18 ago. 2017

Somos mayoría

La noticia del atentado nos llegó anoche, ya tarde. Estos días en Salerno, en otro país y con otros ritmos, vivimos un tanto al margen de los hábitos cotidianos, sin preocuparnos demasiado por nada, sin leer los periódicos si no viene al caso, disfrutando del entorno y de la compañía; sin embargo, cuando los familiares al teléfono nos preguntaron si nos habíamos enterado, nuestro gesto se cambió. 

Regresamos a la casa después del paseo nocturno sin cenar, perdimos el apetito, y casi en silencio, cabizbajos. Si acaso, nuestras palabras fueron para manifestar que los focos en los que habría que incidir con determinación para atenuar (y a la larga acabar) con esta sinrazón tienen que venir por que no haya exclusión social, y acto seguido, por la educación. 

Hoy seguimos consternados. Hemos pospuesto nuestra visita a Nápoles, de alguna forma también nosotros estamos de duelo. La barbarie nunca podrá con la bondad de las personas: el chico italiano perdió su vida por salvar la de su mujer y sus dos hijos, miles de personas se han pasado la noche donando sangre y repartiendo comida en los accesos a Barcelona para los conductores atrapados en los atascos interminables. El terror lo siembran unos pocos; la fe en el género humano, la mayoría de la civilización. 

10 ago. 2017

La belleza no necesita traducción

Ayer, buscando canciones italianas, di con la versión en español de Certe notti, de Ligabue. La puse por curiosidad y cuál fue mi decepción al escuchar el mismo discurso en mi lengua. La belleza no necesita traducción. Ciertamente. 
Hoy estoy haciendo un recorrido por artistas y música italiana: nada de lo que ponen en los bares de por aquí: guerra a la vulgaridad; parece que el reageeton (con todos mis respetos a los fervientes adeptos a estas melodías) ha inundado el mundo, así que vuelvo a lo no estrictamente comercial, y me reencuentro con álbumes de artistas que hace tiempo escuchaba, y me gusta... aquí estoy, disfrutando del buen café después de una buena comida italiana, de la buena música, de este sol, de este aire, de estas letras que tan bien suenan en su lengua original. Salute! 
Y para despedir este post, F. Battiato y La cura

A propósito del panadero y de la cajera del supermercado

Por mucho que te alejes en el espacio de donde habitualmente resides, siempre acabas arrastrando todo aquello que te pesa. Al final, no es el lugar ni los objetos lo que importa, sino más bien el equipaje inasible que llevas contigo. 
Hoy, el panadero de abajo me saludaba con cordialidad aclarándome los nombres de los diferentes tipos de panes; la cajera del supermercado me ha hecho un comentario sobre mi hijo con un tono familiar. Después de solo cuatro días en Salerno parece que de nuevo todo vuelve a ser como es, sin importar las distancias. Alguien me dijo hace mucho tiempo que no hay lugares lejanos: la mayor lejanía, a veces, se siente estando muy cerca. Poco importa dónde vayas porque lo que eres siempre va contigo. Es esta una ciudad de contrastes, pero tiene algo que me gusta especialmente, el caso es que aún no sé nombrarlo. Tengo casi un mes por delante para buscar las palabras. Entre esas palabras, tal vez, incluso esté yo. 

8 ago. 2017

Viajar. Volver

Mucho ha llovido, me dice ayer una amiga, desde que visitamos Roma juntas. Le respondo que sí, y pienso, aunque lo callo, que para mí ha llovido mucho más, si cabe, puesto que yo vine a esta ciudad por primera vez cuando aún estaba estudiando en la universidad y era, en todos los sentidos, joven. Ahora, la mirada contempla con emoción, sobre todo, el respeto por el paso del tiempo traducido en las fachadas del barrio donde me he alojado, el Trastevere. Sus calles bulliciosas y silenciosas a un tiempo, sus gentes sentadas a la puerta del bar Calisto jugando la partida de cartas, los batientes al exterior de madera oscura de las ventanas que se combinan con el colorido de las fachadas y las plantas verdes que escalan por los peldaños de los recónditos vicoli. Reencontrarme con ese mágico puente flanqueado por ángeles y comprobar que aún hay uno que me mira, levantar la vista hacia el cielo y otear allá por detrás de las piedras de siglos de historia que la luna sigue vistiéndose llena, como en otra era para los romanos que pisaban el Coliseo, para mí en esta noche; observar a mi hijo correteando divertido entre estas calles que nombran la civilización occidental y que, de alguna forma, también me nombran a mí, escucharlo decir sus primeras palabras en esta lengua que es mi segunda lengua, y sentir al despertarme que no estoy en el extranjero porque aquí también soy yo. Todo esto y mucho más significa Roma. Italia. Viajar. Volver. 

7 jul. 2017

Mi gran libro

Aquella niña tendría por aquella época unos ocho o nueve años, estaba sentada a la mesa en la celebración de una comida familiar: los abuelos, los tíos, los padres, los primos. El jaleo típico de aquellas comidas tiene un sonido muy similar al de hoy cuando llegan los días de Navidad. Pero aquel ruido se interrumpió poco antes del postre porque, de manos de su tía, llegaba un regalo para ella: envuelto en un papel había algo rectangular y duro. Lo abrió impaciente y la inundó la fascinación: era su primer libro. En la portada se dibujaban animales y colores divertidos, y en sus páginas había cientos de palabras que contaban historias. Se levantó corriendo de la mesa sin advertir que la llamaban para los dulces, sin escuchar nada más que el olor de las páginas, el color de las historias, las promesas de las figuras que iban a sumergirla en otras vidas. 
Se trataba de Mi gran libro de fábulas, escrito por un tal La Fontaine, aunque en aquella época ni siquiera sabía qué significaban aquellos sonidos raros que se asemejaban a la palabra "fuente". Pero no importaba, porque dentro la esperaban "La gallina de los huevos de oro", "La lechera", "La liebre y la tortuga", "El avaro que perdió su tesoro"... y tantos otros. Una tarde, al rescoldo de las brasas, tuvo la gran osadía de su infancia. Mirando el fuego, algo que le gustaba especialmente, y con el libro entre las manos, pensó que era su gran posesión, y decidió nombrarla. Buscó un bolígrafo, se sentó de nuevo, y con la caligrafía esmerada propia de su edad, poniendo las tildes en su lugar, colocó su nombre junto a sus dos apellidos en la primera página.

Desde entonces hasta hoy han pasado treinta años, y aquellas letras y aquella emoción me siguen embargando cuando contemplo el tiempo amarillo de sus páginas al pasarlas mientras le leo en voz alta esas mismas historias a mi hijo de casi tres años. Mi gran libro de fábulas para mi gran tesoro. 


21 jun. 2017

Fin de año

Cada vez llega antes... Hoy ha sido el último día que mis alumnos han venido a clase. Han pasado nueve meses entre las paredes de estas aulas, y en ese tiempo la simbiosis alumno-profesor hace que lleguen a crearse complicidades que se traducen en bromas que se comprenden a veces con una simple mirada, reprimendas por el trabajo sin hacer o felicitaciones que reciben orgullosos cuando saben que han alcanzado con éxito una meta. Son días y días conviviendo entre palabras, libros, ejercicios de creatividad y estudio. Hoy ha tocado el punto y final. Como despedida, quienes fueron alumnos míos hace ya cuatro años, han venido en mi busca para que retocase su discurso final de graduación (irán, el próximo año, a la universidad). Los he visto formales, graves en el asunto que trataban y tomándose muy en serio la tarea encomendada, afrontándola con madurez. Uno de ellos quiere ser ingeniero, el otro arquitecto, la otra psicóloga. Eran niños cuando vinieron a mi aula, cargados con aquellas mochilas pesadas que hoy pueden sostener sin dificultad. Se van del instituto camino de su vida de adultos.
En su discurso daban las gracias a los profesores, conscientes de que aprenden mucho más que contenidos curriculares: aprenden a ser personas. Yo no diría tanto, pero la verdad es que volviendo a casa me he preguntado seriamente qué aprenden de nosotros. ¿Qué les quedará en el poso de sus conciencias, pasados los años, de esta Isabel, la de Lengua, que les contaba más Literatura que Sintaxis? ¿Qué habré aportado, si es que algo he aportado, a aquellos niños que hoy son más altos que yo? ¿En qué quedan los nueve meses, y los otros nueve, y los cientos de redacciones corregidas, y los exámenes afrontados con mayor o menor éxito, y las complicidades, y las bromas, y las llamadas de atención, y las felicitaciones?
Sea como sea, gracias por buscarme hoy, y gracias por ese dibujo en la pizarra de quienes dentro de seis años cargarán con su título y se irán, como los que hoy se van, y pronunciarán su discurso de despedida. Feliz verano. 


25 may. 2017

[Fotografía de Juanan Requena: aquí]

 
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas 
 [...]
Mario Benedetti


Cada día soy más consciente de que este es nuestro gran trabajo cotidiano: defender la alegría, porque siempre hay circunstancias, hechos o personas que intentan ahuyentarla de nuestro lado. No lo consentiré: el valor de nuestros actos se determina por las consecuencias de estos. Defiendo la alegría en mi vida porque me la merezco. Como cada cual la merece en la suya. ¡Que no nos vapuleen los fracasos ajenos, las envidias maliciosas, la apatía cómoda, el pesimismo destructivo, la sonrisa ausente, las sombras amargas! Alegría por bandera, humor, y amor.

20 may. 2017

Frivolidades de género

Leo con estupor que la reciente ganadora de un sustancioso premio literario declara en una entrevista reciente que en España aún no hay una Angela Merkel a la que no le importe qué ponerse encima, no pasar por el tinte para esconder sus canas y no meterse un "chute" de botox en cuanto sea necesario, añade que vende más la imagen de una mujer pasando revista a las tropas que la de un hombre y que aún hay esperanza para este país porque hay mujeres muy valiosas... y algunas lindezas más que le han valido, junto a su novela y su imagen chic, ciento veinte mil euros del premio concedido. No he leído nada de esta señora, así que no puedo decir de qué tinte es su literatura según mi criterio (absolutamente personal, ya que es mío solo), pero si el autor -autora en este caso- me dice que la opinión de un personaje público se basa en un 90% en su imagen he de replicar que no, no casi todo está en la imagen: por ejemplo a mí me importa bien poco la cantidad de botox que lleve usted o cualquiera otra (según ella los hombres no necesitan recurrir a estos arreglos) en su cara, prefiero, antes que nada, hacer lo que he hecho esta tarde: teclear su nombre en Google e irme no a sus fotos, sino a una entrevista reciente para saber cómo habla, qué opina, cuáles son sus preferencias en la vida. De momento, así, a priori, no me interesa lo que puedan contarme sus personajes.

Soy absolutamente contraria al feminismo mal entendido: la sensibilidad, el tesón, el esfuerzo, la inteligencia, la capacidad de liderazgo y de trabajo en equipo, el humor, la diligencia en la resolución de conflictos, la organización, el entusiasmo... no tienen en exclusividad nombre de mujer: conozco hombres que bien encajarían en este patrón. Pero queda actual y moderno descalificar (por omisión) al género opuesto y abogar por la mujer porque en nuestra sociedad machista todo nos ha sido arrebatado, y ahora resulta que somos heroínas y estamos empezando a reivindicarlo. ¡Qué daño está haciendo esta postura que inclina la balanza de forma peligrosa! Quiero escuchar que uno no vale más que otro por ser hombre o mujer, sino justamente, por su competencia para desarrollar la función que se le asigne y su habilidad para compaginar todas las facetas de la vida sin perder el sentido del humor. 

Pues eso, frivolidades de género.



17 may. 2017

¿Es usted feliz?



El final de la entrevista que ayer tuve la suerte de ver en Pagina Dos contenía esta pregunta al entrevistado: Daniel Tammet. Era, hasta ayer, alguien desconocido para mí; hoy, sus títulos ya están anotados en mi lista de lecturas imprescindibles porque me cautivaron su sensatez y la sabiduría con la que abordó cuestiones muy relevantes para mí como el fomento de la creatividad en los niños. 

Si a un islandés se le pregunta qué tiempo hace, él responderá que se lo vuelvas a preguntar pasados quince minutos, ya que el tiempo en Islandia es, al parecer, bastante cambiante. Esa fue su respuesta a la pregunta: la felicidad no es algo que "sea", sino que cambia con velocidad. Se "está" o no feliz en momentos concretos. Algo así como el tiempo en Islandia.

¿Es usted feliz? Preguntémonos mejor: ¿estoy feliz ahora? Supongo que es lo máximo a lo que podemos aspirar. Lo demás son quimeras. Elogio del aquí y del ahora, aunque bien es cierto que el recuerdo sosegado también puede proporcionarnos esa anhelada felicidad. Buena lección la de Tammet. 


15 may. 2017

De tu boca

Desde hace unos días a mi hijo le ha dado por pedirnos, tanto a su padre como a mí, que los cuentos de antes de dormir no sean de los libros ilustrados que atesora en su estantería, sino "mamá, cóntame un cuento de aquí, de tu boca". La conjugación irregular de los verbos que él convierte en regular, unida a la idea de que el cuento sea inventado en voz bajita solo para él y con las condiciones que esa noche ponga (un elefante azul, la playa y el cocodrilo...) no dejan de sorprenderme. Me parece alucinante que ya haya descubierto que no hay artefacto más potente que nuestra propia imaginación; pero aún me resulta más curioso el paso que anoche dio: "No, mamá. No se llaman así, son Antonio, Hugo, Blanca y Alba. Y el papá no le dice que lleve la cesta como lo has dicho tú... le dice...". Y corrige mi entonación y lo que dice el personaje del cuento. 
A sus dos años y medio Darío ha descubierto que la creatividad y la fantasía son divertidas, y de ser espectador de los relatos de sus padres se ha convertido en el creador, en parte, de las aventuras de sus personajes favoritos. Acaba de dar el gran salto hacia la creación. 
Me fascina este hecho. Ojalá nunca deje de cultivar esa Fantástica.

7 may. 2017

Quien no siente la ilusión de regalar es que no siente.
Regalar es agasajar, romper el hielo según su etimología.
Hoy, las rosas acompañan a las madres.
¿Una ocasión para los comercios?
Es hermoso reconocer que nuestra labor de 24 horas, por un día, es especial.

7 abr. 2017

En los últimos tiempos siento, cada vez más, que me acerco a la esencia que transmitió Fray Luis de León en su Oda a la vida retirada. Y es que... qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo... Me espanto cada vez que asisto a un episodio de hipocresía, me alejo de las quimeras que engordan el ego del ser humano, me retiro de las batallas que lidian los enmascarados por la soberbia, me voy. A mí una pobrecilla mesa, de amable paz bien abastada me parece el más alto gozo que mis deseos, a día de hoy, desean. Y no creo que vaya por el mal camino: observo y sé que voy acercándome a lo importante.

5 abr. 2017

De repente, soy

"¡Eres guapíííísima!" Nunca un piropo me ha sabido tan dulce como el que anoche, de modo espontáneo, me regaló mi pequeño Darío. Lo dijo porque sí, sin ninguna motivación mientras le ponía el pijama y le cantaba que yo tengo un elefante que se llama Trompita, y mueve la colita... de repente me interrumpió y lo dijo como quien lanza la fórmula mágica que abre la cueva. Me miró atentamente para ver mi reacción, y acto seguido, me sonrió con dulzura. Quizás lo hizo porque se alegraba de estar conmigo después de un largo día en el que no pudimos pasar la tarde juntos por mi interminable jornada laboral; o quizás porque quería arrancar una sonrisa de mi gesto, irremediablemente, cansado. 

Sin ser muy consciente de ello y sin previo aviso, en mi vida, me he convertido en una mujer guapíííísima, pero no solo eso: también en una "princesa rosa". Cada noche, antes de esconderse bajo la almohada para que no lo alcance ningún monstruo que haga"uuuhhhh", se despide de mí con ese título tan alto al que le ha asignado un color que, entiendo, adjudica al género femenino. 

He sido muchas personas a lo largo de mis treinta y tantos, siempre con la misma sustancia, pero diferente; sin embargo, nunca he ostentado cargos ni atributos tan importantes como los que un hijo otorga a una madre.

30 mar. 2017

La realidad paralela



Contemplo un mar en calma. Debe de ser al amanecer... tal vez no, tal vez esté anocheciendo. Tras recorrer algunos callejones muy estrechos vestidos con piedras antiguas y niebla densa, llego a ese horizonte inmenso que detiene mis pasos. Observo el infinito tras la línea del agua, y una paz inusitada recorre mi piel. Es un ahora impreciso, también un lugar que podría ser una Venecia desierta o una ciudad con mar llena de historia o un escenario de Tarkovski. Decido avanzar despacio, recorro la orilla sintiendo cada paso que doy, controlando cada inspiración y expiración, haciendo que entre en mí tanto aire y tanta belleza. Llego a un recodo donde me interno en un templo en ruinas. Me he sumergido en la vieja Roma, aquella del Foro que cuenta de dónde venimos y lo que somos. Sé que estoy asistiendo a un sueño. Cuando soy consciente,  no dejo de pensar que a veces es más real la realidad parelela que la que habitamos llamándonos despiertos.

17 mar. 2017

Todavía

El próximo martes se conmemora el día de la poesía. Ayer se me ocurrió plantearles a mis alumnos que eligiesen su poema favorito e hiciesen un montaje ilustrado o una representación simbólica de este (en una cajita escondida, o atado por cuerdas, o en papel de seda... dependiendo de qué les transmita: intimidad, fuerza, fragilidad...). Es una idea sencilla, pero que los ha puesto a leer poesía y a imaginar cómo representarla. Hoy me preguntaban ilusionados cómo llevar a cabo algún detalle concreto, qué imagen hacer, qué material utilizar para esas alas al viento...
Anoche pensé qué poema habría elegido yo si me hubiesen lanzado ese reto a su edad. Y lo tuve claro: "Todavía", de Mario Benedetti. Lo habría ido montando, verso a verso, sobre los peldaños de una escalera construida con madera: ascender en el poema, como en la escalera, cobraría el significado de volver a estar juntos; bajar la escalera conduciría de nuevo al abismo del sueño de ascender. En el fondo, el amor tal vez sea una escalera de doble dirección y, a decir verdad, nunca sabes bien en qué tramo te encuentras, ni siquiera, a veces, en qué dirección vas. 
Aquel poema lo recité de memoria decenas de veces. Seguramente no es el mejor que se haya escrito en lengua castellana, pero la poesía es mucho más que la catalogación entre gran poesía y poesía con minúsculas, el poema es el cómo sea sentido por el lector, es cuánto le hable de sí mismo, es cómo le toque el alma a quien se acerca a la palabra. Y yo, a la edad de mis alumnos, sin duda habría elegido este. Anoche, rememorándolo, volví a emocionarme. Y me supe lejana: ha pasado la mitad de mi vida.


10 mar. 2017

Somos fragilidad

Admiro a Muñoz Molina. Lo digo así, sin más. Con él viajé a La noche de los tiempos en un momento en el que necesitaba nombrar una pasión; fui a paraísos en los que sentí el calor de las palabras colocadas en su lugar exacto durante la estación de El invierno en Lisboa. Aquel verano terrible en el que estaba más perdida del mundo y de mí misma que en ningún otro momento, viví en Cabo de Gata bajo El viento de la luna... Y así podría seguir enlazando obras y vida. Él dice lo que cualquier ser humano puede sentir de una forma que pareciera fácil, natural, sin artificio, producto, por ello, de una enorme destilación del lenguaje y del trabajo de alguien tocado por la varita mágica del don de la palabra. 
Desde que inicié mi blog, que solo leen una o dos personas (mi marido y quien cae por casualidad por aquí), enlacé su página Web en el recuadro de aquí al lado. Hoy me he tropezado con esto que cuenta a propósito de la comida con un amigo suyo científico: 

Dice Luis que una de las cosas que más le cuesta comprender a la inteligencia humana es lo frágil que es todo, lo a punto que ha estado siempre todo de no suceder, lo fácilmente que se desbarata lo que existe. 
[Extraído de aquí]

Pues eso: lo fácilmente que se desbarata lo que existe. A veces basta una palabra, un gesto; otras, incluso, es suficiente con una intuición.

6 mar. 2017

Lo que de verdad importa



            Juega al corro chirimbolo cogido de las manos de la abuelita, llamando al gato Rubén para que participe en el juego. Entre cántico y cántico, yo, al otro lado de la ventana, palpo con una corporeidad asombrosa la velocidad del transcurso del tiempo: muchos años atrás escuchaba en este mismo lugar aquel CD de música titulado “canciones chulas de verdad”. El escenario era el mismo, pero frente al calor de la chimenea había otra gente que sentía la casa de la huerta como un espacio entrañable, desfilaban por mis inquietudes otros sueños que hoy se me antojan quimeras de juventud, miraba el presente porque nunca se me antojaba mirar hacia atrás ni mucho menos hacia delante, escuchaba el chirriar de la leña en el fuego que igual que hoy preside la estancia, pero no sonaba con aire de nostalgia.
            Han pasado los años. Más de tres lustros. Al otro lado de la ventana el juego ha derivado en correr tras la pelota. Suenan de fondo el "gol" cada vez que la pelota da en la pared acompañado de las risas de mi hijo, que ya cuenta en su haber con dos años y casi seis meses. Él es quien verdaderamente me ha atado a la vida: sé que su presencia me instala más allá de cualquier tiempo, que antes de él yo era quien hoy ya ha dejado de ser. Entonces no miraba, no escuchaba, no estaba atenta: hoy mis cinco sentidos giran por él, contemplo el mundo y si tengo ganas de mejorarlo es más por él que por nadie. Que se pare el tiempo porque este es mi gol a la vida. El significado de un hijo trasciende la propia existencia. Quizás nos dé un sentido verdadero.

14 feb. 2017

Ella



La vida te zarandea
entre gozo y displicencia,
y sucumbes sin dudar
ante aquello que negabas: 
te sabes otra, distinta.

No serás, acaso, ya
hoja en el agua marchita,
sol oscuro en la mañana,
mar callado sin sus olas.

Rememoras viejos tiempos
en los que fuiste dichosa.
Hoy, miras a tu alrededor
y aceptas serenamente
que todo sea como es.

Cómplice, le susurras
a la yo que fuiste tú
que vives y que viviste.

11 feb. 2017

La vida está llena de estas cosas sin explicación

Volví a ver anoche, una vez más, Los amantes del círculo polar (Medem, 1998). No sé cuántas veces la habré visto ya, hay partes del guion que puedo recitar de memoria. Otto y Ana son dos destinos paralelos. Perciben el amor en la presencia pero aún más en la ausencia. Se saben, se intuyen. Y a mí, su historia, me habla. Se aleja de los parámetros del romanticismo tópico para entrar en la originalidad de una relación que se sustenta en las intuiciones. Me gusta pensar que la casualidad existe. Y me emociona saber que hay verdades que son de película. 

10 feb. 2017

El orden de los factores sí altera el producto

Eran las 13:35 h. cuando entré a mi clase de 1º de Bachillerato con una actividad bajo el brazo cargada de esperanzas. No es buena hora (la última lectiva) ni buen día (un jueves, víspera del viernes); pero son buenos chicos e ideé para ellos lo siguiente:
Escribí la "Página doblada" del día en la pizarra que reza así:

"¿Qué vale más en este mundo? ¿La Divinidad o la persona? La persona, sin duda. Mientras estemos en la Tierra, debemos tratar mejor a los semejantes que a los dioses, porque la Divinidad habita en los demás. Más bueno es donar a los hombres que a los templos".
                                                                             Miguel Espinosa, Asklepios

Y entonces les leí el poema "Cantares" (Abonico, 1917) de Vicente Medina. Dice así:

Yo escuché las maldiciones
y vi los ojos con lágrimas...
¡de los descorazonados
que partían de la patria!

Hacinados en los buques
vi los descorazonados...
¡yo vi la trata de negros!...
¡yo vi la trata de blancos!...

Ancho camino es el mar
y parejico y derecho...
¡Qué parejico está el mar!...
¡qué parejico de muertos!

 A continuación les proyecté un pase de fotografías con banda sonora de Moby. En él se visualizan 60 imágenes del trabajo del gran Samuel Aranda sobre la inmigración. Comenzaban con esta:



Después, con fondo musical, habían de ir relatando la historia de Diko, un niño que ha llegado a nuestro país desde Camerún. Sus ojos se encendieron al hilo de las imágenes, y cuando les lancé la red para capturar algo de su fantasía, vi que en ellos brotaba una chispa de ingenio: quisieron que los finales de sus historias fuesen positivos, optimistas. 

Al finalizar la clase algunos se acercaron a mi mesa para decirme que les había gustado mucho la actividad. Uno de ellos me comentó que iba a dar a su historia un final triste, yo le repliqué diciendo que prefería que fuese un final esperanzador. Y él, con esa fuerza que da la juventud, me respondió que primero desaría contar lo bueno porque no le gusta lo que ve, pero que desgraciadamente el orden es el inverso, así que, profesora "primero, denuncio lo que me parece injusto; después, cuando pueda, cambiaré el mundo". Ojalá pueda.

7 feb. 2017

Diario de algunas cosas

Hoy me despierto con Darío a mi lado susurrándome: "Buenos días, mamá". Después, la rutina del desayuno con su inapetencia y sus ganas de jugar. Vamos a darle de comer a las palomas antes de entrar en la guardería, pero declino el paseo y me vengo rápida al instituto: la prisa... esta compañera inoportuna que me hace estar en tres lugares a la vez, como mínimo.
Llego a tiempo de hacer copias. Entro en la clase de 1º de Bachillerato e inauguro la sección -que será diaria- "Páginas dobladas". Y les digo que yo estuve en un tren entre Milán y Venecia una vez remota en la que fui adolescente, como ellos, y que fue allí donde vi a mi vecino de vagón doblar la esquina del periódico que leía con avidez. Y que compartiré con ellos esas páginas (sentencias, fragmentos, poemas...) que me hacen o me nombran o acaso nos cifren a todos.

En letras grandes, en la pizarra, la silueta de las palabras acompaña sus silencios expectantes:

"Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es utopía ni locura sino justicia". 
M. de Cervantes, El Quijote.

2 feb. 2017

"Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar", M. Ende

Son tiempos aciagos para la lentitud. En nuestro mundo de hoy toca vivir a un ritmo frenético: viajar en avión (para perder la noción de la distancia exacta que nos separa de un punto y "estar" en la otra parte del mundo sin haberte percatado del camino); buscar en el sabelotodo Don Google cualquier duda para que esta deje de existir al instante (aunque te proporcione un conocimiento superficial del asunto); comunicarte con los tuyos para avisar de que estás yendo, de que ya vas por el medio del camino, o de que ya has llegado, e incluso de que justo ahora has subido a casa, etc.; colgar en la red tu vida en treinta caracteres porque para qué más; subir la foto que deja constancia de que estás ahí para que haya un montón de "me gustan" detrás y te sepas aceptado y gustado por la comunidad conocida y también por la desconocida... y un largo etcétera que cada uno podrá engrosar sencillamente con pararse un minuto a observar su día a día.

En este contexto hoy se me hace necesario volver a sentir la calidez de aquella dulce niña llamada Momo que escuchaba a los adultos sin tiempo: ella se detenía  y les prestaba atención mientras, casi sin hablar, ellos iban hilando sus vidas. Sencillamente, escuchaba. Más que una virtud del personaje de Ende, es una actitud: si todos escuchásemos con todos los sentidos, seguramente las consecuencias se harían visibles a medio plazo. 

¿Qué relación tendrá nuestro modo de vida apresurado con la necesidad de triunfo de algunos, con la sed de éxito porque sí -a veces sin sustancia en la que basarlo; o peor, basándolo en las ideas ajenas-, con la costumbre de pasar por encima de todo lo moral y lo inmoral para estar en el lugar antes que nadie y llenarse las solapas de galones? ¿Para qué trepar tan rápido por las jerarquías de cualquier orden si en el camino no te nutres del silencio que te llena y te forma como persona? La hipocresía y la superficialidad van, por el mundo de hoy, corriendo.


1 feb. 2017

El orden del caos

Vengo reflexionando desde hace unos días qué sucedería si yo fuese una persona ordenada y metódica, ya que no lo soy. Y casi mejor, después de pensarlo, me quedo como estoy. Resulta que pierdo cosas:  no es que desaparezcan de mi casa o del instituto en el que trabajo; sino que no las encuentro. He logrado, con el paso de los años, establecer un lugar fijo para dejar las llaves de casa y del coche, y es un éxito para mí constatar que cada vez que me voy sigan en el lugar establecido. Sin embargo, todo lo demás, no tiene su espacio. Hay apuntes que van y vienen, recortes de periódicos, textos para su comentario o análisis en clase desperdigados por carpetas físicas y virtuales, fichas de lectura, notas sueltas de un libro que quiero leer o una película que ansiaba ver o una canción imprescindible que tengo que volver a escuchar, un calcetín viudo que tal vez espera encontrar su compañero en el paraíso de los calcetines olvidados, una camiseta interior con el escote amplio que me vendría muy bien ahora con este jersey, esos zapatos negros de tacón alto que juro haber guardado (ordenados) en una caja que ahora está desaparecida. Porque esa es la otra clave: si ordeno algo según el lugar que debería corresponderle, nunca más lo volveré a encontrar.

He de decir en mi defensa que no soy la única de este mundo que vive en ese aparente desorden, ya que entre todo eso que no está clasificado siempre acaba apareciendo lo que necesito. Y es que el desorden guarda en sí mismo un orden interno, el caos se organiza en torno a motivaciones. Y es ahí donde surgen analogías y desde donde empieza lo que considero uno de mis atributos más divertidos: la creatividad. ¿Qué sería de mí sin las asociaciones increíbles?