo. Después me han ido acompañando Italo Calvino, Leon Tolstoi, Haruki Murakami o Pérez Galdós. Entre línea y línea he visto a amigos, viejos y nuevos; he hablado largos ratos con mi abuela que ya tiene ochenta y dos años y a la que adoro en toda la extensión de la palabra (como diría un personaje galdosiano); he explorado algún rincón perdido y he vuelto a reconciliarme con ciertos lugares que desde hace más de cinco años andaban en mi mapa de desdenes.
Es por ello que mañana, cuando abra la puerta del aula, iniciaré el nuevo año con una sonrisa puesta desde adentro y con la esperanza de que todo vuelva a tener, como mínimo,  un cariz similar al de este año que ya se ha ido. Ojalá. Y, desde estos halos, acudiré a la cita entre vosotros y yo, aunque ese pronombre plural cite solo a los dos o tres lectores que aún revolotean de cuando en cuando por esta página.

2 jul 2013

En este cauce agitado





"Uno de los prejuicios más generales y extendidos consiste en creer que cada persona posee cualidades que le son propias e individuales, que hay hombres buenos, malos, inteligentes, estúpidos, enérgicos, apáticos, etc. Pero la gente no es así. Podemos decir del hombre que es con más frecuencia bueno que malo, inteligente que estúpido, enérgico que apático, y viceversa; pero no tendremos razón en afirmar de una persona que es buena o inteligente, y de otra que es mala o estúpida. Y siempre las dividimos así. Eso no es justo. Las personas son como los ríos: el agua de todos ellos es igual y siempre la misma, pero cada uno es, bien estrecho y rápido, bien ancho y lento, bien puro y frío, bien revuelto y templado. Así son los hombres. Cada persona lleva en sí los gérmenes de todas las cualidades humanas y a veces se revela una, a veces otras, y a menudo no se parece en nada a sí mismo, aunque no deja de serlo. En algunos casos, estos cambios son particularmente acusados". 
Tolstoi, Resurrección, 1899.

* * *

Nadie tiene el equilibrio de la hoja de la imagen. 
Somos así: un río revuelto, una cara y su cruz.

5 jun 2013

Todo... ¿todo?

Ayer recibí en mi bandeja de correo este mensaje:


La pregunta me dejó pensativa, porque acababa de proyectar a mis alumnos un documental excelente titulado Binta y la gran idea (Dir. Javier Fresser. Sengal. 2007), que recomiendo encarecidamente, puesto que habla de la importancia del acceso a la educación de las niñas en los países africanos, pero también de la trascendencia de la imaginación, del valor de la creatividad y de la distinción entre el progreso del mundo de los ¿desarrollados? y el respeto a la esencialidad de la tierra, de la naturaleza o del aire por parte del mundo de los ¿subdesarrollados?

Cuando anoche leí la pregunta "¿Quién dice que no lo puedes tener todo?" mascullé para mis adentros: ¿Y para qué lo quiero todo? 

Estoy convencida de que el ser humano necesita solo lo importante, que es, con toda seguridad, lo más primitivo: aquello que no está disponible en ninguna tienda.

Puedes ver el documental pinchando AQUÍ

2 jun 2013

¿


Dejemos esclarecer por el tiempo las dudas. 
La fortuna conduce al puerto muchas barcas sin piloto. 
William Shakespeare

23 may 2013

If I ever feel better




El diálogo entre la belleza y la pena 
constituye la realidad más honda del corazón humano.

Rilke


 

 

8 may 2013

Teoría del naufragio

[El naufragio. Grabado de Jordi Teixidor]

El trabajo más laborioso consiste en que usted encuentre un ancho mar llamado cotidianeidad que desate huracanes y ventiscas, fenómenos climáticos fundamentales para el sostenimiento de esta teoría. Para propiciar la aparición de dichos fenómenos solo tiene que mostrarse tal como es: sincero, sin dobleces, sin maquillaje de sonrisas estúpidas, sin máscaras. Esto hará que usted quede fuera de la hipocresía que reina entre esos especímenes abominables del género humano que llenan los nutridos bancos de peces gordos y que acaban envenenados por su propio veneno. Una vez expuesto, solo ha de esperar a que vientos y tempestades le sacudan fuerte. Si ha hecho bien su barco, soportará estoicamente hasta el último tornado; sin embargo, hay una fuerza mayor que la voluntad y que viene asociada al cansancio. Cuando se agote, cuando ya no resista más, húndase. Baje al fondo. Naufrague lentamente, a merced de la bravura del mar, descanse. Y después, salga a flote. Es el círculo azul del mundo.

7 may 2013

Una fábula

[Fotografía de Elif Sanem Karakof]

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.

Franz Kafka