29 nov. 2010

François Cheng y el arte

Paolo e Francesca da Rimini, Rodin

“Una creación artística digna de ese nombre, al enfrentarse a todo lo real, debe mantener los dos designios: tiene que expresar, desde luego, la parte violenta, sufriente de la vida, así como todas las formas de perversión que esta vida engendra, pero también tiene como deber continuar revelando lo que el universo vivo encierra en cuestión de belleza virtual. Cada artista, en definitiva, debería cumplir con la misión asignada por Dante: explorar a la vez el infierno y el paraíso. De hecho, una de las pruebas de la existencia de esa belleza virtual se encuentra en la creación artística misma. En ella, la búsqueda de la belleza, de la forma y del estilo –aunque esa belleza, necesaria, nunca es suficiente- es la marca que distingue una obra de arte de las demás producciones humanas de finalidad utilitaria. El arte auténtico es en sí una conquista del espíritu; eleva al hombre a la dignidad del Creador, hace surgir de las tinieblas del destino un relámpago de emoción y de goce memorable, un rayo de pasión y de compasión compartible. Por sus formas siempre renovadas, tiende hacia la vida abierta derribando los tabiques de la costumbre y provocando una manera nueva de percibir y de vivir.

[…]

El arte es siempre la cristalización de un “aquí y ahora” aparentemente provisional, la elevación de una presencia en el tiempo como advenimiento. Por las formas realizadas que reactivan el gran ritmo, es para el hombre el medio supremo de desafiar al destino y a la muerte”.

François Cheng, Cinco meditaciones sobre la belleza,

Madrid, Siruela, 2007. Pág. 80.


Al leer esta página en voz alta a un receptor con el que me encanta polemizar y poetizar me dijo:

-¿Y cuál es, para ti, la realización práctica de ese pensamiento abstracto?

Mi respuesta fue inmediata: el párrafo donde Muñoz Molina describe los horrores de la guerra en La noche de los tiempos, las pinturas negras de Goya, la Pasión según San Mateo de Bach, y así un largo etcétera.

El arte surge de un conflicto: es el infierno y el paraíso de Dante, es la historia desgraciada de Paolo y Francesca contada de la precisa forma en que él lo hace, es el recuerdo de los tiempos felices desde la agonía del dolor presente en los versos:


Amor, ch'a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m'abbandona.
E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa 'l tuo dottore.

Divina Comedia,
Dante. "Infierno", Canto V.


Me parece acertada la idea de que el artista, en el momento de la creación, es un “dador de forma”: de la nada surge un mundo posible hecho materia que huye de la cotidianeidad. Es la vía por la que el hombre se sitúa sobre el tiempo y el espacio. Es el Arte con mayúsculas. Sin embargo, me gustaría lanzar una pregunta a propósito de esta idea: ¿realmente una obra de arte surge de la nada? ¿No es, acaso, una forma distinta de expresar o decir lo ya dicho? ¿Qué es, entonces, Arte?


Y Chopin para la inspiración:

http://www.youtube.com/watch?v=BczgDb9-ctQ


22 nov. 2010

Luz llena de luna



11

ahora

en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada


Alejandra Pizarnik



Y esta canción... Blue Moon, B. Holiday


15 nov. 2010

En busca del instante sucesivo


"Toda belleza está precisamente ligada a la unicidad del instante. Una verdadera belleza nunca sería un estado perpetuamente anclado en su fijeza. Su advenir, su aparecer ahí, constituye siempre un instante único; es su modo de ser. Puesto que cada ser es único y cada uno de sus instantes es único, la belleza reside en su impulso instantáneo hacia la belleza, constantemente renovado y cada vez como nuevo".

François Cheng, Cinco meditaciones sobre la belleza.
Madrid, Siruela, 2007. Pág. 22.


Si somos únicos y nos mueven los instantes, entonces está predestinado que la belleza del mundo nos rodee con sus manos. Digamos que el ser humano ansía, por lo tanto, el instante sucesivo. Como la ola brava y sobrecogedora que se renueva en cada envite.


Y la música... escuchen y disfruten:
Yo-Yo Ma...

4 nov. 2010

Moneda de canto


CARA

He vuelto a las aulas universitarias: tras casi diez años de adiós al lugar del que salí con un título en la mano, he vuelto a sentarme en los pupitres de la Facultad para darme cuenta de que viví en la prehistoria de la educación. Nadie puede imaginar el calibre de mi sorpresa al ser testigo de que la mitad de los alumnos que asisten al curso pasa el rato conectado a Facebook o a Twiter (ya no se lleva aquello del Messenger, ¡qué anticuada me quedé!). Ahora, los jóvenes de los que me separan no demasiados años –y sin embargo me siento en las antípodas de esa juventud- se dedican a enviar sms, no tienen ningún pudor en llevar el móvil conectado y con sonido (incluso se salen al pasillo a hablar si el aparatito suena), se afanan en chatear con los colegas sin importarles que delante de ellos, de nosotros, haya alguien que intenta enseñar algo. Y yo, atónita, contemplo el espectáculo con escepticismo.


CRUZ

Esta mañana, un alumno de 15 años, con una amplia sonrisa que denotaba esa especie de orgullo que uno siente al saber que ha conseguido un buen resultado en algo, al terminar su examen sobre lírica medieval me ha dicho: “Profesora, me he aprendido una jarcha en mozárabe y te la he escrito”. Otra alumna me ha pedido que le mande un trabajo extra para subir nota, porque sabe que no ha sacado un diez en el examen y quiere un diez; y me ha razonado sus motivos. Luego, una tercera alumna de la misma edad me ha pedido por favor que le corrija unos esquemas, voluntarios, que ha hecho para repasar contenidos; en el reverso del folio le he puesto: “Excelente. Probablemente sea lo más valioso que yo pueda enseñarte: una buena técnica de estudio. No dejes de hacerte esquemas”.


CANTO

¿Qué sucede en la enseñanza? Una cada vez sabe menos de todo, pero si de algo estoy convencida es de que gracias a ese grupo de alumnos que me ha devuelto la esperanza en mi labor, no todo está perdido. Habrá redes sociales, habrá tecnologías que ahorren tiempo para luego “derrocharlo” en mirar las fotos de la amiga del amigo de mi amiga, habrá aulas sobredotadas con cien personas que parezcan distraídas. Sin embargo, hoy siento que de esas cien habrá al menos dos o tres interesadas, dos o tres que tendrán ilusión con llegar un paso más allá: el paso de aprenderse la jarcha en mozárabe o de hacer un trabajo extra, por ejemplo.

La cara es inseparable de la cruz de la moneda. Por suerte, siempre existe el ángulo del canto, y acaso sea en éste donde podamos situar esa especie que todavía nos permita confiar en el futuro de este mundo.


Y una ilustración musical: Los chicos del coro