17/02/2012

Sombras


Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Manuel Altolaguirre



Los colores dependen de la luz que uno ve.

James Joyce






BSO


16/02/2012

Libros prestados


Hay algo especial en un libro impreso que otras veces he defendido en este espacio. La magia de tocar su piel (su papel), el olor que aspiramos cuando es nuevo, la posibilidad de “usarlo”, esto es, doblar sus páginas, subrayarlo atendiendo a premisas y convenciones que uno mismo se pone, darle alas para que vaya contigo allá donde vayas, mirarlo cómplice en alguna plaza mientras el café se enfría y juntos contempláis el devenir de la gente… Un libro es mucho más que un libro: es un excelente compañero.

Si por casualidad llega a nosotros tras haber pasado por otras manos, entonces la lectura adquiere un doble nivel: he comprado libros que entre sus páginas traían alguna historia más increíble que la que llevaba impresa (postales, dedicatorias, recortes de periódico, fotografías, hojas de rosas secas de cualquier tiempo pasado, la humedad de la habitación que los albergó hasta aquel momento, y un largo etcétera que tal vez algún día cuente con más detenimiento).

Lo que hoy me trae hasta aquí está en esa línea: tengo entre mis manos un libro prestado. Yo soy su segunda mano, pero previamente ha paseado sus discursos entre los labios y las líneas de un poeta al que admiro. Y no deja de maravillarme el hecho de leer sus subrayados en color rojo hechos con regla (para no torcerse), porque leer de un escritor lo que resalta de otro siempre es un ejercicio que a una la lleva a más lecturas que las que inicialmente esperaba. ¿Qué ha llevado a mi amigo a subrayar esto: “La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana que cuece los garbanzos en la cocina y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos”?

Me lo imagino cociendo sus versos, contando los garbanzos de sus sílabas, contagiando el amor y el respeto en el uso de cada palabra o cantando amor a la amada ausente, mirándose en el espejo de su propia obra para ver qué aroma refleja el guiso que le da nombre al arte más difícil del lenguaje… Supongo que basta leer uno de sus poemas para comprender el motivo de esa línea roja sobre texto impreso en negro.

García Márquez, a quien corresponde la cita de arriba, me ha llevado más lejos de lo esperado en esta mañana de hoy, de aquí, de ahora.

Poesía visual

15/02/2012

1920 - 2012: la tragedia de entonces, la tragedia de hoy.

Desde hace unas semanas la perplejidad reina en mi interior. Valle Inclán publicó en 1920 Luces de bohemia, un drama en el que a través de la técnica del esperpento refleja la triste realidad del país que habita: un país de vagos, de “charanga y pandereta” que diría Machado, un país hipócrita. Es muy significativo que ponga en boca del sepulturero que está enterrando a Max Estrella, el poeta ciego símbolo de la decadencia del país, esta sentencia:
“En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”.

No me quedo en las líneas superficiales si digo que esto mismo se sostiene en 2012:

- Hace poco hemos escuchado conversaciones telefónicas de políticos regalándose caviar y artículos de firma como premio por el cargo que ostentan, y declarándose amor eterno entre ellos por los favores intercambiados. La sentencia: inocentes. Cinco de los nueve miembros del jurado han considerado que esa forma de hacer política (que es lo que se estaba juzgando en realidad) es lícita. Falta un detalle: el juez que ha desmantelado esa trama de corrupción está inhabilitado de su carrera judicial. Él sí ha resultado ser culpable por haber sacado a la luz los métodos de estos poderosos caballeros. En definitiva, la justicia al revés, deformada, esperpéntica.
- Escucho que las mujeres retrocederemos unas décadas para ejercer un derecho que debería estar fuera de toda duda moral: el aborto. Y no contentos con esa persecución de la que seremos objeto y que atenta contra nuestra libertad de elección, leo que también la señora ministra ha encargado un estudio para saber los efectos secundarios que tiene la píldora abortiva. Suena mal, muy mal. ¿También aniquilarán ese pequeño resquicio de intimidad? En definitiva, la moral mal entendida, deformada, esperpéntica.
- Resulta que si soy un obrero, un empleado (por tanto no tengo empresa ni empresas) y no acato lo que mi jefe ordene (salario, horario, lugar de trabajo, cien mil aspectos más), mi supremo jefe tiene las manos libres –ahí sí hay libertad- para despedirme con una indemnización irrisoria. Es una más de las “perlas” de esta reforma del mercado laboral. En definitiva, el esfuerzo y el trabajo denigrados en aras del enriquecimiento de unos pocos, los menos ricos desprotegidos, el más débil acosado, el pobre poeta ciego, Max Estrella, robado por el más canalla, el esperpento.
- Ayer escuché a unos periodistas declarar que se ha de “vigilar” a todo aquel que esté en la lista del paro porque “hay colombianos, rumanos, marroquíes, etc. que viven en su país y vienen aquí a firmar el control que les hacen, se vuelven a su país y estos extranjeros nos están robando el dinero”. Fue lo que me faltaba por oír. Añadamos a nuestro día a día el discurso xenófobo y tendremos lo que tenemos: una realidad esperpéntica.

Podría seguir, la lista sería muy larga, pero ante este clima de estupor y vergüenza, siento que aún hay que tener esperanza, que algo podremos cambiar, que el sainete de país que estamos dibujando tendrá sus detractores, que este “reflejo grotesco de la civilización europea” (Valle Inclán de nuevo) encontrará un autor que sea capaz de cantarlo para que todos los ciegos abran los ojos y el grito de la sensatez ocupe las plazas de todos los pueblos y ciudades. Esto no se arregla con la rabia contenida, esto solo puede cambiar mediante una revolución del pensamiento: la educación para la ciudadanía, para el respeto, para la moral sin relativismos.

05/02/2012

Wislawa Szymborska


Un hermoso poema de Szymborska a modo de homenaje póstumo desde este halo dominical, desde la tarde gris y fría.


UTOPÍA

La isla donde todo tiene explicación.

Aquí se alegan pruebas irrebatibles.

Sólo hay vías de acceso.

Los matojos ceden bajo el peso de las respuestas.

Crece aquí el árbol de la Hipótesis Válida
con sus desde siempre desenmarañadas ramas.

Junto al manantial de Así Son las Cosas
se eleva luminoso el árbol de la Comprensión.

Cuanto más te adentras en el bosque, más vasto se abre
el Valle de la Evidencia.

Si alguna duda subsiste, la disipa el viento.

El eco toma la palabra sin ser llamado
y solícito descifra los arcanos de los mundos.

A la derecha, una gruta donde yace el Significado.

A la izquierda, el lado de las Convicciones Profundas.
Del fondo emerge, ingrávida, a la superficie la Verdad.

La seguridad inquebrantable domina el valle.
Desde su cima se contempla la Esencia de las Cosas.

Pese a tanto deleite, la isla está siempre desierta
y las huellas de pasos que surcan la orilla
se dirigen sin excepción al mar.

Como si lo propio del lugar fuera partir
y para no volver sumergirse en la vorágine.

En la vida inconcebible.

Wislawa Szymborska, Paisaje con grano de arena.


Su Paisaje con grano de arena llegó a mis manos en un momento en el que en mi viaje personal reinaba la vorágine de la vida, digamos que navegaba hacia los surcos pedregosos de un mar sin fondo.

Llegué a ella como siempre he llegado a todos los poetas que me han calado: por casualidad. Y la viví en noches sin fin, leyendo cada verso y adentrándome en su universo sutil y pausado, entregándome a los significados de “La mujer de Lot” mientras de reojo andaba “Bajo un solo lucero” pidiendo con ella perdón a las heridas abiertas o la esperanza acosada; queriendo creer en su “Autotomía” y en que el abismo no nos escinde, o sabiendo, de su mano, que en un “Encuentro inesperado” también le diría qué agradable encontrarnos después de tantos años.

Me enteré de su muerte como me enteré de su existencia: por casualidad. Y lo he sentido, porque devoré en muchas noches con la única compañía de una luz suave y un ron en el vaso su último libro, Aquí. Y supe que estaría atenta a su nueva publicación, que no vendrá.

La muerte forma parte de la vida, eso dicen, pero yo, que convivo con esa faceta de la no existencia con bastante escepticismo, quiero lamentar su futuro silencio y cantar sus versos, la “Utopía” del mundo que soñó: las Hipótesis Válidas, la Comprensión, el Valle de la Evidencia, la superficie de la Verdad… Porque no querría vivir en un mundo donde la evidencia me pusiese sobre la mesa las pruebas de una mentira. Porque en el mundo utópico, yo, como ella, valoro la Esencia de las Cosas y eso solo tiene el color de lo diáfano, como la huella en la nieve. Ojalá la "Utopía" llegue algún día a ser realidad, y entonces su poesía será el himno.

25/01/2012

¿En qué punto de la vida dejamos de ser quienes fuimos?

Llevo más de una semana observando muy atentamente el comportamiento de un grupo de treinta niños de quince años. Uno de sus compañeros, amigo, está enfermo. La reacción que todos han tenido ha sido ejemplar: son prudentes (no preguntan demasiado porque intuyen que han de respetar unos tiempos y el silencio de sus profesores), entre ellos se miran y saben que han de estar ahí apoyando a su amigo, aportan ideas y dinero (algunos más del que se acordó) para hacerle un regalo, se ilusionan con la tarjeta de ánimo que le van a hacer llegar, le escriben mensajes de apoyo y de amistad sincera... Y todos juntos, de manera unánime, se prestan voluntarios para ayudar en cuanto sea necesario por su compañero. Los he visto presentar un laborioso trabajo poniendo su nombre cuando él ha estado ausente, los he visto cabizbajos murmurando que no podía ser verdad que era algo grave, los he visto silenciosos (cuando siempre están hablando) afrontando como personas adultas la gravedad de un hecho. Y los he visto darle la vuelta a la preocupación de todos con positividad, con energía, con ilusión.

Esta tarde, mientras volvía de comprar el regalo que entre todos -compañeros y profesores- le vamos a hacer, un portátil para que pueda conectarse a internet y hablar con todos sus amigos desde casa, he pensado que estos muchachos crecerán, se harán adultos, saldrán a la vida, serán peluqueros, veterinarios, maestros de educación física, enfermeros, médicos, constructores, arquitectos... Y me asalta la duda: ¿en qué punto de la vida dejan de ser quienes ahora son para convertirse en Urdangarines? ¿En qué momento, qué sucede, qué conexión se establece en sus mentes para que lleguen a cobrar millones en negro, a olvidar que un día tuvieron 15 años y que aquella vez fueron amigos, compañeros y excelentes personas?

Ojalá ese momento no les llegue nunca, ojalá siempre sean lo que estos días han demostrado ser: buena gente, la gente que es verdaderamente importante en la vida.

Y este vídeo...


17/01/2012

La vocación

En la vida, cada uno se dedica a lo que quiere y otros muchos a lo que pueden. En una conversación reciente mi interlocutor afirmaba que la llamada vocación podría definirse como el hecho de querer ir al trabajo aunque no te paguen. Mientras yo estoy tecleando este post y mi cabeza divaga pensando en qué será o qué no será ese "amor al trabajo", un equipo de cirujanos opera a un joven paciente desde primera hora de esta mañana. Es una intervención quirúrgica complejísima y no sé bien si alguna vez ese grupo de hombres y mujeres se habrá planteado qué es este concepto que ahora traigo hasta estos halos; sin embargo, siento que lo que están haciendo hoy y lo que hacen cada día es una labor impagable, un ejercicio de generosidad que no está contemplado en ninguna de las palabras que conozco, ni siquiera “vocación”.

10/01/2012

"Sauce ciego, mujer dormida", Haruki Murakami


La obra es una colección de veinticuatro cuentos en los que fascina al lector el extrañamiento del que parte la historia y la sutileza con la que se resuelven los conflictos de los personajes. Al hablar de sutileza quiero, en realidad, aludir al estilo depurado y elegante que define los comportamientos de los personajes ante una situación inesperada. La línea de unión de casi la totalidad de los relatos podría ser la de la aceptación de ciertas realidades que extralimitan los confines de lo habitual. Se trata de una especie de “realismo mágico” (entendido como la incursión de lo fantástico dentro de la cotidianeidad) pero que en Murakami cobra una paz inusitada, algo innovador si lo comparamos con la tradición cuentística hispanoamericana. En Sauce ciego, mujer dormida se aprecia un acercamiento a la cultura zen: el valor del silencio, de la contemplación, del proceso sin esperar la meta, de la casualidad, de lo imprevisto como una parte más de lo que podría denominarse “normal”.

He aprendido de los personajes de Murakami mucho más de lo que incluso ahora soy capaz de calibrar: la mujer que se sienta cada día a contemplar las olas que se han tragado a su hijo, los cuervos que destruyen todo aquello que no sea exactamente lo que esperan encontrar, el vacío que cobra entidad propia cuando alguien desaparece del lugar que previamente habitaba, lo inasible, la incomunicación, el miedo, el destino…

Tenía este libro desde hace años y había esperado un momento adecuado para acercarme a él con la calma que precisan las lecturas que tú sabes que te aguardan, esas lecturas que esperan ser acariciadas para que les devuelvas algo que te entregaron ya, previo incluso al momento de la lectura: diría que son lecturas con amor.

Para finalizar, quiero transcribir algunas citas que ya están convenientemente subrayadas y cuyas páginas quedan dobladas por la esquina inferior (en una entrada anterior expliqué este sistema mío), y que son un indicio de cuanto pretendo transmitir:

“Un número significativo de fenómenos curiosos han dado una nota de color a mi modesta vida. ¿Me he puesto por ello a analizarlos activamente? No. Me he limitado a tomarlos tal cual venían y a seguir viviendo con completa normalidad”. Viajero por azar.

“- Si te encuentras con que tienes que elegir entre una cosa que tiene forma y otra que no la tiene, elige siempre la que no la tiene. Ésta es mi norma. Siempre que he chocado contra un muro la he seguido, y creo que a la larga me ha dado buenos resultados. Aunque haya sido duro en el momento de aplicarla”. Viajero por azar.

“Aún después de que la luciérnaga hubiera desaparecido, el rastro de su luz permaneció largo tiempo en mi interior. Aquella pequeña llama, semejante a un alma que hubiese perdido su destino, siguió errando eternamente en la densa oscuridad de mis ojos cerrados. Alargué la mano repetidas veces hacia esa oscuridad. Pero no pude tocarla. Aquella tenue luz quedaba siempre más allá de las yemas de mis dedos”. La luciérnaga.

“A veces entraba en aquella habitación y permanecía allí, distraído, sin hacer nada. Durante una o dos horas se quedaba sentado en el suelo, con la vista clavada en las paredes vacías. Allí estaban las sombras de las sombras de la muerta. Sin embargo, con el paso del tiempo dejó de poder recordar lo que antes había en el cuarto. El recuerdo de aquellos colores y olores se fue borrando. Incluso la emoción tan viva que un día lo embargó reculó fuera del reino de la memoria, como si se hubiera acobardado. Los recuerdos fueron cambiando de forma despacio, como la neblina agitada por el viento, y cada vez que cambiaban de forma iban palideciendo un poco más. Ahora eran ya las sombras de las sombras de las sombras. Lo único que aún podía percibir era la sensación de pérdida dejada por algo que había existido. A veces ni siquiera lograba recordar con claridad el rostro de su esposa”. Toni Takitani.

“- ¿Sabes, Junpei? En este mundo, todas las cosas tienen sus propios designios- le dijo en voz baja, como si le hiciera una confesión. Junpei estaba medio dormido. No pudo responder. Las frases que ella pronunciaba perdían su estructura en el aire y, mezcladas con el aroma del vino, alcanzaban furtivamente los recovecos de su conciencia-. El viento, por ejemplo, tiene su voluntad. Nosotros vivimos sin darnos cuenta de ello. Pero, a veces, nos vemos obligados a advertirlo. El viento te envuelve impelido por sus propios propósitos y te sacude. El viento conoce todo cuanto hay en tu interior. Y no sólo el viento. Todas las cosas. Incluso las piedras. Ellas nos conocen muy bien. De arriba abajo. En ciertas ocasiones, nosotros lo recordamos. No tenemos otra solución que convivir con todo ello. Y, al aceptarlos, sobrevivimos y ganamos en profundidad”. La piedra con forma de riñón que se desplaza día tras día.