30 ago. 2011

¿Qué refleja un espejo?

[St Vincent Street, Glasgow, Escocia]

Interés creciente por fotografiar los reflejos de los edificios antiguos en los espejos que recubren las fachadas de las arquitecturas más contemporáneas.

¿El reflejo del pasado tiene cabida en el presente? ¿Lo reflejado es imagen viva de lo que es en realidad o sólo un “espejismo”? ¿Cualquier cosa que fue antes se deforma si se la contempla a través del espejo presente?

En definitiva, ¿qué refleja un espejo?

La música es de Nodozurdo y el tema Mil espejos, el vídeo musical es un descubrimiento: sugerente y poético. AQUÍ.

16 ago. 2011

El músico

Está tendido en una cama desde hace diez meses porque sus piernas han decidido tomarse un merecidísimo descanso del día a día. Sus ojos sólo atisban sombras, agotados de contemplar tantos horizontes, sus manos siguen firmes con pulso decidido; su piel, tersa; su cuerpo, varonil, aún conserva las trazas de quien ha sido. Bromeando y contando chistes en el dormitorio donde es cuidado por sus dos hijos, pregunta por la familia, recuerda las múltiples aventuras de su vida, nunca olvida un cumpleaños o una fecha que haya sido importante a lo largo del camino. El domingo pasado relató con gran emoción que se enamoró de su mujer y de la madre de sus hijos cuando ella, tras haberle guardado su chaqueta durante una actuación, se la colocó sobre los hombros y lo miró a los ojos con una sonrisa. Confesó haber sentido entonces un cosquilleo que le recorrió todo su cuerpo y decirse a sí mismo: "ésta es la mía". Ha tocado el laúd durante toda su vida, aún hoy dice que podría tocarlo. Se ha hecho amigo del cura que puntualmente lo visita los miércoles. Nunca fue cristiano, tampoco ahora, pero dice que le ha cogido aprecio a ese sacerdote porque es una buena persona, y "a las personas buenas hay que respetarlas, crean en lo que crean". Casi a punto de marcharme, declaró: "debería morirme ya, porque ¿para qué seguir viviendo en una cama? Pero la muerte es muy fea, además, ¿qué voy a hacer yo muerto? Esta vida es muy hermosa". Se llama Antonio, por todos conocido como "el músico". El mes próximo cumplirá noventa y nueve años. Una sabia lección de fuerza y optimismo: dos guerras mundiales, una guerra civil desde el frente republicano, una posguerra durísima, las muertes de mujer, un hijo y todos sus hermanos. Y una fe ciega por el hermoso camino de vivir.


Esta música, ¡a su salud!: David Kellner


13 ago. 2011

Páginas dobladas (3)

[Vista de la luna del doce de agosto de 2011 desde el balcón de mi casa]


Página doblada 3
(esquina inferior)

Un lugar sin lugar, como un mundo al que se llega yendo hacia arriba, no hacia abajo. Sí: quizás existía un árbol tan claro que subiendo por él se tocaba otro mundo, la luna.

Italo Calvino, El barón rampante.


10 ago. 2011

Animal nocturno


Me llamo Nora y vivo en el Paseo Siena. Es una avenida inmensa que tiene una acera entre un lado de la carretera y el otro. Mi edificio está flanqueando la parte sur y las vistas me proporcionan el paisaje empinado de la montaña de mi ciudad. No me puedo quejar: tengo a mis pies el escenario del alma humana. El sol cae por el extremo Oeste, la luz comienza a ser anaranjada y el azul del cielo está empañado de tonos opacos que anuncian la pronta salida de la luna. Frente al balcón desde el que escribo pasa una madre de unos cuarenta años, se dirige al sol, es una mujer morena y resuelta que anda a paso rápido y va escoltada por dos mellizas que levantan un palmo del suelo y que no dejan de revolotear a su lado gritándole quién sabe qué cosas, en definitiva, reclamando su atención. Ejercer de madre ha de ser una de las tareas más fatigosas de la vida, pero en apenas un segundo compruebo que quizás también sea una de las más gratificantes: lejos de regañar a la más llorona, la deja abrazarse a su pierna, le dice algo que nosotros, desde lejos, no acertamos a escuchar, la toma entre sus brazos y le da un beso. La niña se calma. Lo que más llama la atención de este lugar que me habita es que junto a escenas tan familiares como la citada o tan románticas como la de la pareja que pasea hacia el final de la avenida (hombre y mujer maduros, tranquilos, ella va ceñida a él por la cintura, él le susurra cosas al oído que la hacen mirar hacia el sol, que cae más y más), junto a esas escenas, decía, encontramos a la mujer que avanza con paso lento y ensimismada, sin prestar casi atención al perro que la pasea. No ha visto que un hombre se avecina, que va, como ella, inmerso en el mundo que le entra por los auriculares que lo atan a su bolsillo derecho, en la mano izquierda una correa lo sujeta a un perro minúsculo. Ambos se acercan, se cruzan, los perros se detienen un momento a olisquearse, se hablan y se comunican en ese lenguaje perruno y desenfadado. Ellos se miran y se sonríen mutuamente con un gesto aprendido de dios sabe cuántas paradas circunstanciales como esa repetidas en el ritual de pasear a sus respectivos perros, pero no se atreven a quitarse los auriculares y a beber un sorbo del atrevimiento de sus mascotas. Pasan unos segundos, apenas medio minuto, y cada uno avanza en el sentido de la marcha que los condujo a encontrarse. Ella, dirección a la salida de la luna. Él dirección a la puesta de sol.

El Paseo Siena es el escenario de un gran teatro donde cada alma está reflejada en el titubeo de su paso, en la seguridad de su tacón de aguja, en la mirada perdida del hombre con corbata y gesto cansado, en el nerviosismo de una madre con mellizas, en la dulzura de un brazo que rodea una cintura, en la tecla solitaria de quien lo contempla todo desde arriba y no sabe que el rumbo de su paso será el opuesto al sol: me voy a esperar la luna porque no tengo perro y yo soy más bien un animal nocturno.




5 ago. 2011

Páginas dobladas (2)

Página doblada 2
(esquina inferior)

Sólo el que tiene fe en la llegada del acaecimiento y en la existencia de lo maravilloso, espera la aventura, es decir, la realización de lo indeterminado. Tales se llaman almas ilusionadas.

Asklepios, Miguel Espinosa.

Obra magnífica, escritor imprescindible que tuvo la desgracia de ser murciano. Si hubiese nacido en París, ahora estaría en todos los manuales de literatura. Es un filósofo con tanta imaginación como habilidad para combinar ideas imposibles con un lenguaje riquísimo. Asklepios es un hombre de la Grecia clásica, el últilmo, que está desterrado en la edad actual. La pérdida de los verdaderos valores del ser humano -Verdad, Bondad, Belleza- es lo que más llama la atención entre aquel remoto período y el que vive Asklepios (o nosotros mismos). Por suerte, aún hay almas ilusionadas en este mundo... cueste lo que cueste.

Para mí la aventura siempre se perfila con un trazo indefinido, misterioso. Algo así como esto:

4 ago. 2011

Páginas dobladas (1)



Iba subida en los andenes del tren que cubría el trayecto Milán-Venecia. Tenía unos diecinueve años aproximadamente y fue la primera vez que doblé la página de un libro para señalar que lo que estaba leyendo era especial. Hay fragmentos de una novela o poemas que nos dicen a nosotros mismos, o tal vez consiste en que uno encuentra en esas palabras combinadas de esa forma concreta lo que hubiese querido expresar pero no logró. Copié la idea de doblar la página de mi vecino de vagón, que leía con avidez el periódico y doblaba alguna página sobre la que pretendía volver. Yo, que tenía entre mis manos a Machado, pensé que sería un buen ejercicio a partir de entonces.
Hasta hoy. Sigo doblando las páginas de los libros y he perfeccionado el sistema: subrayo el fragmento y tras ello, doblo la página por la esquina superior o por la esquina inferior. El orden no es aleatorio, tiene un significado: las páginas que desde hace más de diez años he doblado por la esquina inferior son imprescindibles para mí. Las otras, magníficas, pero en una escala menor. Ese es todo el misterio. Y desde hoy hasta que piense otra cosa, voy a compartirlas con quien se siga paseando por estos lares: no habrá orden, a veces no habrá comentarios sobre el fragmento, a veces no irá introducido por una imagen... Así de caótico y sin embargo, con tanto orden interno.
Asimismo, invito a los lectores a compartir sus fragmentos destacados, sus poemas reseñados o esa cita que se tiene por bandera. Leer lo relevante de cada uno es dar la posibilidad de leer al otro.

***

Página doblada 1
(esquina superior)

Escribir para el cajón significa siempre una especie de parálisis. Al igual que el actor no puede actuar a solas, en su dormitorio, porque sin público no actúa de verdad, sino que simplemente hace muecas de loco, tampoco el escritor puede escribir exclusivamente para la posteridad porque necesita cierto eco, enseguida, de inmediato (Gide, tras decidir que solamente escribiría obras póstumas, se dio cuenta rápidamente de que no tenía ganas de escribir).


¡Tierra, tierra!, Sándor Márai.