31 dic. 2014

Se va el 2014



Y hoy toca despedirlo. Como la fuerza de la gravedad, se ha caído de nuestra agenda sin poder hacer nada por retenerlo. Esta vez, más que ninguna otra, sé que echaré de menos demasiadas fechas de este calendario, demasiados días y demasiados instantes precisos.

Comenzó lleno de alegría, y se confirmó a las siete de la mañana de aquel lejano trece de enero, cuando supimos que el resultado era “embarazada 3+”; después, en los veinte minutos de coche hacia el trabajo, miraba las formas de las nubes en cielo, y con mi secreto guardado pasé la mañana dando las clases, hablando con mis compañeros y a punto de desbordarme de luz: ya no era yo, era otra, éramos dos. No entendía cómo a simple vista nadie veía mi transformación. Y esa sensación de estar radiante es la que me ha acompañado hasta el veintiuno de septiembre.

Entre tanto, escuché por primera vez su corazón, fui viendo cómo creció desde los trece milímetros hasta los cincuenta y un centímetros, dije sí y firmé el documento, tuve por primera vez entre mis manos mi propio libro de familia, la tarta simulaba mis halos de azul y la literatura y los cuentos donde iban insertas las casualidades de la vida que hicieron que un diecinueve se fijase en otro calendario para llegar hasta hoy, paseé durante horas por el impresionismo del Museo de Orsay dejándome llevar por las pinceladas de Manet, Renoir, Monet, Degas, Van Gogh…; recorrí los Campos Elíseos y divagué por las orillas del Sena en la noche parisina con los acordes de Cortázar y la Maga; pasé dos meses disfrutando del mar y del sol, viví las últimas patadas y la voltereta final en el Playazo, en pleno Cabo de Gata, rodeada de pitas y azul y de todo lo que me hace recordar que soy quien he querido ser, pero también que fui. Quise como nunca tomarme un chocolate con churros, y entonces comenzó a hacer el viaje hacia este mundo, hacia esta casa, y todo fue como un sueño que pasó demasiado rápido. Lo tuve por primera vez en mis brazos y al mirarlo vi en sus ojos tan abiertos una expresión de búsqueda, pensé que tal vez iba a ser un alma inquieta que buscase respuestas a tantos interrogantes como tiene este mundo.

Y desde entonces, cada día quisiera detener la gravedad, vivir en un estado indefinido de suspensión en el que los acontecimientos no transcurriesen, porque todo cambia y sé que no volverá. Siento nostalgia anticipada incluso de lo que aún no ha llegado: la primera vez que diga mamá, sus primeros pasos, su primer abrazo…

Y así pasa todo, como en un sueño.

Ojalá el 2015 sea para todos los que aún paséis por aquí, como mínimo, la mitad de excepcional y fantástico que para mí ha sido el 2014. Feliz año.

28 nov. 2014

Ventanas

Las hay abiertas, con las cortinas subidas, dejando al viento las luces anaranjadas de sus interiores, dibujando, acaso, la silueta de alguien que fugazmente se desliza de un lado a otro de la sala sin imaginar siquiera que abajo una mujer que pasea un carrito con un bebé dormido en la profundidad de su inocencia, observa la escena y se pregunta cómo serán el resto de estancias de la casa, cuántas personas llenarán sus vacíos, qué música sonará entre sus paredes, de qué color se pintará la cotidianidad ahí. 

Las hay cerradas, con las cortinas y persianas bajadas, como si dentro no pisase sus pasos nadie más que el silencio. De estas solo se puede intuir que guardan vidas discretas, tal vez ni siquiera eso.

A lo largo de la avenida por la que discurren los pasos de ella la sensación se multiplica asemejándose los edificios y sus ventanas a un panal de abejas, y quien mira desde fuera y desde abajo se siente pequeña, ínfima, insignificante ante tanta vida... Al fin y al cabo, masculla para sus adentros, todos tan iguales y tan diferentes.

Una vez muy remota alguien le contó que siempre que iba a las casas de sus amigos tenía la sensación de estar visitando un catálogo de muebles de moda: todo había sido elegido siguiendo las normas de uso del estilo clásico o moderno con la combinación de color perfecta, el adorno minimalista o rococó, el orden exacto de cada objeto. Eso, a juicio de quien hablaba, no era un hogar porque no tenía el calor de un "nido".

Ella sube las persianas cada mañana para que el sol bañe todas las habitaciones, abre los cristales y respira hondo como si en cada aspiración retuviese un soplo de tiempo. Los colores llenan muchas paredes, lejos del tono ocre y uniforme que tenía la vivienda cuando la adquirió hace ya algunos años. Por la noche se entrevé la luz de la luna. Le gusta mirarla desde el sofá; incluso, en verano, desde la cama. Y sueña que no hay lugares lejanos, que esa celdilla que es su ventana está rebosando calidez, que habita un "nido". Y es que, muchos años más tarde, ha comprendido que lo que metamorfosea una casa en hogar no está directamente relacionado con lo material que en esta se encuentre, sino con lo intangible que cada día conforme su banda sonora: palabras, respeto, sonrisas, miradas, susurros, silencios... 

Abajo, una mujer mira una ventana en la que ve a otra mujer observándose a sí misma entre los hilos de ayer, de hoy, de ahora. 

17 nov. 2014


Y saber con una contundencia que no admite resquicio alguno que una ya por siempre será mástil, bastón, hombro, oído, corazón, amor incondicional...

15 oct. 2014

Darío [21- 09- 2014]



El destino ha querido que no sea el día 19 como calculaban los médicos, sino el 21 de septiembre. No podía ser de otra forma.
Nacía a las 14:08 h. con los ojos muy abiertos, como si estuviese lleno de interrogantes sobre este mundo. El calendario, desde entonces, se ha convertido en una nube en la que vivimos su padre, yo y todos los que lo esperábamos. Esta semana nos ha regalado sus primeras sonrisas.

Durante los meses que ha latido dentro de mí le he ido escribiendo una especie de diario, a medias entre lo que le deseaba contar a él y lo que me quería decir a mí misma. Ahora que pretendo escribirle en público en estos halos que serán más azules aún, solo puedo decir que lo miro y me parece un auténtico milagro; sin embargo no dejo de cuestionarme cada día si lograré ser una buena madre para él, si podré transmitirle la autenticidad como uno de los valores que lleve por bandera, si sabré hacerle sentir que la lectura es la mayor riqueza que podrá atesorar... y cientos de interrogantes más que se me plantean cada vez que lo miro y lo acurruco en mis brazos. 

Se llama Darío, nombre persa que significa "el que hace el bien". Ojalá sea una buena persona, ojalá tenga una infancia feliz y una vida plena, ojalá sepa saltar los obstáculos y hallar la fuerza necesaria para pintar en su día a día un bosque de sonrisas, ojalá un día se mire en su padre y en mí y se reconozca.

Y cierro este post, el más especial de cuantos he escrito hasta ahora, con un poema, también el más especial que pueda poner aquí: el que su padre le ha dedicado. 


DARÍO [21-09-2014]

En la cima del tiempo,
con los ojos enormes como esponjas de luz,
su nombre se abre paso entre los brazos,
otea en los azules de un lento porvenir,
se sacia de los días primitivos
que poco a poco esculpirán su ser.

Plenitud ilusoria de todos los comienzos:
después lo acuciarán los miedos,
la dolorosa paz de las caricias,
los errores, las treguas, los recuerdos,
las palabras confusas, los adioses,
esa inercia sutil de cuanto vive.

Con los ojos enormes, en la cima... 




12 sept. 2014

Analogías, simetrías y el hoy




 [Luna de Rodalquilar]
***
En torno a cada imagen nacen otras, 
se forma un campo de analogías, 
de simetrías, de contraposiciones.

I. Calvino


Es un mes de septiembre atípico: por primera vez en los últimos diez años no me reincorporo al trabajo, el curso no se desarrollará entre las aulas con alumnos sino en otro mundo que me ilusiona como a una niña. La espera se llena de emociones contrariadas: el deseo de que llegue el acontecimiento y  la seguridad de que nada volverá a ser como ha sido hasta ahora.

Mientras tanto voy organizando cada esquina de los sentimientos atesorados. Hoy he llegado hasta esta foto que tenía junto al texto de mi querido Calvino: cada imagen, como en una cadena de analogías, nos lleva a otras. También sucede con las palabras. Y tal vez con los recuerdos. Y entonces sabemos que todo sucedió porque así estaba tejido con el hilo de la magia. Tal vez la vida es esto de hoy, sin más futuros que lo que ya hemos dejado de ser; sin más pasados que la arcilla que nos esculpe entre los dedos del tiempo. Y cada luna llena, en su destello inmenso que preconiza la ausencia de lugares lejanos, nos confirma en nuestra esencia y nos reconcilia con el mundo. 

3 sept. 2014

Adriana y Manolo


            

 [Rodalquilar, 16 de agosto de 2014]

            El verano ha transcurrido entre arena, sal y nubes, en una especie de espera relajada que nos ha tenido expectantes e ilusionados a mí y a quien conmigo va. El mar, en toda su amplitud, ha sido el escenario de la contemplación de atardeceres, lecturas, juegos, largos baños, paseos, conversaciones...
            Algunas mañanas hemos coincidido en la misma parcela de arena de El Playazo (Rodalquilar) con una pareja que conmueve los sentidos. Allí hemos desplegado nuestro salón de tertulias literarias, dentro y fuera del agua, y entre ola y ola han desfilado Torrente Ballester, Martín Gaite, el ineludible Juan Goytisolo, don Mariano (Baquero Goyanes), Juan Ramón, José Ángel Valente, etc. Alrededor de las nueve, ahí estaba esperándonos un libro de historia y de literatura abierto solo para nosotros por esta entrañable pareja de profesores; su memoria conserva anécdotas y episodios que no aparecen en ningún manual y que, a quienes aún amamos el Humanismo y las Letras, nos ayuda a saborear el entramado de la fantasía. Y de ahí a otros temas, como la milagrosa conservación de un entorno tan fascinante como el Cabo de Gata o los despropósitos de los gobernantes que todo lo desgobiernan, o la rica gastronomía de la zona.
            Un día, ella, su energía y su romanticismo, nos guiaron hacia los rincones de la playa donde pasó sus horas de noviazgo con él. Nos reveló los nombres secretos que las calas adquirían para ellos, como por ejemplo El Saloncito o La Piedra de los Pretextos. Evocando los episodios de los años que ya pasaron se vislumbraba en su mirada el destello perenne de una ilusión de entonces, tal vez amor; el mismo que se entrevé en él, en su gesto de muchacho  y en su sonrisa traviesa mientras le chapotea el agua a ella, pese a haber conocido más de ochenta primaveras.
            No solo de literatura vive el hombre: también de cordialidad, educación, buen gusto, pasión por el trabajo bien hecho, generosidad con los demás y con la sociedad en la que viven. Por eso Adriana y Manolo han sido para mí el mes de agosto, un espejo en el que mirarme, una fe viva por el otro y por lo que nos justifica, un matrimonio entrañable donde ella pone el timón y él su humor inteligente. La edad se desvanece con sus gestos, el tiempo no arrasa con la lucidez.
            Y así, a las once y media de la mañana, puntuales, en un hábito aprendido durante toda una vida, coincidiendo con la llegada de la marabunta, ella recoge la silla que él portará al hombro; después, la suya, la pequeña bolsa y sus zapatillas; se despiden de nosotros y con paso calmo se alejan hacia sus rutinas dejándonos con una tonalidad dulce en los labios: la de quienes saben que han paladeado un momento que algún día habrán de recordar.


8 jul. 2014

¿Es para aprender?

[Imagen tomada de http://grupoa13.blogspot.com.es/]

Tiene siete años y una sonrisa permanente dibujada en su cara. Sus ojos, curiosos, exploran el mundo buscando respuestas a casi todo, porque casi todo le llama la atención. Tiene la inocencia de la infancia y las distracciones de su tiempo: le gusta ver los dibujos animados, saltar en la cama elástica, jugar con niños de su edad a encontrar tesoros escondidos en el jardín de la casa del campo, cuidar a su hermana pequeña, pasar el tiempo con sus abuelos; por el contrario, no le gusta comer, ni que lo molesten cuando está concentrado en algo. Se llama Gonzalo y fue el primer bebé que llegó a mi familia. Cuando todos esperábamos impacientes verle la carita, él vino a este mundo tranquilo, y con los ojos bien grandes para no perder detalle de la realidad.
Hace unos días le regalé un libro de ortografía atendiendo al requerimiento de su madre, porque resulta que quiere aprender las letras difíciles: la b y la v, la g y la j, la que no suena... Es un cuaderno atractivo para su edad, pero, al fin y al cabo, un cuaderno de trabajo en pleno mes de julio.
Se lo di sin muchas esperanzas de hallar por su parte entusiasmo, habida cuenta de lo que se escondía debajo del papel de regalo. Cuál fue mi sorpresa al escuchar su pregunta: "Prima, ¿es para aprender?". Pensé en décimas de segundo si sería mejor responderle "sí" o "no, es para jugar". Finalmente opté por la primera: mejor que sea consciente de que aprender es una de las mejores formas de divertirse. Reaccionó de inmediato: salió corriendo buscando un lápiz, una goma y algunos otros enseres de escritura. Cuando lo tuvo todo bien dispuesto y ordenado sobre la mesa, abrió cuidadosamente el cuaderno y comenzó a leer en voz alta que hay letras fáciles a, e, i, o, u, y letras difíciles b, v, g, j, x, s... Yo, atónita e invisible para él, me senté a su lado. Mordiéndose la lengua con el típico gesto infantil del niño que se esfuerza para hacerlo lo mejor posible, fue completando palabras, copiando frases, buscando formas escondidas... De vez en cuando levantaba la vista, borraba la letra hecha con mal trazo y la repetía con esfuerzo hasta dejarla perfecta. Entonces me miraba y sonreía buscando mi aprobación.
Así estuvo un buen rato, leyendo y haciendo ejercicios con una fluidez que bien querrían para sí algunos de mis alumnos que le doblan la edad, y el caso es que Gonzalo tiene algo que la mayoría de niños ha dejado atrás: la ilusión por aprender. 
¿Qué hacemos mal los adultos para que desaparezca esa carrera por coger los lápices y sentarse ante el reto de completar páginas?, ¿qué hemos ido haciendo mal quienes los educamos -padres, maestros y profesores- para que prefieran el mundo exterior al mundo interior de los libros?, ¿cuándo empezamos a inculcarles que todo lo que aprenden tiene el fin de aprobar un examen?, ¿cuándo pierden la conciencia de que la mayor recompensa de aprender es, precisamente, la riqueza de aprender?
No lo sé. Pero llevo mascullándolo para mis adentros desde ese día, y no tengo una respuesta. 
Solo sé que por unos minutos me vi a mí misma cuando su abuela (mi tía) me regaló mi primer libro de cuentos, Fábulas de La Fontaine, y me levanté de la mesa corriendo para irme a un rincón a leer sin que nadie me molestase. Me vi ordenando los lápices, repasando las letras hasta conseguir el trazo perfecto como él estaba haciendo, sonriendo por haber pasado la página, ilusionada por todas las páginas que me quedaban por delante. Y sentí orgullo de una personita tan pequeña y tan grande al mismo tiempo. 
Ojalá nunca pierda esa ilusión, por más que los adultos nos empeñemos, sin saber bien cómo, en aniquilársela. 
Mientras tanto, los dibujos animados, ajenos a la aventura de las letras, aparecían en la pantalla de plasma y continuaban con sus peripecias, solitarios.

16 jun. 2014

El vacío está lleno de concreción

 
[Imagen de Juanan Requena]
 
 
La poesía de lo invisible, 
la poesía de las infinitas potencialidades imprevisibles, 
así como la poesía de la nada, 
nacen de un poeta que no tiene dudas
sobre la fisicidad del mundo.
 
Italo Calvino
* * * 
 
Tutto l'invisibile intorno al tavolino
si trattiene in bolle nel suo
tacere solito e perfetto. Come tace.
Come non si muove.
Come non si vede. Come sta
celato nel suo esserci appeso
a niente e sospeso. Ma l'aria
lo annuncia col suo immobile
atto di attesa. Ripercuote il niente
in un niente piú grande
quando siamo soli.
 
Mariangela Gualtieri

26 may. 2014

El tiempo de J. M. Navia


Esta poética imagen, de Navia, me parece una pintura maravillosa para recoger la esencia del tiempo. Hace muchos años fotografié las manos de mi abuelo que ya no está. Y también lo hice con las de mi abuela, que ya cuenta con ochenta y tres años, muy a su pesar, pues cada día dedica gran parte de sus horas a pensar en él, con quien compartió sesenta y cinco años. Incluso desde el silencio, se le atisba de forma perenne una nostalgia muy tenue que le impregna la mirada.
En la imagen, la confluencia de esas manos por las que la vejez deja su lastre de surcos y vida junto al esplendor de la juventud y, acaso, el beso de toda una vida, me emocionan.
Una foto es luz: esta, concretamente, es una luz de pasado, pero también, y ojalá, una proyección hacia el futuro; días resueltos en besos y años caminando de la mano. 


1 may. 2014

Gabriel García Márquez y el silencio

¿La lectura, acto de comunicación? ¡Otra graciosa broma de los comentaristas! Lo que leemos, lo callamos. Las más de las veces conservamos el placer del libro leído en el secreto de nuestra celosía. Bien porque no vemos en él nada que decir, bien porque, antes de poder decir una palabra, tenemos que dejar que el tiempo efectúe su delicioso trabajo de destilación. Ese silencio es la garantía de nuestra intimidad. El libro ha sido leído pero nosotros todavía seguimos en él. 

Daniel Pennac, Como una novela.

La certeza de esa intimidad nunca revelada es la que esta mañana me lleva a teclear estas letras: en silencio vengo asumiendo que García Márquez no publicará más libros. A él le debo infinidad de emociones, algunas seguiré silenciándolas; otras las quiero decir aquí. La primera vez que tuve un "libro de mayores" entre mis manos seguramente rondaba los once años. En la casa de campo de mis padres (por entonces de mis abuelos) había una caja donde mi tío había dejado diversos trastos, algunos cuadernos y un libro con una portada de la que manaba una fuente de sangre muy roja sobre fondo beige. En letras también rojas y redondeadas se podía leer Crónica de una muerte anunciada y el, para entonces desconocido en mi fuero interno, nombre de su autor. Guardé ese libro y por las noches, cuando mis padres me obligaban a apagar la luz para dormir, yo sacaba de mi mesilla (celosamente guardada) una linterna que había obtenido como útil necesario de una acampada, la primera de mi vida, con el colegio, en la Sierra de la Puerta (Moratalla). Aquella linterna amarilla se escondía conmigo bajo las mantas y alumbraba a Santiago Nasar ajeno a su destino recorriendo las calles, a los hermanos Vicario con sus cuchillos envueltos en papel de periódico para matarlo. Y recuerdo bien que no terminé de leerla porque pensé: uno, ya sé el final; dos, ¿por qué nadie impide que maten a este señor? Y mi mente infantil no quiso seguir leyendo la historia de un crimen ya anunciado; así que volví a otro pequeño tesoro de aquella época hallado en el mismo lugar y en la misma caja perteneciente a mi tío: Corazón: diario de un niño, de E. de Amicis. Seguí felizmente con las vivencias de Enrique y para los días menos afortunados de mi corta existencia me reservaba el placer de leer "el cuento mensual" que la obra inserta al final de cada mes; eso me alegraba y sabía que, con toda seguridad, por desafortunados que fuesen los hechos, siempre tenía ahí un cuento esperándome.

García Márquez no volvió a aparecer en mi vida hasta algunos años después: no recuerdo cómo cayó en mis manos El amor en los tiempos del cólera. Era una edición barata, de pasta blanda. Y era un verano caluroso. Tenía diecisiete años. Ya me había enamorado unas cuantas veces, y había soñado con amores imposibles en figuras de cantantes de moda o de chicos populares que no reparaban en alguien como yo: delgada, tímida... De forma que cuando llegué a las últimas páginas de la novela me encerré en el salón del piso superior de mi casa  para que nadie  me interrumpiese, y leí con absoluto fervor, como cuando se quiere inspirar cada sonido:

Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo: 
- Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada.
Fermina Daza se estremeció, porque reconoció la antigua voz iluminada por la gracia del Espíritu Santo y miró al capitán: él era el destino. Pero el capitán no la vio porque estaba anonadado por el tremendo poder de la inspiración de Florentino Ariza. 
- ¿Lo dice en serio?- le preguntó.
- Desde que nací- dijo Florentino Ariza-, no he dicho una sola cosa que no sea en serio.
El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de un escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.
- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?- le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida- dijo.

Leí en aquel sillón marrón este final mientras la tarde caía, mis padres volvían a casa y merodeaban por el pasillo con su trajín cotidiano, el calor pasaba y en mi mundo, el de Fermina y Florentino, ya se había instalado la esperanza de un amor posible que siempre pareció imposible. Fue la primera vez que lloré leyendo un libro, que la emoción de las palabras iba más allá de lo tangible. Y supe para siempre algo que aún hoy mantengo: la vida no tiene límites. Después, en una noche de un año de finales de julio, habría de recordar este final, y este libro, en mi primera discusión literaria en serio: había que decidirse entre Borges o García Márquez, entre perros y gatos, entre la realidad o la ficción de un mundo inventado. Nunca se llegó a una postura común, pero aún hoy, cuando huelo alguna almendra amarga, me asalta la duda de si Borges o García Márquez, y sé que ni perros ni gatos, y escucho esta novela, y paseo por sus páginas, y rememoro otras citas de García Márquez como aquel brindis de El avión de la bella durmiente: "A tu salud, bella", y sé que su literatura, igual que aquel viejo libro de edición barata subrayado con color amarillo, igual que el olor, la tierra y el destino del pueblecito portuario del Caribe, que es, en definitiva, el pueblo de cada hombre, me seguirán acompañando hasta el final. 

García Márquez supuso para mí el descubrimiento de la Literatura con mayúsculas. 
Quería escribir sobre él, podría decir muchas más cosas que no digo porque aún me apetece guardarlas en la pertenencia del silencio de la que habla Pennac en la cita inicial de este post, y quería dejar constancia de que, en parte, cómo soy hoy, es también forja moldeada de la verdad de sus mundos de ficción, tan reales que parecen mágicos. Gracias por tanto, Gabo. 




11 abr. 2014

Cielo sobre el Sena


Al final de este día queda lo que quedó de ayer 
y quedará de mañana: 
el ansia insaciable e innúmera 
de ser siempre el mismo y otro.

F. Pessoa, Libro del desasosiego


Quien quiso ser y es AQUÍ 
 

14 mar. 2014

Los lugares a los que nunca he ido

Esta misma tarde, viendo un documental de viajes en el que recorrían los angostos callejones de Dubrovnik, se me ha ocurrido que en mi bagaje tienen tanta importancia los lugares visitados como aquellos en los que nunca estuve: Croacia, por ejemplo. En una ocasión estuve a punto de llegar a las murallas de esa ciudad a bordo de un velero, finalmente opté por adquirir un piso que me provocó no pocos dolores de cabeza y el viaje se aplazó. Hasta hoy. Y mucho me temo que aún va a tener que esperar. La lista de países, ciudades e incluso rincones precisos de los cinco continentes que han cobrado una vida propia dentro de mí sería infinita, ya que por distintos motivos en algún momento siempre he pensado que esos espacios estaban hechos, en cierta modo, a mi medida: las huellas de Bruce Chatwin por la Patagonia, los atardeceres de Mangue Seco en Brasil, un puente histórico de Sarajevo, el bar donde Hemingway tomaba sus mojitos en Cuba, la historia de amor del Taj Majal, el viento de Ulises en las islas griegas, las tonalidades del blanco de Islandia, algún Cotton Club de un rincón de Nueva York, el tiempo detenido de la vida en Pompeya, los colores de Isaak Dinesen en África a bordo de una avioneta, la naturaleza abrumadora de Australia, los aromas de Jordania, el azul de esa mezquita que tiene títulos de pasión turca, la Petra de aquel remoto tiempo... Y así, poco a poco, me doy cuenta de que también he ido haciendo, a lo largo de los años, el mapa de mis lugares no visitados. ¡Viajar, viajar! Cómo añoro subirme a un avión. Sin embargo, no puedo quejarme: el próximo lo cogeré en breve, destino a un lugar que desde adolescente fui poblando como escenario de mis sueños más románticos. Al final, la vida va adquiriendo diversas tonalidades y nada es como había imaginado en aquel pasado tan remoto (no habrá un vestido rojo, la banda sonora no será de Verdi...)  pero tal vez así también encuentre algo de aquella antigua magia que durante décadas ha ido coloreando las imágenes de mi fantasía.




 

4 mar. 2014

Modo pausa

Desde hace unas semanas vivo en una especie de limbo en el que floto dentro de una burbuja hacia no sé dónde. Resulta que lo que más me apetece es dormir, estar en paz, escuchar música con los cinco sentidos, leer al azar alguna página suelta o el suplemento del dominical del periódico, pensar en todo lo que debería estar pensando y decidiendo y... seguir tumbada en el sofá tomando algún dátil de vez en cuando o, si se tercia, un sandwich de Nocilla. Y así pasan las tardes. Y siento, recónditamente, una bendita placidez... Tengo la intuición de que este letargo engendrará alguna criatura maravillosa.


2 mar. 2014

Una duda más...

video

Letanía
Distancia entre un recuerdo y su huella. 
El espacio que queda entre una decisión y su renuncia. 
La vibración de la luz cuando se extingue en el ocaso. 
El trazo con que la imaginación dibuja los lugares 
donde nunca hemos estado.
 Texto y vídeo de Juanan Requena

En ocasiones hay que plantarse: definitivamente hemos de ser quienes somos y mostrar nuestras cartas boca arriba. Sin embargo, no todo el mundo es capaz de comprender nuestros gustos o disgustos; lo que de verdad anhelamos o lo que no deseamos.
Hace unos días, en el transcurso de un café con una amiga charlábamos de todo esto, y fui consciente de en cuántas ocasiones uno ha de morderse la lengua para que el mundo siga su ritmo; de las decenas y decenas de veces que hemos de renunciar a aquello que de veras queremos para que los que te rodean, simplemente, no vean alterada su comodidad. 
La gran duda es: ¿hasta dónde?, ¿cuál es el límite de renuncia?, ¿cuándo es el momento de decir "yo sueño con esto" y no voy a ceder más? y ¿quién dice hasta cuándo?

24 feb. 2014


[Pequeña materia roja, Antoni Tàpies, 1977]


Tengo necesidad de lo originario, de lo que está más allá de lo sensible, de la verdad pura de los actos sinceros, del frescor de la tierra en la mañana fría, de la lluvia que limpia el aire.
A veces uno quisiera encontrar lo azul, lo vívido, la magia de la vida en su estado más salvaje.
Y todo para absorber la luz de cada día, para tomar aliento; para, en definitiva, Ser.

5 feb. 2014

La alegría de vivir

[La alegría de vivir, H. Matisse]

El colorido palpitante, las líneas sinuosas, la brisa en movimiento, el remanso del agua, el calor del amor, el aire y sus misterios. La vida es una honda fascinación. Todo y mucho más está en esta pintura de Matisse, y también se halla, de alguna forma, en el optimismo del ahora que hay en los versos del poema Vivir de Pedro López, a quien anoche tuvimos la suerte de poder escuchar en directo en el museo Ramón Gaya mientras deshilvanaba la madeja de las anécdotas que lo llevaron a levar las anclas de su barco de la infancia, a habitar los bancos imposibles la ciudad italiana, a fumar junto a aquella mujer que que estaba hecha de lienzo, a despertar en la mañana del 30 de diciembre del pasado año mascullando entre sueños los versos sobre los que forjar el poema: 

VIVIR

Las nubes, los proyectos,
la delicada forma que los dedos esculpen,
la vasija trizada y el olvido.

Aunque los hombres lloren
el tiempo que gastaron y el tiempo que les queda,
vivir tan solo es esto:

cobrar de cada instante su certeza.

30/XII/2013

PEDRO LÓPEZ

26 ene. 2014

Con Emma

¿Acaso no debía, antes bien, un hombre saberlo todo, destacar en múltiples actividades, iniciarla a una en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida y en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. Creía que ella era feliz; y Emma le guardaba rencor por esa tranquilidad tan firme, por esa cachaza tan serena, e incluso por la felicidad que ella le daba.
La Señora Bovary, G. Flaubert
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia 


Tengo por delante más de dos horas: solas tú y la mesa de madera, los lápices afilados, los libros dispuestos en orden, el folio en blanco y el cursor parpadeando. La Señora Bovary está a mi lado; también todas las anotaciones de La orgía perpetua. He leído (de nuevo) estas semanas ambas obras, y ahora es el gran momento: ahí van las primeras líneas de mi ensayo. Es algo parecido a la magia, porque de la nebulosa de ideas que se atropellan en tu mente hay de repente una ilación que encadena una tras otra y cobra forma definida y orden preciso.

Esta novela es especial para mí por varios motivos que no vienen al caso. Puedo decir que me fascina el personaje que es Flaubert, me parece Arte la minuciosidad y la precisión de los vocablos, la elección del tempo de cada escena de la novela... Es el placer del lector: saborear cada palabra y cada párrafo sabiendo que un pretérito perfecto simple no indica el mismo pasado que un pretérito imperfecto. 

Hacía semanas que buscaba una mañana de sol para compartirla con Emma, Charles, Rodolphe, Lèon, con las confesiones de Flaubert a Louise Colet, con las traducciones de la obra que modifican el sentido de algunos pasajes... es hilar fino, ¡y qué placer!

A veces, escribir es tan intenso como vivir: todos somos un poco quijotes. Así lo declara el narrador cuando nos deja ver la mente de Emma mientras redacta la carta para su amante:

Pero, al escribir, intuía a otro hombre, a un fantasma hecho con sus recuerdos más ardientes, sus lecturas más hermosas, sus concupiscencias más fuertes; y acababa por volverse tan auténtico y tan accesible que la dejaba palpitante y maravillada, aunque no pudiera, pese a todo, imaginarlo con claridad, pues se perdía, como un dios, tras la abundancia de sus atributos.

Flaubert es infinito, tanto como Cervantes: una odisea interpretativa, un viaje más allá de Ítaca.


19 ene. 2014

Proyecto



A veces te pones a teclear por el simple hecho de escuchar el sonido mecánico de los dedos sobre la superficie lisa y suave del portátil, por la añoranza de escribir. Hace días que querrías alimentar tus halos; sacas fotos del cielo camino del trabajo y te fijas en las nubes, en los fantásticos colores del amanecer, intensos, a veces de un rojo que pareciera que algún dios lejano y presente llora. Piensas que esa canción que ahora escuchas ilustraría muy bien unos versos trazados al vuelo ¿Cabe el tiempo en unas cajas?/ ¿Qué llaves de acero abren/ todas las puertas cerradas? y que has de trabajar para convertir en poema. Pero enciendes la pantalla y sobre el escritorio hay cinco documentos urgentes que has de esculpir, mimar, completar, ampliar, y que van engrosando tu tesis doctoral, esa vieja amiga que acaso no concluyas. Al mismo tiempo recuerdas que querrías darle unos textos del Romanticismo que te emocionan y que, bien lo sabes, a esos diez alumnos les hará levantar la vista del papel y suspirarán. Así que te pones a ello. Y al mismo tiempo el paté de queso que acabas de elaborar ya empieza perfumar con su aroma el pasillo de la casa. Tengo hambre. Me llama una amiga para avisarme de que en diez minutos llegan ella y su hijo a casa un ratito. A estas alturas ya sabes que los documentos seguirán esperando, que los halos te aguardarán pacientes, que las imágenes seguirán sin revelar dentro del móvil en una especie de limbo, y los versos estarán dentro de tu mente convirtiéndose en endecasílabos y heptasílabos, o permaneciendo así, o añadiendo y quitando después. Y así pasa el domingo, y pasan los días… Quizás vivir no sea más que un proyecto.

15 ene. 2014

Esta sombra sutil entre la luz



[Imagen tomada de  
http://al-tren.blogspot.com.es/2011/05/negras-sombras.html]


El año nuevo ha llegado cargado de buenas noticias y giros vitales que hacen rodar el mundo flotando, brotan las cotidianeidades que agradeces porque descubres que son anclajes a la paz que siempre buscaste, aparecen efímeras ilusiones que le ponen la sal al día a día, se resuelven trámites burocráticos sin grandes esfuerzos... 
En todo ello vuelo desde hace casi un mes con una sonrisa por firma y un optimismo desacostumbrado. Pero resulta que hoy, al llegar a casa, se ha extendido una sutil sombra en mí. Acostumbro a escuchar un debate político mientras cocino (lo utilizo como excusa para bajarme de las nubes y pisar el suelo). Estaba preparando unos spagetti alla putanesca acompañados de pan de ajo, receta de Jamie Oliver. Además he pensado que, como postre, haría un bizcocho de chocolate (esta vez con receta de mi amiga Mariana) y que ha salido, por cierto, muy rico. Total... que andaba entre aceitunas negras, anchoas, tápenas, tomates, ajos, pan, horno, sartenes, bol, azúcar, sal, chocolate, levadura, etc., cuando escucho, de pronto, la noticia de la muerte de Juan Gelman. Y me ha asaltado una tristeza repentina, de esas que uno tiene cuando siente que se despide de este aire alguien a quien ha sentido cercano durante mucho tiempo (algo similar a lo que me ocurrió cuando murió Saramago, José Luis Sampedro...). No sabría decir muy bien el motivo, pero he leído los poemas de Gelman, también algún libro ya descatalogado, y siempre ha habido algo, una palabra al menos, que me ha conmovido. He pasado ciertas noches de insomnio con él. Y hoy tenía que traer a mis halos su luz inconfundible:

basta no quiero más de muerte
no quiero más de dolor o sombras basta
mi corazón es espléndido como una palabra
mi corazón se ha vuelto bello como el sol
que sale vuela canta mi corazón
es de temprano un pajarito
y después es tu nombre
tu nombre sube todas las mañanas
calienta el mundo y se pone
solo en mi corazón
sol en mi corazón

***

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres por la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.


Juan Gelman