26 ene. 2014

Con Emma

¿Acaso no debía, antes bien, un hombre saberlo todo, destacar en múltiples actividades, iniciarla a una en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida y en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. Creía que ella era feliz; y Emma le guardaba rencor por esa tranquilidad tan firme, por esa cachaza tan serena, e incluso por la felicidad que ella le daba.
La Señora Bovary, G. Flaubert
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia 


Tengo por delante más de dos horas: solas tú y la mesa de madera, los lápices afilados, los libros dispuestos en orden, el folio en blanco y el cursor parpadeando. La Señora Bovary está a mi lado; también todas las anotaciones de La orgía perpetua. He leído (de nuevo) estas semanas ambas obras, y ahora es el gran momento: ahí van las primeras líneas de mi ensayo. Es algo parecido a la magia, porque de la nebulosa de ideas que se atropellan en tu mente hay de repente una ilación que encadena una tras otra y cobra forma definida y orden preciso.

Esta novela es especial para mí por varios motivos que no vienen al caso. Puedo decir que me fascina el personaje que es Flaubert, me parece Arte la minuciosidad y la precisión de los vocablos, la elección del tempo de cada escena de la novela... Es el placer del lector: saborear cada palabra y cada párrafo sabiendo que un pretérito perfecto simple no indica el mismo pasado que un pretérito imperfecto. 

Hacía semanas que buscaba una mañana de sol para compartirla con Emma, Charles, Rodolphe, Lèon, con las confesiones de Flaubert a Louise Colet, con las traducciones de la obra que modifican el sentido de algunos pasajes... es hilar fino, ¡y qué placer!

A veces, escribir es tan intenso como vivir: todos somos un poco quijotes. Así lo declara el narrador cuando nos deja ver la mente de Emma mientras redacta la carta para su amante:

Pero, al escribir, intuía a otro hombre, a un fantasma hecho con sus recuerdos más ardientes, sus lecturas más hermosas, sus concupiscencias más fuertes; y acababa por volverse tan auténtico y tan accesible que la dejaba palpitante y maravillada, aunque no pudiera, pese a todo, imaginarlo con claridad, pues se perdía, como un dios, tras la abundancia de sus atributos.

Flaubert es infinito, tanto como Cervantes: una odisea interpretativa, un viaje más allá de Ítaca.


19 ene. 2014

Proyecto



A veces te pones a teclear por el simple hecho de escuchar el sonido mecánico de los dedos sobre la superficie lisa y suave del portátil, por la añoranza de escribir. Hace días que querrías alimentar tus halos; sacas fotos del cielo camino del trabajo y te fijas en las nubes, en los fantásticos colores del amanecer, intensos, a veces de un rojo que pareciera que algún dios lejano y presente llora. Piensas que esa canción que ahora escuchas ilustraría muy bien unos versos trazados al vuelo ¿Cabe el tiempo en unas cajas?/ ¿Qué llaves de acero abren/ todas las puertas cerradas? y que has de trabajar para convertir en poema. Pero enciendes la pantalla y sobre el escritorio hay cinco documentos urgentes que has de esculpir, mimar, completar, ampliar, y que van engrosando tu tesis doctoral, esa vieja amiga que acaso no concluyas. Al mismo tiempo recuerdas que querrías darle unos textos del Romanticismo que te emocionan y que, bien lo sabes, a esos diez alumnos les hará levantar la vista del papel y suspirarán. Así que te pones a ello. Y al mismo tiempo el paté de queso que acabas de elaborar ya empieza perfumar con su aroma el pasillo de la casa. Tengo hambre. Me llama una amiga para avisarme de que en diez minutos llegan ella y su hijo a casa un ratito. A estas alturas ya sabes que los documentos seguirán esperando, que los halos te aguardarán pacientes, que las imágenes seguirán sin revelar dentro del móvil en una especie de limbo, y los versos estarán dentro de tu mente convirtiéndose en endecasílabos y heptasílabos, o permaneciendo así, o añadiendo y quitando después. Y así pasa el domingo, y pasan los días… Quizás vivir no sea más que un proyecto.

15 ene. 2014

Esta sombra sutil entre la luz



[Imagen tomada de  
http://al-tren.blogspot.com.es/2011/05/negras-sombras.html]


El año nuevo ha llegado cargado de buenas noticias y giros vitales que hacen rodar el mundo flotando, brotan las cotidianeidades que agradeces porque descubres que son anclajes a la paz que siempre buscaste, aparecen efímeras ilusiones que le ponen la sal al día a día, se resuelven trámites burocráticos sin grandes esfuerzos... 
En todo ello vuelo desde hace casi un mes con una sonrisa por firma y un optimismo desacostumbrado. Pero resulta que hoy, al llegar a casa, se ha extendido una sutil sombra en mí. Acostumbro a escuchar un debate político mientras cocino (lo utilizo como excusa para bajarme de las nubes y pisar el suelo). Estaba preparando unos spagetti alla putanesca acompañados de pan de ajo, receta de Jamie Oliver. Además he pensado que, como postre, haría un bizcocho de chocolate (esta vez con receta de mi amiga Mariana) y que ha salido, por cierto, muy rico. Total... que andaba entre aceitunas negras, anchoas, tápenas, tomates, ajos, pan, horno, sartenes, bol, azúcar, sal, chocolate, levadura, etc., cuando escucho, de pronto, la noticia de la muerte de Juan Gelman. Y me ha asaltado una tristeza repentina, de esas que uno tiene cuando siente que se despide de este aire alguien a quien ha sentido cercano durante mucho tiempo (algo similar a lo que me ocurrió cuando murió Saramago, José Luis Sampedro...). No sabría decir muy bien el motivo, pero he leído los poemas de Gelman, también algún libro ya descatalogado, y siempre ha habido algo, una palabra al menos, que me ha conmovido. He pasado ciertas noches de insomnio con él. Y hoy tenía que traer a mis halos su luz inconfundible:

basta no quiero más de muerte
no quiero más de dolor o sombras basta
mi corazón es espléndido como una palabra
mi corazón se ha vuelto bello como el sol
que sale vuela canta mi corazón
es de temprano un pajarito
y después es tu nombre
tu nombre sube todas las mañanas
calienta el mundo y se pone
solo en mi corazón
sol en mi corazón

***

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres por la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.


Juan Gelman