7 jul. 2016

Lo que vende

     Y los pasillos están repletos de gentes que sueñan con convertir sus casas en esos espacios idílicos que te muestran en unos cientos de metros cuadrados: han creado un ambiente de película en una nave fría e industrial; han conseguido que pasemos por delante de esas estancias ficticias y nos sentemos en sus sofás y sus mesas como si se tratase del hogar que va a acogernos con los brazos calientes y la calma de lo cotidiano. 

     Compras objetos aislados, compras elementos que te hagan recrear esa sensación una vez que estés de vuelta. A tu regreso los colocas y ves el truco: estabas en un escenario, tu casa sigue siendo tu alma. En realidad nada de lo que has adquirido te pertenece. Más bien necesitas huecos, espacios vacíos con que llenar tu imaginación, lugares de tiempo que te ayuden a crear las películas que siempre has fantaseado mientras te recuestas en ese sofá beige que te recibe con la forma exacta que tu postura favorita le ha ido marcando. 

     Levantas la mirada y ves ese objeto decorativo, esa alfombra cuyos colores imposibles se alejan del blanco que persigue tu mirada y tus deseos... te has equivocado. Los espacios perfectos son los que llevas dentro de ti. Has caído, has comprado lo que te han vendido, has cedido al creerte el truco de magia. No importa: mañana, sin falta, lo devuelvo todo. Finalmente, he gastado lo más valioso que una persona puede poseer: su tiempo. Quien esté libre, que tire la primera piedra.

1 jul. 2016

Aquella mirada

          Primer día de julio: fin de curso, fin de año. Comienza el tiempo de descanso. Y hoy (la vida tiene estas cosas) me despierto con una lucecita en el móvil que me indica un mensaje pendiente de leer: mi amigo Joaquín ha encontrado un CD antiguo en el que habitaban miradas de hace tres lustros. Allí estábamos todos los amigos, reunidos mientras bebíamos unas copas antes de salir a bailar a cualquier bar. Era sábado, siempre era sábado. Nuestros gestos son amables, divertidos. En las imágenes cada uno posa con las que aún hoy siguen siendo sus actuales parejas; todos salvo yo, que estoy sola. En aquel momento vivía más con mis recuerdos y sueños que con la realidad que me circundaba. Cuando me he visto me he reconocido: aquella mirada sé qué escondía detrás, puedo descifrar con absoluta certeza qué estaba transitando por mi fantasía. Me encontraba en aquella habitación y no me encontraba al mismo tiempo. Era yo sin ser completamente. 

          Es curiosa la vida, ¿cuántos somos al mismo tiempo? Pessoa lo resolvió bien con sus heterónimos. Tal vez sea esa una de las grandes metáforas del ser humano: en nuestro ser reside quien uno cree ser, pero también todos aquellos en quienes siempre quisimos llegar a convertirnos. El eterno diálogo entre la realidad y el deseo. 

¡Feliz verano!


Si recuerdo quien fui, otro me veo,
y el pasado es el presente en el recuerdo.
    Quien fui es alguien que amo,
empero solamente en sueño.
Y la saudade que me aflige la mente
no es de mí, ni aun del pasado visto,
sino de quien habito 
tras los ojos ciegos.
Nada que no sea el instante me conoce.
Mi mismo recuerdo es nada, y siento
que quien soy y quien fui
son sueños diferentes.

Ricardo Reis
(F. Pessoa)