10 nov. 2018

Nuestros


La noche se estira como un acróbata circense: a las cuatro miras el reloj y parece haber pasado media hora desde la última vez que lo miraste hace cinco minutos. Y en este tiempo tan detenido se escucha, al fondo derecho del pasillo, el grito de un señor mayor que pide agua una y otra vez. Casi como un eco le replica desde la otra orilla del pasillo una señora con alaridos de dolor, de pena, o quién sabe si de ambas cosas juntas. 
Nosotros, en este hueco de soledad, libramos nuestra peculiar batalla: llamamos a la enfermera cuando tiembla, le pongo paños húmedos para bajar el estallido febril, le doy la mano y le ofrezco caricias en los peores momentos. Lo arropo o lo destapo, según se sienta, poniéndole siempre un gesto sonriente que esconda mi preocupación. 
A las siete vuelve la enfermera, aquella con la que compartía patio en el colegio, a cambir un gotero. Le decimos que la noche ha debido de ser larga también para ellas a tenor de las quejas de los ancianos, y responde con gesto serio, ese que ponemos los docentes cuando criticamos que se financie la enseñanza concertada en vez de la pública, que: “hay un problema social. Tienen familiares, pero no quieren cuidar de los viejos. Y son los nuestros. Nuestros viejos”. Y sale con gesto de rabia y paso ligero.
Mi padre dormita. No se da cuenta. Le doy un beso.

6 nov. 2018

Bagatelas


Es el atardecer que se contempla desde la ventana de la casa que me habita. Desde el primer día que entré a este salón supe que sería un espectáculo ver desde aquí la salida del sol y su vuelta a casa ahora, a estas horas en las que la tarde cae y todo vuelve a ser cíclico: el baño del niño, la cena, el cuento, a dormir, y es donde comienza el desvelo cotidiano. Qué hacer con esto, con aquello; cómo resolver lo otro... 
Entramos en una cadena de acontecimientos que, a menudo, me hacen no ir más allá del cristal y no contemplar esta maravilla que es el cielo, su luz, sus colores, su discurrir lento, el silencio que se entrevé allá en su horizonte. 
Hay silencio también en esta habitación de ahora, ni siquiera suenan las arias que últimamente me dan su banda sonora: Nessun dorma, Va pensiero, Un bel dì verdremo... Esta tarde silencio por doquier. 
Y deseos de escribir, de teclear emociones: alegría en el trabajo, un proyecto maravilloso que fluye casi sin darnos cuenta, que se va tejiendo con hilos de mucho trabajo, pero también de generosidad, empeño, buen hacer. Coordino a un equipo de gente fascinante. Y las chiquillerías de Darío: su orden meticuloso para alinear los colores, su pasión por descifrar las palabras cuando cuenta tan solo en su haber con cuatro años, su constante fantasía para inventar historias de elefantes, su alegría que ríe y canta y salta llenándolo todo. 
Supe, allá en el 2005, que este salón me vería muchas horas. Me gustó tanto que he dado por él más de lo que valdría en esta vida y la siguiente. Pero estos momentos a solas, de plena contemplación, de unidad con lo que soy y lo que sé, no tienen precio. 





19 sept. 2018

Mirar desde otro ángulo

Desde hace unas semanas voy mirando la vida desde las nubes. Es algo similar a flotar: me rodean la empatía y el agrado, la escucha y el respeto profesional, la ilusión y las ganas de hacer bien las cosas que se hacen... Hay lugares donde, por fortuna, uno "se encuentra". Ese es el Instituto Mariano Baquero Goyanes, donde este año pongo en marcha un nuevo proyecto que tiene como objetivo que los alumnos lean más y mejor. ¡Ojalá hagamos algo hermoso! Como mínimo, lo vamos a intentar. 

15 jul. 2018

“Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, 
agujero en la red del tiempo, 
esa manera de estar entre, 
no por encima o detrás sino entre (...)”.

Julio Cortázar
Prosa del observatorio

4 jul. 2018

Poesía necesaria, música esencial

[Ayer, en mi balcón, leyendo a Pablo Neruda, este poema: "Saudade"]


Y de fondo, esta canción de Buena Vista Social Club, que me deja en la piel esa saudade imposible de traducir, acaso inefable. Cuando la escucho me veo paseando por La Habana, ciudad en la que nunca he estado, pero a la que una vez tuve la tentación de irme, no de turismo, no de viaje, sino para permanecer. Conforma, junto a otros, el mapa de mis lugares más auténticos: los que no fueron. 




24 jun. 2018

Estampas


[Pasillo de mi instituto, 22 de junio de 2018]

Hojeo los periódicos de hoy, salto por titulares que me suenan a mundos hostiles, me detengo en otros que critican actitudes deleznables de los gobernantes del mundo. Y entre todo eso, miro hacia adentro: veo el pasillo desierto; mis alumnos se han despedido de mí y yo de ellos. Caminan hacia otros horizontes, espacios universitarios que los verán formarse en biomedicina, enfermería, matemáticas, informática... y me contemplo en ese largo pasillo vacío, horas antes repleto de almas adolescentes, y sé que acaso mi vida sea un poco así: primero llena, festiva, inquieta, joven; luego, repleta de huecos, ausencias, nostalgias, y algunas estancias, es cierto, tienen esta felicidad sin condiciones, en calma, en paz, que me ofrecen quienes están bordeando mis horizontes. 

Llego a mi casa. Darío me regala la mejor estampa que pueda adornar un corazón tambaleante: su gesto lleno de inocencia, su sonrisa sincera, su mano en la mía, su abrazo despierto. 

Es hermoso ir cargando nuestras alforjas de tanta luz verdadera. Lo escribo, esta noche, aquí, con gratitud. 


[Darío, 22 de junio de 2018]


11 jun. 2018

Para mi ilustre amiga y excelente profesora



Así comienza su dedicatoria a mi  preciado ejemplar de sus Poesías completas un ilustre, él sí, poeta; y una excelente, él sí, persona: mi amigo -qué honor poder llamarlo así- Francisco Sánchez Bautista.   Hoy cumple 93 años, y la vida me ha regalado conocerlo y compartir con él algunos momentos que tengo erigidos en mi pedestal de encuentros memorables, porque de él, de Paco, como le gusta hacerse llamar, siempre se aprende. He tenido la misma sensación cada vez que me he despedido de él: que soy mejor persona tras su presencia que antes. Representa los valores de los que esta sociedad carece por sus cuatro costados: la honestidad, el silencio, el estudio riguroso, el Humanismo (que hace poco reivindicaba ante más de 120 alumnos), el amor a los libros (en papel), el culto a la educación y los orígenes del hombre mismo, el arraigo a la naturaleza, el canto a la lengua que nos nombra y nos cifra, la pintura de la magia. Porque él va más allá de la realidad que vemos, crea unas Memorias de la Arcadia a la par de los clásicos; le da un halo de magia al otoño, que le hace la tristeza inoportuna; a las Tierras de España: campos / yermos donde la vida se soporta / a duras penas; a todos esos hombres que ejercen el milagro de una huerta que alimenta porque ellos Son la arcilla más noble; al Pato Espátula (también llamado Cuchareta) y la Calandria, que emula las grandes fábulas con el tono jocoso que aún hoy, a sus 93 años, se desliza con mirada cómplice cuando lo rememora en la silueta de su sonrisa. 
Paco, Don Francisco Sánchez Bautista, es uno de los grandes, pero él lo vive desde la prudencia: es dado a la amistad sincera, a las cartas manuscritas sin pantallas de por medio, a la conversación sin prisas, a la vida que enlaza con las raíces del ser humano, a la verdad.
Felicidades, poeta: que pases un día con la serena felicidad que nos regala tu presencia.