11 abr 2014

Cielo sobre el Sena


Al final de este día queda lo que quedó de ayer 
y quedará de mañana: 
el ansia insaciable e innúmera 
de ser siempre el mismo y otro.

F. Pessoa, Libro del desasosiego


Quien quiso ser y es AQUÍ 
 

14 mar 2014

Los lugares a los que nunca he ido

Esta misma tarde, viendo un documental de viajes en el que recorrían los angostos callejones de Dubrovnik, se me ha ocurrido que en mi bagaje tienen tanta importancia los lugares visitados como aquellos en los que nunca estuve: Croacia, por ejemplo. En una ocasión estuve a punto de llegar a las murallas de esa ciudad a bordo de un velero, finalmente opté por adquirir un piso que me provocó no pocos dolores de cabeza y el viaje se aplazó. Hasta hoy. Y mucho me temo que aún va a tener que esperar. La lista de países, ciudades e incluso rincones precisos de los cinco continentes que han cobrado una vida propia dentro de mí sería infinita, ya que por distintos motivos en algún momento siempre he pensado que esos espacios estaban hechos, en cierta modo, a mi medida: las huellas de Bruce Chatwin por la Patagonia, los atardeceres de Mangue Seco en Brasil, un puente histórico de Sarajevo, el bar donde Hemingway tomaba sus mojitos en Cuba, la historia de amor del Taj Majal, el viento de Ulises en las islas griegas, las tonalidades del blanco de Islandia, algún Cotton Club de un rincón de Nueva York, el tiempo detenido de la vida en Pompeya, los colores de Isaak Dinesen en África a bordo de una avioneta, la naturaleza abrumadora de Australia, los aromas de Jordania, el azul de esa mezquita que tiene títulos de pasión turca, la Petra de aquel remoto tiempo... Y así, poco a poco, me doy cuenta de que también he ido haciendo, a lo largo de los años, el mapa de mis lugares no visitados. ¡Viajar, viajar! Cómo añoro subirme a un avión. Sin embargo, no puedo quejarme: el próximo lo cogeré en breve, destino a un lugar que desde adolescente fui poblando como escenario de mis sueños más románticos. Al final, la vida va adquiriendo diversas tonalidades y nada es como había imaginado en aquel pasado tan remoto (no habrá un vestido rojo, la banda sonora no será de Verdi...)  pero tal vez así también encuentre algo de aquella antigua magia que durante décadas ha ido coloreando las imágenes de mi fantasía.




 

4 mar 2014

Modo pausa

Desde hace unas semanas vivo en una especie de limbo en el que floto dentro de una burbuja hacia no sé dónde. Resulta que lo que más me apetece es dormir, estar en paz, escuchar música con los cinco sentidos, leer al azar alguna página suelta o el suplemento del dominical del periódico, pensar en todo lo que debería estar pensando y decidiendo y... seguir tumbada en el sofá tomando algún dátil de vez en cuando o, si se tercia, un sandwich de Nocilla. Y así pasan las tardes. Y siento, recónditamente, una bendita placidez... Tengo la intuición de que este letargo engendrará alguna criatura maravillosa.


2 mar 2014

Una duda más...


Letanía
Distancia entre un recuerdo y su huella. 
El espacio que queda entre una decisión y su renuncia. 
La vibración de la luz cuando se extingue en el ocaso. 
El trazo con que la imaginación dibuja los lugares 
donde nunca hemos estado.
 Texto y vídeo de Juanan Requena

En ocasiones hay que plantarse: definitivamente hemos de ser quienes somos y mostrar nuestras cartas boca arriba. Sin embargo, no todo el mundo es capaz de comprender nuestros gustos o disgustos; lo que de verdad anhelamos o lo que no deseamos.
Hace unos días, en el transcurso de un café con una amiga charlábamos de todo esto, y fui consciente de en cuántas ocasiones uno ha de morderse la lengua para que el mundo siga su ritmo; de las decenas y decenas de veces que hemos de renunciar a aquello que de veras queremos para que los que te rodean, simplemente, no vean alterada su comodidad. 
La gran duda es: ¿hasta dónde?, ¿cuál es el límite de renuncia?, ¿cuándo es el momento de decir "yo sueño con esto" y no voy a ceder más? y ¿quién dice hasta cuándo?

24 feb 2014


[Pequeña materia roja, Antoni Tàpies, 1977]


Tengo necesidad de lo originario, de lo que está más allá de lo sensible, de la verdad pura de los actos sinceros, del frescor de la tierra en la mañana fría, de la lluvia que limpia el aire.
A veces uno quisiera encontrar lo azul, lo vívido, la magia de la vida en su estado más salvaje.
Y todo para absorber la luz de cada día, para tomar aliento; para, en definitiva, Ser.

5 feb 2014

La alegría de vivir

[La alegría de vivir, H. Matisse]

El colorido palpitante, las líneas sinuosas, la brisa en movimiento, el remanso del agua, el calor del amor, el aire y sus misterios. La vida es una honda fascinación. Todo y mucho más está en esta pintura de Matisse, y también se halla, de alguna forma, en el optimismo del ahora que hay en los versos del poema Vivir de Pedro López, a quien anoche tuvimos la suerte de poder escuchar en directo en el museo Ramón Gaya mientras deshilvanaba la madeja de las anécdotas que lo llevaron a levar las anclas de su barco de la infancia, a habitar los bancos imposibles la ciudad italiana, a fumar junto a aquella mujer que que estaba hecha de lienzo, a despertar en la mañana del 30 de diciembre del pasado año mascullando entre sueños los versos sobre los que forjar el poema: 

VIVIR

Las nubes, los proyectos,
la delicada forma que los dedos esculpen,
la vasija trizada y el olvido.

Aunque los hombres lloren
el tiempo que gastaron y el tiempo que les queda,
vivir tan solo es esto:

cobrar de cada instante su certeza.

30/XII/2013

PEDRO LÓPEZ

26 ene 2014

Con Emma

¿Acaso no debía, antes bien, un hombre saberlo todo, destacar en múltiples actividades, iniciarla a una en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida y en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. Creía que ella era feliz; y Emma le guardaba rencor por esa tranquilidad tan firme, por esa cachaza tan serena, e incluso por la felicidad que ella le daba.
La Señora Bovary, G. Flaubert
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia 


Tengo por delante más de dos horas: solas tú y la mesa de madera, los lápices afilados, los libros dispuestos en orden, el folio en blanco y el cursor parpadeando. La Señora Bovary está a mi lado; también todas las anotaciones de La orgía perpetua. He leído (de nuevo) estas semanas ambas obras, y ahora es el gran momento: ahí van las primeras líneas de mi ensayo. Es algo parecido a la magia, porque de la nebulosa de ideas que se atropellan en tu mente hay de repente una ilación que encadena una tras otra y cobra forma definida y orden preciso.

Esta novela es especial para mí por varios motivos que no vienen al caso. Puedo decir que me fascina el personaje que es Flaubert, me parece Arte la minuciosidad y la precisión de los vocablos, la elección del tempo de cada escena de la novela... Es el placer del lector: saborear cada palabra y cada párrafo sabiendo que un pretérito perfecto simple no indica el mismo pasado que un pretérito imperfecto. 

Hacía semanas que buscaba una mañana de sol para compartirla con Emma, Charles, Rodolphe, Lèon, con las confesiones de Flaubert a Louise Colet, con las traducciones de la obra que modifican el sentido de algunos pasajes... es hilar fino, ¡y qué placer!

A veces, escribir es tan intenso como vivir: todos somos un poco quijotes. Así lo declara el narrador cuando nos deja ver la mente de Emma mientras redacta la carta para su amante:

Pero, al escribir, intuía a otro hombre, a un fantasma hecho con sus recuerdos más ardientes, sus lecturas más hermosas, sus concupiscencias más fuertes; y acababa por volverse tan auténtico y tan accesible que la dejaba palpitante y maravillada, aunque no pudiera, pese a todo, imaginarlo con claridad, pues se perdía, como un dios, tras la abundancia de sus atributos.

Flaubert es infinito, tanto como Cervantes: una odisea interpretativa, un viaje más allá de Ítaca.