23 dic. 2013

Cada género en su momento

Anoche, al dar las tres de la madrugada, me levanté: el insomnio es algo que sucede de cuando en cuando. Si das diez vueltas sobre ti mismo y los pensamientos van más allá que el cansancio, sabes que te espera un tiempo a solas con la noche para recostarte a lo largo de la infancia perdida, de los paisajes habitados, de los anhelos inciertos, y vas masticando silencios y pasos perdidos.
En esas estaba anoche, a las tres de la madrugada, cuando intenté ocupar los minutos y minutos y minutos, buscando el abrazo de un libro. Me costó decidirme. 
Entonces me di cuenta de que cada género tiene su momento.
El teatro es para los momentos sublimes porque no se lee teatro: se actúa. Para mí teatro es sinónimo de estar sobre el escenario, en la piel de otra, con el calor del público, con la tensión en cada arteria, con el aliento sostenido en todas las vidas que nunca viví. Porque yo siempre quise ser actriz de teatro... es, como se dice en italiano, mi sogno nel cassetto.

Amor y muerte en Berlín , CAES (Torrepacheco), 2008

La novela es un deleite pausado, porque las historias largas son para cuando uno tiene un largo espacio de tiempo a la vista, y así me vi de nuevo en el verano y  en las largas tardes pasadas con la pluma de Galdós, con el sol en la piel en la casa de la huerta de mis padres; o en la isla aislada del mundo cincelando la arcilla de La caverna de Saramago. 


Así que anoche llegué a la conclusión de que tenía que refugiarme en la poesía. Eché la vista atrás y me di cuenta de que siempre que tengo insomnio acabo leyendo poesía porque solo desde la fuerza del verso puedes sentir la catarsis de la angustia, de la rabia, de la duda, del destino, del qué fui y qué seré, de la melancolía... y de todos esos sentimientos que a una le quitan el sueño. La poesía es una punzada, es un puño cerrado en las entrañas, es algo más fuerte que tus propios pensamientos. Tengo compañeras inseparables: Alejandra Pizarnik, Wislawa Szymborska, Idea Vilariño, Chantal Maillard... y también ellos me llevan de suspiro en suspiro: Constantino Kavafis, Pedro Salinas, García Lorca, Gil de Biedma, Leopardi, Pessoa, Pavese, Montale... 

 La mirada de la que fui

Cada momento, sus palabras. He aquí una breve selección:

Otro, ser otro siempre,
viajar, perder países,
vivir un ver constante,
alma ya sin raíces.

Ir al frente de mí,
ansia de conseguir,
ya sin pertenecerme, 
la ausencia de seguir.

¡Viajar así, qué viaje!
Sólo en sus pensamientos
mi pensamiento viaja:
el resto es tierra y cielo. 

Fernando Pessoa

* * *

Una lucecita, candela movida por el viento, 
que nos guíe y devuelva el esplendor.

Ezra Pound
* * *

                                                       ahora
en esta hora inocente
                                                      yo y la que fui nos sentamos
                                                      en el umbral de mi mirada

Alejandra Pizarnik

* * *

Hoy es 23 de diciembre (casi 24), así que aprovecho el post para felicitar a mis cuatro asiduos lectores unas felices fiestas, y también a quienes lleguen por casualidad al halo azul. 
Feliz Navidad y próspero 2014... 
¡lleno de palabras!




5 dic. 2013


 




hay días en los que hasta el cielo se rompe
y aparenta ser un mosaico destruido
donde uno no sabe dónde encajar cada pieza

* * *

1 dic. 2013

Infierno

[Sol Lewitt, Curved Bands, 1996]
 

Hay versos (igual que hay ciudades o vacíos) 
que no nos abandonan.
A mí me ocurre con este fragmento del Canto V 
de la Divina Comedia de Dante Alighieri.
Su lectura en voz alta siempre es 
un viaje de salvación de la mano de Virgilio. 
Declamas esta música y te balanceas en la cadencia del verso, 
en el instante, en la ola, y finalmente, 
en el silencio.
¿Habrá, más allá, un Paraíso?


Amor, ch’a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m’abbandona.

Amor condusse noi ad una morte.
Caina attende chi a vita ci spense».
Queste parole da lor ci fuor porte.

Quand’ io intesi quell’ anime offense,
china’ il viso, e tanto il tenni basso,110
fin che ’l poeta mi disse: «Che pense?».

Quando rispuosi, cominciai: «Oh lasso,
quanti dolci pensier, quanto disio
menò costoro al doloroso passo!».

Poi mi rivolsi a loro e parla’ io,
e cominciai: «Francesca, i tuoi martìri
a lagrimar mi fanno tristo e pio.

Ma dimmi: al tempo d’i dolci sospiri,
a che e come concedette amore
che conosceste i dubbiosi disiri?».120

E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa ’l tuo dottore.



22 nov. 2013

¿Y si no somos artistas?

La ceguera
3 de Agosto de 1977

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo.

Jorge Luis Borges
Siete Noches


20 nov. 2013

Un cuento, dos cuentos

A María José

 Durante la sobremesa de una comida muy especial, me encontraba relatando mis escasas aventuras de niña a un auditorio formado por un buen grupo de amigas. Yo siempre fui miedosa y preferí recluirme en las historias que inventaba que vivirlas en la calle de mi pueblo, junto a otros niños: escogí la soledad en vez de las multitudes y elegí el mundo de la fantasía en vez de la realidad. Entre cafés y dulces reíamos animadamente, después de una comida de “autora” (¡nuestra anfitriona lo hace todo bien!, ¡qué mujer!) y las carcajadas fluían solas al comparar mi cobardía con las acciones trepidantes y peligrosas de las otras comensales. Por esas etapas discurríamos cuando una de ellas me dijo: “¡oye, te pareces al cuento de la princesa y el guisante!”. La miré sorprendida y aún lo estoy hoy. De toda la cuentística de la tradición popular acertó en la elección: La princesa y el guisante estaba recogido en una antología de cuentos que mi tío tenía (y tiene) en la biblioteca de su casa. De niña me moría de ganas de irme a aquel rincón para jugar con mi prima (siempre fuimos cómplices), y pasaba allí todas las noches de Reyes Magos, lo que significa que mi primer regalo del año pasaba por leer ese cuento una y mil veces, hasta que llegaba al séptimo colchón y allí estaba el guisante y aquella era la verdadera princesa, la elegida por el príncipe… Y así repetía la lectura, viviendo la prueba una y otra vez, esperando que llegase el conocido final feliz.

Hoy observo callada con nostalgia a aquella niña sentada en una vieja mecedora que aún sigue ocupando su puesto en la casa de mi tía junto a la estantería donde habitan los libros (en los últimos años cede su sitio para dejar espacio a un gran árbol de Navidad, entonces en mi familia no existía esa costumbre, sino la del belén); la veo con su pelo recogido en una eterna trenza, allí está, balanceándose con los pies colgando sin alcanzar el suelo, y buscando con expectación la consabida página donde empieza su cuento. Se aísla de todos, ella y las palabras, mientras a su alrededor deambulan en los trajines navideños la prima, las amigas de la prima, la tía, los abuelos… y ella lee sin cesar línea tras línea hasta llegar al final. Después, pasa de largo por dos cuentos y se detiene: ahí está La niña de la caja de cerillas, y siente el mismo frío de la protagonista en sus manos, enciende otra cerilla, (¡sí, enciéndela y caliéntate!- le grita en silencio), y otra más, y así hasta que se agotan las cerillas. Sabe que la niña ha muerto, pero quiere pensar que no es así, que está en un mundo mejor. Y la prima llega correteando, le dice que deje ya el libro, que abajo las esperan para ir a la cabalgata porque ya han llegado los Reyes Magos al pueblo, y entonces devuelve el libro azul a su hueco del estante, al lado de ese granate con las letras doradas que le dibujan un lomo majestuoso, y se despide cómplice de él hasta muy pronto, sabiendo, como sabe, que su regalo, el mejor, acaba de acariciarlo.

Estos días no he dejado de darle vueltas a este libro, a esos dos cuentos, a aquella niña que desapareció bajo siete colchones tras la luz tenue de unas cerillas, a esta mujer de hoy que mira de reojo a la realidad mientras se instala en el país de la fantasía. Pensándolo bien, no hay tanta distancia: todos somos, casi, lo que fuimos. Los matices solo los dan las páginas transitadas, los caminos no recorridos.

18 nov. 2013

Con o sin motivo







¿Acaso es tiempo mal gastado el que se emplea en vagar por el mundo?
Don Quijote

Esta mañana he vuelto a sentir ese algo inefable que me habla susurrándome en los adentros y me dice que ya es hora de coger la maleta y montarme en el primer tren que pase rumbo a ninguna parte. Ya intuí algo el otro día cuando, camino del centro de la ciudad, tuve que esperar a que pasase el tren. Detenida en el borde de la vía, noté el escalofrío: hubiera preferido estar en el estómago de la ballena que navegaba por los raíles que fuera, contemplando cómo se escapaba ajena a mí, a otro espacio tan distinto al mío, rumbo a otra vida. Es una sensación constante con la que vivo y que me hace sentirme, cada cierto tiempo, fiel a mí misma: de repente, sin ningún motivo (al menos aparentemente, quién sabe si habrá algún motivo para todo) siento que quiero viajar, moverme de donde estoy, no instalarme en la cómoda quietud, respirar otros aires. Esas ganas de volar son innatas a mi yo: no sé ser sin el deseo de no estar permanente en parte alguna; sin embargo, vivo anclada a una mesa con un ordenador, a un trabajo diario, a una casa con sus paredes. Es el eterno conflicto que muy bien vio Cernuda (por poner un nombre) entre la realidad y el deseo. En cuanto publique este post, me pongo a buscar un billete para cualquier lugar. Tengo ganas de vagar por la cuna de la civilización occidental (que es lo mismo que decir Grecia) y rememorar los pasos de Ulises… demasiadas ganas.

12 nov. 2013

El circo de la memoria




Hay que pasearse por estas páginas, por este hilo de memoria, tiempo, recuerdo, olvido... y divagar para encontrarse.

http://www.elcircodelamemoria.com/ 

5 nov. 2013

Tarde de domingo



Para los griegos no había diferencia entre la idea y su vestidura, entre el ser y el parecer. «Apropiarse de la belleza», uno de sus principales propósitos, era una norma ética, no sólo estética.
Javier Reverte, Corazón de Ulises


Y así se me fue el domingo... entre líneas, pueblos y barcos que me llevaron hasta la Grecia de Ulises. Aún es martes, y ya espero la nueva tarde que me conduzca hasta otros paraísos nunca pisados por mis pies. La literatura de viajes, en ocasiones, puede hacerte navegar hasta el punto de olvidarte del día a día que se obstina en tornarse un territorio plagado de piedras. 

29 oct. 2013

Algunas cosas buenas



Es cierto que, con demasiada frecuencia, uno tiende a ver solo el lado malo de las cosas, ese filo punzante que hiere de forma sutil sin apenas notarlo de inmediato, pero que va, poco a poco, conformando una herida.

Es mejor poner el cielo boca abajo, levantarse del suelo, mirar con agrado la tormenta que amenaza el cielo de esta noche, abrigarse del frío y, mientras suena Lou Reed, mirar el otro filo, el que no te hace daño.

Y así, en estos últimos tiempos, puedo contar algunas cosas buenas: tuve buenas noticias de alguien a quien aprecio que lidia con una enfermedad y que gusta firmar con trazos de una nube; uno de mis alumnos (uno de esos que salvarán este mundo) ganó ayer un concurso después de prepararlo durante muchos huecos; hoy he brindado con mi amiga (mi buena amiga Maite) porque cumple uno más; esta noche cocinaré para mi hermana, con quien comparto charlas y algunas otras cosas que nos tienen unidas; y, si me esforzara, aún podría seguir…

De repente siento que el polvo puede ser, fácilmente, llevado por el viento. Basta con soplar. 


23 oct. 2013

En el primer día de mis 34



EL POZO SALVAJE

Por más que aburras esa melodía
monótona y brumosa de la vida diaria,
y que te amansa;
por más lobo sin dientes que te creas;
por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu;
por más orden con que hayas decorado las paredes,
por más edad que la edad te haya dado,
por muchas otras vidas que los libros te alcancen,
y añade lo que quieras a esta lista,
hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo,
un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte.
Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas.
En sus aguas dudosas
reposa desde siempre lo que no está dormido,
un remoto lugar donde se fraguan
las abominaciones y los sueños,
la traición y los crímenes.
Es el pozo de lo que eres capaz
y en él duermen reptiles, y un fulgor
y una profunda espera.
Es tu rostro también, y tú eres ese pozo.

Ya sé que lo sabías. Por lo tanto,
acepta, brinda y bebe.

Carlos Marzal, Los países nocturnos


7 oct. 2013

Mal, muy mal vamos...

[Imagen tomada de www.automotivedoctors.com]


Dice Flaubert en una de las cartas que conforman su correspondencia: “Después de todo, mierda. Con tan poderosa palabra puedes consolarte ante todas las miserias humanas, razón por la cual disfruto repitiéndola: mierda, mierda”.

A una le entran ganas de repetirla con ahínco después del episodio que me ha sucedido esta mañana.

He ido al instituto y he dado cuatro clases lectivas como manda mi horario, eso sí, de la manera que he podido: he tenido a los muchachos en sus asientos trabajando sin poder resolverles dudas ni explicarles nada porque me he quedado completamente afónica y con una tos que me ahoga. He de decir que al verme así se han portado de maravilla (que no es lo normal…). En el transcurso de la cuarta clase no me he podido resistir y he intentado aclarar algunos aspectos de la Divina Comedia y de su célebre Canto V (Infierno), mientras una alumna leía en voz alta esos versos de Dante en los que Paola confiesa que nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria. En esto me ha venido un golpe de tos que casi me hace vomitar ante mi auditorio que, presto, ha acudido a mí con agua y caramelos.
Una hora más tarde estaba sentada delante de un médico de cabecera que, amablemente, ha dejado de hablar con su colega para atenderme en una consulta sin secretaria, sin pacientes en espera, sin nadie más que el amigo y yo. Tras mirarme la garganta y auscultarme el pecho me ha medido la “saturación” recriminándome llevar brillo en las uñas porque si una se las pinta el aparatito no funciona. Yo, silenciosa, no he dicho nada. A los tres minutos estaba recetándome antibióticos, jarabes, mucolíticos y algo más que no logro descifrar. Al mismo tiempo me ha preguntado por mi trabajo. Le he dicho susurrando que soy profesora de Lengua y Literatura y él, con tono serio y con gesto de superioridad, ha soltado el papelito que estaba preparando para proporcionarme una baja de unos días a la espera de mi cura y me ha dicho: "¡Ah, entonces eres de los que no trabajan!". Me ha alargado la receta con la medicación y me ha despedido para volver a charlar con el colega que esperaba en la puerta.

Ni resignación, ni cabreo, ni malestar: pena, pena por la falta de reconocimiento a un trabajo, el mío, que es de suma importancia. Pena por los millones de seres que piensan como él. Y entonces me he acordado de la frase de Flaubert y mascullando para mis adentros he dicho, con parsimonia, mierda…

26 sept. 2013

El hueco

 El sábado pasado volví, tras muchos meses, a la casa del pueblo de mis padres. Pasados unos minutos sentí un acceso de nostalgia que me llevó directamente a mi habitación: allí está la cama, intacta, con su pañuelo juvenil colgando del cabecero y el delfín azul en medio de esta; al lado, muy cerca, la cama de mi hermana, vacía. Sentí que más que el vacío predominaba el hueco de la ausencia. Volví a acariciar los libros que aún presiden la mesita de noche (he vuelto a comprar algunos de ellos para no moverlos de ahí, de donde deben estar); abrí los cajones, destapé la colcha para tocar la almohada, con el tacto igual que siempre, con la blandura acostumbrada. Ese rincón de mi vida me ha visto muchas horas despierta, aunque sería más correcto decir “soñando despierta”.
Al marcharme, fotografié la luna que presidía la silueta de la parte antigua del pueblo, con una plaza en lo alto que preside el mapa de mis recuerdos. Por unas horas fui consciente de todo lo que fue y también de aquello que no fue, de lo que el tiempo tejió entre sus hilos y ya no es más que materia de melancolía. Y así es como el sábado fui quien siempre he sido: quien sueña, quien llora, quien ama, quien recuerda, quien vive. Es la magdalena de Proust, es el olor a las almendras amargas de García Márquez; es el fino hilo que tira de la memoria para restaurar el éxtasis de otros tiempos. En el fondo, tal vez, no seamos más que memoria amarilla. 

16 sept. 2013

¡Tierra, tierra!




Oler, tocar, saborear la Tierra, sus frutas y sus carnes, saciarme de olores y colores, ver los océanos y sus orillas lejanas, donde habitan hombres salvajes (…). Ver las orillas movedizas de la Vida, única e indescifrable, ver los cuatro puntos cardinales. Ver lo que vio el joven marinero desde el puesto de vigía de la carabela de Colón cuando, al alba, se puso a gritar, con voz ronca y excitada: ¡Tierra! ¡Tierra!... A lo mejor ese marinero vive eternamente dentro de todos nosotros, en cada ser humano, sólo que a veces se queda dormido en su puesto.
Sándor Márai, ¡Tierra, tierra!


Es una pena que la novela de Márai llegase a mis manos justo al regreso de mi viaje a Budapest, aun así la leí con auténtica emoción después de saber que su autor no volvió jamás a su patria después de 1948, y que solo evocaba los sabores de esta a través de la lengua húngara.
Este y otros muchos pensamientos acudieron a mí como una lluvia sin tamiz ayer por la tarde cuando terminaba la labor de jardinería que mi minúsculo balcón me permite: transplantar un par de plantas a tiestos más grandes.
Este simple gesto fue suficiente para convencerme de que el contacto con la materia hace que esta hable, porque cada material tiene su lenguaje que se traduce en textura, olor, densidad, color…: al hundir los dedos en la tierra, al enterrar las raíces de las plantas en ella, sentí que volvía a saborear el anhelo del viaje expedicionario, el olor a la literatura telúrica (Rebeca, esa niña que come tierra en Cien años de soledad; el territorio de Luvina de Juan Rulfo…), el juego de la infancia mezclando este elemento con agua, la encina de cinco centurias que flanquea la casa de campo de mis bisabuelos, mi propio arraigo a la tierra...
Así que, a veces, una labor que pudiera parecer “simple”, hace que uno hable con el mundo: no hacen falta grandes conversaciones, basta con escuchar la Naturaleza para darse cuenta de que la tierra también tiene un lenguaje propio, aunque para escucharlo haya que estar despierto. Conviene echarse al mar de cuando en cuando para poder regresar con los oídos abiertos.

2 sept. 2013

Año nuevo



Cuando llega esta fecha siempre aflora en mí idéntica emoción: comienza un nuevo año. Desde que piso los centros educativos (todo comenzó cuando contaba con tres primaveras), mis tiempos vitales se han estructurado en torno a los cursos académicos, de igual modo mis recuerdos se clasifican así: preescolar fue el año en el que aprendí a unir puntos que se transformaban en letras; Dª Ascensión, la maestra, me tiró de la sogueta (término que no recoge el diccionario pero que se utilizaba como sinónimo de trenza) cuando hice un punto muy grande en  la sin par competición con mi compañero de pupitre y que tuvo como consecuencia la rotura del papel; en 1º de EGB aprendí aquel trabalenguas de si Pancha plancha con cuatro planchas, ¿con cuántas planchas plancha Pancha?; y así podría seguir…
Ayer, mientras volvía sola conduciendo en el espacio más mío que conozco (mi coche) y donde siempre tomo las decisiones importantes, iba haciendo balance de este año que ha pasado y casi sentí un atisbo de alegría. No he tenido grandes contratiempos (mis habituales dolores de espalda que me acompañan desde hace seis años, algún que otro malentendido en el trabajo, alguna decepción –siempre pienso que el hombre es bueno por naturaleza…-). Por el contrario, he recibido muchas noticias felices: buenas amigas han visto satisfecho su deseo de convertirse en madres; alumnos –pocos, eso sí– han aprendido ciertas cosillas esenciales que no están en ningún libro de texto; páginas y páginas que han pasado por mis manos y con las que he vivido momentos apasionantes… Siempre la literatura me lleva de la mano.
Comencé el verano aislada: ningún sitio mejor para hacerlo que una isla. No diré paradisíaca (es una expresión desgastada después de tanto folleto turístico), pero sí muy agradable y tranquila. Busqué un alojamiento al borde de un pequeño acantilado, de forma que la banda sonora del pequeño estudio era el rumor del mar. Con ese escenario y La caverna de Saramago pasé unos días relajada, pensativa… tanto que incluso me entró la vena creativa y tuve la osadía de escribir un relato que comienza así: “Cada palabra tiene un aliento, un ritmo, un silencio. Anna estaba convencida de ello”. 









Después regresé al origen: al pueblo que me vio nacer. He tenido tiempo de vivir el día a día en la casa de mis abuelos que antes fue de mis bisabuelos y que ahora regentan mis padres. Cuando uno pisa las huellas del recuerdo del propio yo encuentra emociones antiguas, renovadas nostalgias. Vi caer una larga lluvia de Perseidas, y mirando largamente el cielo volví a tener la certeza de que la luna es idéntica desde todas las partes del mundo. Después me han ido acompañando Italo Calvino, Leon Tolstoi, Haruki Murakami o Pérez Galdós. Entre línea y línea he visto a amigos, viejos y nuevos; he hablado largos ratos con mi abuela que ya tiene ochenta y dos años y a la que adoro en toda la extensión de la palabra (como diría un personaje galdosiano); he explorado algún rincón perdido y he vuelto a reconciliarme con ciertos lugares que desde hace más de cinco años andaban en mi mapa de desdenes.
Es por ello que mañana, cuando abra la puerta del aula, iniciaré el nuevo año con una sonrisa puesta desde adentro y con la esperanza de que todo vuelva a tener, como mínimo,  un cariz similar al de este año que ya se ha ido. Ojalá. Y, desde estos halos, acudiré a la cita entre vosotros y yo, aunque ese pronombre plural cite solo a los dos o tres lectores que aún revolotean de cuando en cuando por esta página.

2 jul. 2013

En este cauce agitado





"Uno de los prejuicios más generales y extendidos consiste en creer que cada persona posee cualidades que le son propias e individuales, que hay hombres buenos, malos, inteligentes, estúpidos, enérgicos, apáticos, etc. Pero la gente no es así. Podemos decir del hombre que es con más frecuencia bueno que malo, inteligente que estúpido, enérgico que apático, y viceversa; pero no tendremos razón en afirmar de una persona que es buena o inteligente, y de otra que es mala o estúpida. Y siempre las dividimos así. Eso no es justo. Las personas son como los ríos: el agua de todos ellos es igual y siempre la misma, pero cada uno es, bien estrecho y rápido, bien ancho y lento, bien puro y frío, bien revuelto y templado. Así son los hombres. Cada persona lleva en sí los gérmenes de todas las cualidades humanas y a veces se revela una, a veces otras, y a menudo no se parece en nada a sí mismo, aunque no deja de serlo. En algunos casos, estos cambios son particularmente acusados". 
Tolstoi, Resurrección, 1899.

* * *

Nadie tiene el equilibrio de la hoja de la imagen. 
Somos así: un río revuelto, una cara y su cruz.

5 jun. 2013

Todo... ¿todo?

Ayer recibí en mi bandeja de correo este mensaje:


La pregunta me dejó pensativa, porque acababa de proyectar a mis alumnos un documental excelente titulado Binta y la gran idea (Dir. Javier Fresser. Sengal. 2007), que recomiendo encarecidamente, puesto que habla de la importancia del acceso a la educación de las niñas en los países africanos, pero también de la trascendencia de la imaginación, del valor de la creatividad y de la distinción entre el progreso del mundo de los ¿desarrollados? y el respeto a la esencialidad de la tierra, de la naturaleza o del aire por parte del mundo de los ¿subdesarrollados?

Cuando anoche leí la pregunta "¿Quién dice que no lo puedes tener todo?" mascullé para mis adentros: ¿Y para qué lo quiero todo? 

Estoy convencida de que el ser humano necesita solo lo importante, que es, con toda seguridad, lo más primitivo: aquello que no está disponible en ninguna tienda.

Puedes ver el documental pinchando AQUÍ

2 jun. 2013

¿


Dejemos esclarecer por el tiempo las dudas. 
La fortuna conduce al puerto muchas barcas sin piloto. 
William Shakespeare

23 may. 2013

If I ever feel better




El diálogo entre la belleza y la pena 
constituye la realidad más honda del corazón humano.

Rilke


 

 

8 may. 2013

Teoría del naufragio

[El naufragio. Grabado de Jordi Teixidor]

El trabajo más laborioso consiste en que usted encuentre un ancho mar llamado cotidianeidad que desate huracanes y ventiscas, fenómenos climáticos fundamentales para el sostenimiento de esta teoría. Para propiciar la aparición de dichos fenómenos solo tiene que mostrarse tal como es: sincero, sin dobleces, sin maquillaje de sonrisas estúpidas, sin máscaras. Esto hará que usted quede fuera de la hipocresía que reina entre esos especímenes abominables del género humano que llenan los nutridos bancos de peces gordos y que acaban envenenados por su propio veneno. Una vez expuesto, solo ha de esperar a que vientos y tempestades le sacudan fuerte. Si ha hecho bien su barco, soportará estoicamente hasta el último tornado; sin embargo, hay una fuerza mayor que la voluntad y que viene asociada al cansancio. Cuando se agote, cuando ya no resista más, húndase. Baje al fondo. Naufrague lentamente, a merced de la bravura del mar, descanse. Y después, salga a flote. Es el círculo azul del mundo.

7 may. 2013

Una fábula

[Fotografía de Elif Sanem Karakof]

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.

Franz Kafka

 

 

29 abr. 2013

Haruki Murakami o de cómo los peces pueden llover: un mundo lleno de posibilidades

Desde hace unos meses vivo atrapada en un universo paralelo que lleva por nombre Haruki Murakami: me ha raptado al otro lado. He sentido, junto a Tooru Okada, que hay momentos en los que uno desearía tener un pozo muy hondo para esconderse y estar a solas; he vivido en el aire esperando el retazo de destino que me llevase a un callejón sin salida hasta encontrar a Goma, la gata que persigue el señor Nakata; han llovido peces y caballas y he peregrinado a la otra vida, la de la oscuridad, de la mano de Kumiko.
Lo que me hace flotar de un párrafo a otro en la literatura de Murakami es la sorpresa de los acontecimientos, lo ilógico que cobra sentido a medida que avanzan los hilos de la red que teje el mundo, lo irracional que domina las situaciones vitales de cada día, la fuerza y la importancia del destino, los acontecimientos que se quedan sin resolver... ¿acaso el ser humano halla siempre la respuesta?
Voy saboreando cada página, y miro hacia arriba muchas veces para leer hacia adentro (la literatura tiene tanto de ventana como de espejo), y sé, cómplice, que no hay absolutos y que, al final, cualquier cosa es susceptible de ocurrir; de hecho, a veces, ocurre todo.


23 abr. 2013

*




Lo que importa

Suenan partituras de silencio
que rodean el día de cada día,
la esencia de las cosas más simples:
el grano de trigo, el semen del hombre,
la raíz del árbol, el blanco de nube.
Y no comprendemos.

Vivimos enredados, entrelazados,
inmersos, revueltos, chirriantes,
atónitos, sordos, sordos, ciegos.
Oímos la sombra, vemos todo el ruido,
huele a soledad entre el infinito.
Y no comprendemos.


Música: Chan Chan 

18 feb. 2013

Compañero del alma, compañero



Estaban debajo de la higuera hablando en voz baja, con sonrisas tenues y miradas de respeto. Flotaba en el ambiente la sombra de un pasado que todos podíamos tocar y el eco de una voz. Era catorce de febrero. Él y ella se hicieron una foto en actitud cariñosa bajo ese árbol que emanaba inspiración. Otro se sentó alejado, pensativo. Alguno, de repente, lo sugirió: “Profe, ¿leemos un poema?” Y uno de ellos leyó en voz alta, declamando los versos, lanzándolos a la tierra. Y así, de esta humilde manera, hicimos nuestro homenaje a Miguel Hernández. De vuelta todos coincidían en que lo más especial de la visita a Orihuela había sido ese momento en el que, de alguna forma, esperábamos que nos impregnara algo de la inspiración del poeta al tocar las mismas piedras, al mirar las mismas ramas, al oler el mismo sol. Así que, en los últimos veinte minutos de la mañana, antes de dispersarnos cada uno hacia su vida, hicimos un círculo bajo el sol y algunos leyeron los versos del oriolano: soy tronco de mí mismo, mas no quiero; De mi sobrante, amor, y de ti falto,/ peno y suspiro azul, solo y esbelto; Inútil es mi oreja sin tus voces; Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos/ que son dos hormigueros solitarios; Este rayo ni cesa ni se agota; Besarte fue besar un avispero; ¡Cuánto penar para morirse uno!; Me llamo barro aunque Miguel me llame; Llegó con tres heridas; Tristes guerras/ si no es amor la empresa./ Tristes. Tristes.

Y así fueron fluyendo de sus voces adolescentes palabras de otro tiempo y ¡tan sin tiempo! Yo, en silencio, absorta en la belleza de la escena, los miraba más allá de la voz, más allá de los años, y sentí la magia de la poesía y la tristeza del futuro. No pude evitar que se me formase un nudo en la garganta. Algunos confían en la difícil posibilidad de obtener una beca para estudiar en Canadá; otros, sencillamente, se muestran resignados ante un porvenir en el que saben que todo será muy difícil. Sin embargo, no se rinden: los veo estudiar con ahínco, mostrar un respeto infinito hacia la cultura, indagar en la historia para comprender mejor el presente, y, en definitiva, interesarse por todo aquello que los hace más personas.

Sonó el timbre. Todos nos dijimos hasta mañana con unas sonrisas alegres, conscientes de que algo había sucedido. Antes de irnos crucé la mirada con una de ellas, nos dirigimos un gesto de pena y de complicidad porque allí, en ese círculo, un año antes nos despedimos de Miguel, y allí, el pasado jueves, también estuvo Miguel, nuestro otro Miguel, nuestro compañero del alma...

10 ene. 2013

Nuevos pasos


Ver llegar el año desde las baldosas de una ciudad extranjera...
Dejar que te hiele el pensamiento el viento de la nieve...
Volver sin haberte ido del todo...
Dar la bienvenida a un nuevo día, a un nuevo año, a un nuevo mundo...
Y todo parece que sigue como siempre; y sin embargo, no hay dos lunas iguales.
Caminando hacia delante.