15 jul. 2018

“Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, 
agujero en la red del tiempo, 
esa manera de estar entre, 
no por encima o detrás sino entre (...)”.

Julio Cortázar
Prosa del observatorio

4 jul. 2018

Poesía necesaria, música esencial

[Ayer, en mi balcón, leyendo a Pablo Neruda, este poema: "Saudade"]


Y de fondo, esta canción de Buena Vista Social Club, que me deja en la piel esa saudade imposible de traducir, acaso inefable. Cuando la escucho me veo paseando por La Habana, ciudad en la que nunca he estado, pero a la que una vez tuve la tentación de irme, no de turismo, no de viaje, sino para permanecer. Conforma, junto a otros, el mapa de mis lugares más auténticos: los que no fueron. 




24 jun. 2018

Estampas


[Pasillo de mi instituto, 22 de junio de 2018]

Hojeo los periódicos de hoy, salto por titulares que me suenan a mundos hostiles, me detengo en otros que critican actitudes deleznables de los gobernantes del mundo. Y entre todo eso, miro hacia adentro: veo el pasillo desierto; mis alumnos se han despedido de mí y yo de ellos. Caminan hacia otros horizontes, espacios universitarios que los verán formarse en biomedicina, enfermería, matemáticas, informática... y me contemplo en ese largo pasillo vacío, horas antes repleto de almas adolescentes, y sé que acaso mi vida sea un poco así: primero llena, festiva, inquieta, joven; luego, repleta de huecos, ausencias, nostalgias, y algunas estancias, es cierto, tienen esta felicidad sin condiciones, en calma, en paz, que me ofrecen quienes están bordeando mis horizontes. 

Llego a mi casa. Darío me regala la mejor estampa que pueda adornar un corazón tambaleante: su gesto lleno de inocencia, su sonrisa sincera, su mano en la mía, su abrazo despierto. 

Es hermoso ir cargando nuestras alforjas de tanta luz verdadera. Lo escribo, esta noche, aquí, con gratitud. 


[Darío, 22 de junio de 2018]


11 jun. 2018

Para mi ilustre amiga y excelente profesora



Así comienza su dedicatoria a mi  preciado ejemplar de sus Poesías completas un ilustre, él sí, poeta; y una excelente, él sí, persona: mi amigo -qué honor poder llamarlo así- Francisco Sánchez Bautista.   Hoy cumple 93 años, y la vida me ha regalado conocerlo y compartir con él algunos momentos que tengo erigidos en mi pedestal de encuentros memorables, porque de él, de Paco, como le gusta hacerse llamar, siempre se aprende. He tenido la misma sensación cada vez que me he despedido de él: que soy mejor persona tras su presencia que antes. Representa los valores de los que esta sociedad carece por sus cuatro costados: la honestidad, el silencio, el estudio riguroso, el Humanismo (que hace poco reivindicaba ante más de 120 alumnos), el amor a los libros (en papel), el culto a la educación y los orígenes del hombre mismo, el arraigo a la naturaleza, el canto a la lengua que nos nombra y nos cifra, la pintura de la magia. Porque él va más allá de la realidad que vemos, crea unas Memorias de la Arcadia a la par de los clásicos; le da un halo de magia al otoño, que le hace la tristeza inoportuna; a las Tierras de España: campos / yermos donde la vida se soporta / a duras penas; a todos esos hombres que ejercen el milagro de una huerta que alimenta porque ellos Son la arcilla más noble; al Pato Espátula (también llamado Cuchareta) y la Calandria, que emula las grandes fábulas con el tono jocoso que aún hoy, a sus 93 años, se desliza con mirada cómplice cuando lo rememora en la silueta de su sonrisa. 
Paco, Don Francisco Sánchez Bautista, es uno de los grandes, pero él lo vive desde la prudencia: es dado a la amistad sincera, a las cartas manuscritas sin pantallas de por medio, a la conversación sin prisas, a la vida que enlaza con las raíces del ser humano, a la verdad.
Felicidades, poeta: que pases un día con la serena felicidad que nos regala tu presencia. 


6 jun. 2018

Luces en la sombra

Paisaje desde mi ventana (06-06-18)


A veces surge la luz en medio de la oscuridad: es lo que ha sucedido hoy. El trabajo tiene estas cosas: que cuando los días se tornan grises porque el ambiente se oscurece a tu alrededor, de pronto, vienen a visitarte a tu centro dos poetas y un periodista y escritor de literatura de viajes. Y ellos, los tres, representan, al menos para mí, un espejo en el que todos deberíamos mirarnos: alcanzan la gran literatura, escriben más allá del mundo que se ve, encuentran lo extraordinario en la observación del paisaje y del alma humanos, y lo cuentan embellecido con el lenguaje a medida. No conocía, hasta hoy, a María Teresa Cervantes. De ella me gusta la herida punzante de algunos destellos que emanan de sus versos: "soy mujer, mis ojos me denuncian". De su persona, me quedo con la locuacidad, la simpatía, la vida. A Francisco Sánchez Bautista me une una relación con su poesía y su persona muy especial: aprobé mi oposición por aquel soneto maravilloso que comienza con "Otoño es el zorzal" y que termina con ese magnífico endecasílabo: "que me hace la tristeza inoportuna". ¡Cuántas veces habré rememorado ese verso en mi interior, sintiendo, como él escribía, que hay una tristeza que en ocasiones llega de no se sabe dónde ni por qué pero que se toca, que pesa, que va cargada de uno mismo! ¡Y cuántas veces habré agradecido a la vida la fortuna de compartir un café, una tarde, una comida con Paco y con su mujer, que ya no está aunque sigue estando! Son la humildad, y al mismo tiempo, la Verdad del género humano que escasea en este mundo. Dice el poeta, Paco, que lo que falta hoy en día es Humanismo. Y sientes que cada palabra suya viene cargada de una sabiduría silenciosa, de la reflexión profunda y honda, de la Cultura. Y te sabes afortunada de vivirlo. 
A Manuel Madrid lo he conocido este curso. Ya compartió con mis alumnos una mañana emotiva, en la que les habló de qué es hoy el periodismo y qué significa desear algo en la vida. Pero yo tenía ganas de conocerlo por su narrativa de viajes. Es un hombre con una sensibilidad exquisita, que tiene esa educación de la mirada para ir más lejos de lo que cualquiera alcanza a ver en los paisajes que habita, porque no los recorre, los vive. Y además lo canta con sutileza. Su prosa es delicada, sugerente, hermosa. Y cuando lo conocí, lo admiré más aún: es, como Paco, un hombre humilde, casi tímido, diría yo. 
Reconforta vivir días como el de hoy: entre la negrura de una cotidianidad que, por momentos, resulta desagradable, sentir que existe gente como ellos pone un toque de color y, ¡qué voy a decir! No todo está perdido, por fortuna. 
Para finalizar, la imagen que cierra la tarde: paisaje desde mi ventana, con el que abro este post. Me ha dado la clave para interpretar lo que hoy he vivido: la esperanza y la magia. 


11 may. 2018


Señales, sombras, ecos, vestigios. 

12 abr. 2018

Despacio y buena letra, por favor...


Cada vez más, y más, y más rápido. Leo, con asombro, que hay estudios que constatan que la lenta percepción del tiempo que tenemos cuando somos niños tiene una explicación neurofisiológica que se relaciona directamente con el tamaño; es más, las investigaciones del Doctor Andrew Jackson (Trinity College, Dublin) han reportado que asimismo, los animales tienen diversas percepciones del tiempo, de ahí que sea difícil cazar una mosca... (puedes leer el artículo aquí). 

Lo que más me preocupa de este hecho es que si un niño tiene una velocidad de percepción y comprensión de una imagen de unos cuatro segundos, ¿cómo se le permite ver dibujos animados con   colores estridentes y acciones que suceden a un ritmo trepidante?, ¿cómo se les ofrecen juegos que no obedecen a su naturaleza, por definición, más lenta que la del adulto? Es fácil para cualquier padre comprobar el nerviosismo que invade a su hijo tras un rato de televisión o de juego en una tableta. Personalmente, en mi hogar, por decisión consensuada, hemos eliminado casi al completo las pantallas. Mi hijo de tres años juega, a veces, con objetos que él mismo se va fabricando. Hace mucho tiempo que al iPad se le "acabaron las pilas", que en la televisión solo "salen películas" (seleccionadas por nosotros) o documentales de animales, por los que siente fascinación. Íntimamente, y lo digo con humildad, me siento orgullosa de ello. Por el momento, y ya cuenta en su haber con tres años y medio, no ha llegado a decirnos jamás "me aburro". 

Puede que los adultos, que ya hemos sucumbido al ritmo veloz de este mundo en el que nos movemos, hayamos perdido la perspectiva, o puede que nuestra naturaleza interna esté cambiando de tal forma que, incluso, en algunas modas, valoremos la estética de lo feo dándole de lado a la belleza. Puede que el ser humano se esté volviendo realmente loco de tanto generar dopamina, ese punto débil de nuestro cerebro que hace que necesitemos recompensas como una droga (piénsese en el famoso Candy Crush). Puede que el hombre corra y corra como lo hacía Speedy Gonzales en aquellos dibujos de la infancia solo porque ya no sabe parar. ¡Qué falta nos hace desconectar para conectarnos con nuestra propia naturaleza!, ¡qué necesario es elogiar la lentitud! Slow food, slow travel, slow... please.