25 may. 2017

[Fotografía de Juanan Requena: aquí]

 
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas 
 [...]
Mario Benedetti


Cada día soy más consciente de que este es nuestro gran trabajo cotidiano: defender la alegría, porque siempre hay circunstancias, hechos o personas que intentan ahuyentarla de nuestro lado. No lo consentiré: el valor de nuestros actos se determina por las consecuencias de estos. Defiendo la alegría en mi vida porque me la merezco. Como cada cual la merece en la suya. ¡Que no nos vapuleen los fracasos ajenos, las envidias maliciosas, la apatía cómoda, el pesimismo destructivo, la sonrisa ausente, las sombras amargas! Alegría por bandera, humor, y amor.

20 may. 2017

Frivolidades de género

Leo con estupor que la reciente ganadora de un sustancioso premio literario declara en una entrevista reciente que en España aún no hay una Angela Merkel a la que no le importe qué ponerse encima, no pasar por el tinte para esconder sus canas y no meterse un "chute" de botox en cuanto sea necesario, añade que vende más la imagen de una mujer pasando revista a las tropas que la de un hombre y que aún hay esperanza para este país porque hay mujeres muy valiosas... y algunas lindezas más que le han valido, junto a su novela y su imagen chic, ciento veinte mil euros del premio concedido. No he leído nada de esta señora, así que no puedo decir de qué tinte es su literatura según mi criterio (absolutamente personal, ya que es mío solo), pero si el autor -autora en este caso- me dice que la opinión de un personaje público se basa en un 90% en su imagen he de replicar que no, no casi todo está en la imagen: por ejemplo a mí me importa bien poco la cantidad de botox que lleve usted o cualquiera otra (según ella los hombres no necesitan recurrir a estos arreglos) en su cara, prefiero, antes que nada, hacer lo que he hecho esta tarde: teclear su nombre en Google e irme no a sus fotos, sino a una entrevista reciente para saber cómo habla, qué opina, cuáles son sus preferencias en la vida. De momento, así, a priori, no me interesa lo que puedan contarme sus personajes.

Soy absolutamente contraria al feminismo mal entendido: la sensibilidad, el tesón, el esfuerzo, la inteligencia, la capacidad de liderazgo y de trabajo en equipo, el humor, la diligencia en la resolución de conflictos, la organización, el entusiasmo... no tienen en exclusividad nombre de mujer: conozco hombres que bien encajarían en este patrón. Pero queda actual y moderno descalificar (por omisión) al género opuesto y abogar por la mujer porque en nuestra sociedad machista todo nos ha sido arrebatado, y ahora resulta que somos heroínas y estamos empezando a reivindicarlo. ¡Qué daño está haciendo esta postura que inclina la balanza de forma peligrosa! Quiero escuchar que uno no vale más que otro por ser hombre o mujer, sino justamente, por su competencia para desarrollar la función que se le asigne y su habilidad para compaginar todas las facetas de la vida sin perder el sentido del humor. 

Pues eso, frivolidades de género.



17 may. 2017

¿Es usted feliz?



El final de la entrevista que ayer tuve la suerte de ver en Pagina Dos contenía esta pregunta al entrevistado: Daniel Tammet. Era, hasta ayer, alguien desconocido para mí; hoy, sus títulos ya están anotados en mi lista de lecturas imprescindibles porque me cautivaron su sensatez y la sabiduría con la que abordó cuestiones muy relevantes para mí como el fomento de la creatividad en los niños. 

Si a un islandés se le pregunta qué tiempo hace, él responderá que se lo vuelvas a preguntar pasados quince minutos, ya que el tiempo en Islandia es, al parecer, bastante cambiante. Esa fue su respuesta a la pregunta: la felicidad no es algo que "sea", sino que cambia con velocidad. Se "está" o no feliz en momentos concretos. Algo así como el tiempo en Islandia.

¿Es usted feliz? Preguntémonos mejor: ¿estoy feliz ahora? Supongo que es lo máximo a lo que podemos aspirar. Lo demás son quimeras. Elogio del aquí y del ahora, aunque bien es cierto que el recuerdo sosegado también puede proporcionarnos esa anhelada felicidad. Buena lección la de Tammet. 


15 may. 2017

De tu boca

Desde hace unos días a mi hijo le ha dado por pedirnos, tanto a su padre como a mí, que los cuentos de antes de dormir no sean de los libros ilustrados que atesora en su estantería, sino "mamá, cóntame un cuento de aquí, de tu boca". La conjugación irregular de los verbos que él convierte en regular, unida a la idea de que el cuento sea inventado en voz bajita solo para él y con las condiciones que esa noche ponga (un elefante azul, la playa y el cocodrilo...) no dejan de sorprenderme. Me parece alucinante que ya haya descubierto que no hay artefacto más potente que nuestra propia imaginación; pero aún me resulta más curioso el paso que anoche dio: "No, mamá. No se llaman así, son Antonio, Hugo, Blanca y Alba. Y el papá no le dice que lleve la cesta como lo has dicho tú... le dice...". Y corrige mi entonación y lo que dice el personaje del cuento. 
A sus dos años y medio Darío ha descubierto que la creatividad y la fantasía son divertidas, y de ser espectador de los relatos de sus padres se ha convertido en el creador, en parte, de las aventuras de sus personajes favoritos. Acaba de dar el gran salto hacia la creación. 
Me fascina este hecho. Ojalá nunca deje de cultivar esa Fantástica.

7 may. 2017

Quien no siente la ilusión de regalar es que no siente.
Regalar es agasajar, romper el hielo según su etimología.
Hoy, las rosas acompañan a las madres.
¿Una ocasión para los comercios?
Es hermoso reconocer que nuestra labor de 24 horas, por un día, es especial.

7 abr. 2017

En los últimos tiempos siento, cada vez más, que me acerco a la esencia que transmitió Fray Luis de León en su Oda a la vida retirada. Y es que... qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo... Me espanto cada vez que asisto a un episodio de hipocresía, me alejo de las quimeras que engordan el ego del ser humano, me retiro de las batallas que lidian los enmascarados por la soberbia, me voy. A mí una pobrecilla mesa, de amable paz bien abastada me parece el más alto gozo que mis deseos, a día de hoy, desean. Y no creo que vaya por el mal camino: observo y sé que voy acercándome a lo importante.

5 abr. 2017

De repente, soy

"¡Eres guapíííísima!" Nunca un piropo me ha sabido tan dulce como el que anoche, de modo espontáneo, me regaló mi pequeño Darío. Lo dijo porque sí, sin ninguna motivación mientras le ponía el pijama y le cantaba que yo tengo un elefante que se llama Trompita, y mueve la colita... de repente me interrumpió y lo dijo como quien lanza la fórmula mágica que abre la cueva. Me miró atentamente para ver mi reacción, y acto seguido, me sonrió con dulzura. Quizás lo hizo porque se alegraba de estar conmigo después de un largo día en el que no pudimos pasar la tarde juntos por mi interminable jornada laboral; o quizás porque quería arrancar una sonrisa de mi gesto, irremediablemente, cansado. 

Sin ser muy consciente de ello y sin previo aviso, en mi vida, me he convertido en una mujer guapíííísima, pero no solo eso: también en una "princesa rosa". Cada noche, antes de esconderse bajo la almohada para que no lo alcance ningún monstruo que haga"uuuhhhh", se despide de mí con ese título tan alto al que le ha asignado un color que, entiendo, adjudica al género femenino. 

He sido muchas personas a lo largo de mis treinta y tantos, siempre con la misma sustancia, pero diferente; sin embargo, nunca he ostentado cargos ni atributos tan importantes como los que un hijo otorga a una madre.