29 jun. 2011

Poema intrascendente



EL VERANO


Un día se te ocurre

que tal vez colecciones

esas bolas de nieve

donde fingen inviernos

en paisajes remotos:

te parecen románticas.


Más de un lustro ha pasado.

La colección que entonces

era sólo un proyecto,

hoy llega hasta países

donde nunca estuviste.

Sospechas que hay lugares

que son inalcanzables:

huérfanos de las cartas

se duermen los buzones,

olvidados de suerte

se ríen en tu cara

los duendes irlandeses,

fantasmales castillos

donde no hubo princesas

desafían al tiempo…


Basta con agitarlas

y vuelve a ser invierno,

y te vuelves a helar

en todos los fracasos

que tienen nombre propio:

Mostar, Londres, Dublín,

Sarajevo, Georgia,

Bolonia, Barcelona…


Sin embargo decides

que el presente te nombra,

ya no aceptas regalos

que te ahoguen de frío.

En tu mundo de hoy

instalas el verano.




15 jun. 2011

La inútil obstinación


"A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes que aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad. Y suele resultar que (...) cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo".


E. Sábato, El túnel.



Tras su lectura, lo copié en la página de mi agenda del día de ayer y voy rumiándolo desde entonces. Ahora sé por qué: ¿se puede tener la necesidad de aferrarse a lo perdido y sin embargo saber que ya no sirve de nada? Mirar atrás sólo sirve para impedir que veas todo lo que aparece nuevo en tu horizonte. Creo que lo que de verdad merece ser elogiado en el ser humano, porque resulta contrario a la ley del tiempo, es la ligereza de peso en el equipaje interior (que ha de conservar sólo lo exquisito); y la valentía de rodar por el abismo aun a riesgo de romperse. Ese "acto de propia voluntad" es el que distingue a los conformistas de los soñadores. Yo, desdichada y felizmente, pertenezco al segundo grupo.