4 dic. 2015

Paradoja


Me senté, dispuse mis nervios en orden, ralenticé el ritmo de mis pensamientos y dejé fluir la emoción que brota cuando defiendes ante un tribunal experto más de diez años de trabajo, desde aquella lejana primera vez en la que recorrí una ciudad con una guía de viajes tan peculiar que no lo parecía. Entonces me atrajo la textualidad del viaje y, finalmente, lo llevé hasta el lugar desde el que creo que puedo aportar algo a la sociedad: las aulas. El pasado día 30 defendí mi Tesis Doctoral, 1014 páginas repletas de trabajo, esfuerzo, ilusión y reflexiones hondas sobre el turismo de masas, el viaje imposible y la educación actual. Ahora soy  Doctora; sin embargo, me siento viuda: no tengo que terminar el trabajo de tantos años. De repente, todo ha sido. Fue. Y ahora, ¿qué nuevo camino emprenderá mi espíritu aventurero?


16 nov. 2015

Vi su título al azar cuando buscaba un ensayo sobre el viaje. Me atrajo tanto que fui a buscarlo al día siguiente. En sus páginas reza que hemos de vivir el presente y dejar atrás los pasados ya que no son más que quimeras; sin embargo, no lo entiendo así: somos quienes somos en nuestro presente, pero el ser humano se forja por lo que vivió casi en la misma medida que por aquello que nunca vivió pero siempre soñó. Ambas cosas, pasado vivido y soñado, forman la esencia misma de lo que nos constituye. Anoche, en mi rato cotidiano de insomnio, ese que ya empieza a convivir conmigo como hace muchos años sucediera, pensé en que yo no hubiera sido la misma si hubiese decidido ser actriz (mi "sogno nel cassetto"), ni ahora escribiría estas líneas si debajo de mi piel no habitase la otra yo, esa que piensa, siente y vive en la vida que nunca vivirá. El libro es Biografía del silencio, de Pablo D'Ors. 

7 nov. 2015

A las 6

Esta mañana, despierta desde muy temprano por un sueño inquietante que me ha venido a visitar, la niebla cubría el cielo de la ciudad que parecía dormir ajena a todas las vidas que la habitan y sin saber que, desde el balcón, una mujer observa este paisaje desierto de la realidad tras volver de ese otro mundo que la ha acechado en las horas previas.

Entonces he recordado este párrafo:

È delle città come dei sogni: tutto l'immaginabile può essere sognato ma anche il sogno più inatteso è un rebus che nasconde un desiderio, oppure il suo rovescio, una paura. Le città, come i sogni sono costruite di desideri e di paure, anche se il filo del loro discorso è segreto, le loro regole assurde, le prospettive ingannevoli, e ogni cosa ne nasconde un'altra. I. Calvino, Le città invisibili.

¿Por qué será que Calvino siempre me da claves para comprender el mundo? ¿Cuántas veces volveré a él para identificarme con la vida o con mis sueños?




22 oct. 2015

Hoy

Que el día amaneció cargado de optimismo, quiero lanzar un poco de luz a mis halos. 
Me despertó mi hijo Darío muy temprano dándome un mar de besos, parecía saber que hoy cumplo un año más. La mañana me ha deparado desde ese momento gratas sorpresas, entre otras el afecto impagable de unas cuantas personas a las que estimo. 

Hace solo dos días que la vida me dio una lección: asistí a la escena más terrible de cuantas he vivido hasta ahora. Y a lo largo de esa mañana en la que contemplé cómo el horror llenaba mi avenida de muerte y un largo silencio que estremecía el alma más que el estruendo de la tragedia, fui dándome cuenta de que la lección está clara: hay que vivir, con mayúsculas, aspirar cada rincón de aire, no pensar demasiado en qué hubiera podido ser ni en qué se es, sino estar en el aquí y el ahora, extraer lo mejor de uno mismo para ofrecérselo a los demás. El resto es poco importante: las necedades cotidianas, las frustraciones o quimeras hay que barrerlas hacia otro lado. No tiene sentido anclarse en ellas. 

Hoy cumplo 36 años, y vivo. Vivo la vida que he elegido: tengo un hijo maravilloso que cumplió un año un día muy especial, el 21 de septiembre; tengo un marido que me regala la Literatura en su propia persona; conservo unos pocos amigos que son un abanico de tonos azules que me reconcilia con el día a día (hoy mismo, Iñaki me ha regalado la primera edición de Campos de Níjar, un tesoro...). Sigo conservando la ilusión por enseñar (y dentro de unas semanas defenderé esa ilusión delante de un tribunal en forma de Tesis Doctoral), tengo una familia estupenda y en lo más recóndito de mí misma, incluso en los días grises, conservo mi sonrisa.

Nada más, y nada menos. Solo una rendija de luz por mi ventana al mundo, ahora bastante descuidada, pero nunca olvidada.




9 jul. 2015

Subrayé en Pessoa: "Tudo començo é involuntário".

                                                            A. Muñoz Molina

Todos los comienzos son involuntarios. Miro atrás y sé que es así: los inicios de las grandes historias, como los inicios de las grandes novelas, nacen de la belleza sin retórica de la naturaleza misma, del fluir del azar, de las casualidades que nos hilan en un tejido llamado vida. 
Si pienso en inicios me viene a la mente un campo semántico personal en el que se dan la mano "luna", "mar", "noche", "flecha", "instante", "luz", "cuento"... 
Cada una de esas palabras podría encabezar la historia, iniciar la trama, urdir la literatura de la realidad.
Y tú, ¿cuál es tu inicio, tu palabra?


29 jun. 2015

"La pequeña"

Tirabas de los bajos de mi vestido para que te hiciese caso, te pegabas a mi pierna por el pasillo de la casa y no me dejabas escapar sin ti. Querías mi libro aunque estuviese en una estantería inalcanzable para tu corta estatura. Me maquillabas con rotuladores las muñecas que escuchaban mis historias. Cogías la silla en la que me sentaba frente a la chimenea de casa para saltar sobre ella de forma temeraria. Me quitabas la bicicleta nueva de la que yo me caía (siempre tan torpe) y en la que tú te lanzabas cuesta abajo sin mirar... Anhelabas lo que yo tenía porque sí, sin motivo, porque es condición del niño desear lo que ve, y sé que también me querías a mí. 
Yo tenía la necesidad de estar pendiente de ti, eras pequeña, "la pequeña" como decía mamá; en verdad tan pequeñita e indefensa... Han pasado casi treinta años y a veces creo que aún  lo sigues siendo. Estas últimas semanas he vuelto a tener aquella sensación de hermana mayor que me decía que tenía que cuidar de ti y cogerte de la mano al cruzar la calle.

Supongo que los patrones de nuestra personalidad que cincelamos en la más temprana infancia son los que nos acompañan toda la vida.


11 jun. 2015


Darío intenta coger la lluvia. Me mira divertido advirtiendo cómo se le escapa entre los dedos.
Como la vida misma: lo esencial es inaprensible.

7 jun. 2015

Papel




Desde hace un par de años manejo un ebook, regalo que me ilusionó y que he utilizado sobre todo en las lecturas nocturnas, donde su luz me facilita el acercamiento a las palabras casi de forma recóndita como cuando era una niña debajo de las mantas.
Sin embargo, desde hace unos meses tengo una imperiosa necesidad de volver a tocar las letras, de pasear mis dedos por las esquinas de las páginas de forma suave, de doblar sus páginas, de subrayar con la ayuda de un lápiz todo aquello que encienda una idea en mí: dispongo de tan poco tiempo libre que el que dedico a la lectura quiero que sea de absoluta calidad. 
Mi madre me ha regalado la última novela de Muñoz Molina, y hoy, primer domingo de junio, me encuentro paladeando algunas letras, oliendo lo que parece que va a ser una nueva historia en Lisboa, acariciando el papel, sopesando las 509 páginas que me acompañarán, degustando el sabor a nuevo, a historia tangible e imaginada. Y tengo premoniciones de futuro: vendrá conmigo debajo del árbol del parque, irá en mi bolso, se meterá en la cama acompañándome en las horas de insomnio... 
Vuelvo a lo de siempre, a lo originario, a lo que necesito para saberme en armonía con la Tierra que piso: una buena infusión, una novela en papel, un lápiz para subrayar, un espacio para mí.

5 jun. 2015



Abandonar todos los deberes, incluso los que no nos exigen, repudiar todos los hogares, incluso los que no fueron nuestros, vivir de lo impreciso y del vestigio, entre gandes púrpuras de locura, y encajes falsos de majestades soñadas... Ser algo que no sienta el peso de la lluvia exterior, ni la congoja del vacío íntimo... Errar sin alma ni pensamiento, sensación sin sí-misma, por caminos bordeando montañas, por valles sumidos entre laderas empinadas, lejano, inmerso y fatal... Perderse entre paisajes como cuadros. No-ser a lo lejos y en colores...

Fernando Pessoa,
Libro del desasosiego

2 jun. 2015

 

Parece mentira que hayas días que rezumen tanta vida. Darío duerme debajo de este árbol; mientras, entre mis manos, la lengua de Cortázar que me dice: "No sé exactamente de qué hablábamos, había anochecido y las lámparas jugaban con los halos del humo. Sólo recuerdo gestos y movimientos, sé que estábamos un poco distantes como siempre antes de una despedida, sé también que no habíamos hablado de un nuevo encuentro, que eso esperaba el último momento si es que realmente esperaba". 

Levanto la vista y miro el espectáculo del sol entre las ramas; bajo la mirada y es de noche, y el tiempo de Verona ha concluido, y no volverán a verse, y la veo irse escuchando su nombre por última vez "como quien echa una botella al mar". A mi lado, Darío, por su barco de sueño, no escucha el eco de estas palabras.


28 may. 2015



La metamorfosis

Entonces soy los pinos
soy la arena caliente
soy una brisa suave
un pájaro liviano delirando en el aire
o soy la mar golpeando de noche
soy la noche.
Entonces no soy nadie.

Idea Vilariño


20 may. 2015

¿Qué es el viaje?

Llevo años dedicándome a leer y a escribir sobre esta cuestión, motivada por aquella primera vez que cogí un tren que me arrojó sin guía a una estación lejana donde se hablaba una lengua con tono musical y que después habría de recordar como el viaje que me descubriría a mí misma. 

Desde hace meses llevo cuestionándome algunos aspectos que a veces me restan horas de sueño, y de pronto esta mañana he sentido con lucidez una sensación lejana, propia de mí y que casi había olvidado: se traduce en la añoranza de subirme a un avión, despertarme desubicada en cualquier lugar extranjero, salir a la calle y perderme (tal vez para encontrarme), comer lo que no suelo y beber esencias distintas; saber que sin ser, sigo siendo yo.

Hay muchas definiciones del viaje, muchas teorías y cientos de párrafos que podría reseñar; sin embargo, hoy dejo una imagen. Aparece una mujer sentada en una escalinata semicircular. Los coches están aparcados en una ligera cuesta, hay uno blanco que se dispone a salir y que, en la imagen queda detenido para siempre en ese inicio del movimiento, nunca llegará a su destino. La mujer mira la escena -apenas intrascendente- fijándose en la tienda de discos antiguos que hay unos pasos más allá. Lleva colgada una mochila a la espalda y, en su brazo, un abrigo que no necesita. Es el escenario elegido por Woody Allen, y esa misma escalinata ha quedado para siempre en la historia del cine. En su interior, escucha los sonidos del jazz, las campanas sonando en la medianoche -cuando todo empieza, como una Cenincienta al revés-, y sabe que no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque la condición humana quiera creerlo así. Salta el clic, la foto está hecha. 

La mujer ya no estará allí, la furgoneta habrá emprendido su camino, la tienda de discos quizás ni siquiera exista. Pero en la retina guardo aquel momento, ese "estar" en el mundo, descubrir el lugar por casualidad, saborear el instante y la sorpresa. 

Lo que queda del viaje es, tal vez, lo que aún late cuando se mira el recuerdo. Fui.

[París, 29 marzo 2014]

17 may. 2015

Páginas dobladas (7)


     Pero ¿vivo, acaso, entera? ¿Es suficiente?
     Nunca lo ha sido. Y, ahora, aún menos.
     Al elegir, rechazo: no existe otro método;
     pero cuanto rechazo es más numeroso,
     más denso, más insistente que nunca.

          W. Szymborska,  
          Paisaje con grano de arena

26 abr. 2015

Fatalidad




Mi yo es una historia, nunca un hecho; no puedo conocerme sino investigando las disposiciones que fui y soy; tampoco puedo hablar de mí mismo sin relatar los resultados de tal investigación (…). Niño es una calidad; joven, otra; adulto, otra. Es imposible recobrar las calidades perdidas, porque lo pasado no retorna, y ningún instante se repite, no obstante la opinión de muchos antiguos y modernos. El recuerdo es nuestro espíritu. 
Miguel Espinosa, ASKLEPIOS

He desayunado leyendo en el periódico cómo la tierra se ha tragado miles de vidas y siglos de historia en un lugar que nunca he visitado pero que siempre ha sido referente de mi fatasía: Nepal. Desde hace años perseguía los documentales de viajes que recorrían su territorio y he buscado lecturas y reportajes que me llevaran a viajar a ese territorio tan peculiar del planeta. Hoy, viendo las imágenes de esta tragedia en televisión, no puedo más que evocar un antiguo recuerdo.



Estamos en septiembre de hace diez años, y acaban de entregarme el dormitorio nuevo que habitará la casa que acabo de comprar. Esa misma tarde he bajado a la tienda de lámparas que hay junto al edificio y he adquirido las que darán luz en la mesita de noche: tamizan la bombilla y se desprende un tono anaranjado. En la pared cuelga un cuadro en el que se atisba un personaje contemplativo que, sentado, mira hacia la luna llena. 
Estoy acostada y leo un ejemplar de la revista Siete leguas, una combinación perfecta de textos e imágenes que me transportan a todos esos paisajes que nunca he visto pero que siempre he querido recorrer. Entre ellos, en aquel número, Katmandu, "la ciudad de los dioses" según Franciso López- Seivane. Como siempre, hojeo las páginas del reportaje y contemplo las fotos del lugar: son ambientes llenos de niebla, de sol, de gestos, de templos y pagodas, de color y bullicio, de ensoñación. Leo que hace años los hippies ocupaban las escaleras de los templos de Durbar Square, que el ritmo de la vida allí no tiene nada que ver con la percepción del tiempo de un occidental, que las mujeres se reúnen para ofrendar pétalos de flores a los dioses, que hay rincones que parecen un recoveco del tiempo. Levanto la vista y vuelvo a percibir que en mi dormitorio hay silencio y tonos anaranjados, miro hacia arriba y contemplo a quien contempla la luna. Y pienso que este remanso de paz también tiene algo que ver con la luz de lo que leo, con la armonía de los pasos silenciosos de la gente que habita los viajes que nunca he hecho y los recuerdos que aún no he forjado. Y confío en el futuro. Y sé que alguna vez un billete me llevará hasta esas plazas, hasta esos escalones.


Hoy, leyendo el artículo de Paco Nadal en El País, sé que ya no se realizará ese futuro, y que la fatalidad del destino quiere tragarse, sin piedad alguna, los sueños de la gente. Es un día triste. 



23 abr. 2015

Día del libro



Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que solo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.
ITALO CALVINO
 


Alguna vez he contado aquí cómo mi tía me regaló una vez un cuento de fábulas de La Fontaine que acabé memorizando, cómo en algún momento de aquel entonces encontré abandonados en una caja en la casa de la huerta de mis abuelos un libro de Edmundo de Amicis que había pertenecido a mi tío junto a la Crónica de una muerte anunciada que rescaté para mi tesoro personal... después me verían noches enteras leyendo debajo de las sábanas con la linterna amarilla que mi madre me había comprado para la inminente excursión al camping de Moratalla con los compañeros del colegio. Cuando llegó el momento de acampar, mi linterna ya no tenía pilas. Se habían consumido entre las mantas con el cuento mensual de Enrique, el protagonista de Corazón: diario de un niño. Yo tenía diez años.

Tal vez de la orden "¡Apaga la luz y duérmete!" de mis padres naciera el deseo de no obedecer, y aquel fascinante mundo clandestino que me esperaba allí debajo, lleno de aventuras, en mi universo particular, me ha traído hasta quien soy hoy. 

Esta mañana mi salón se ha llenado de sol y de historias: he tomado a Darío en mi regazo y le he ido leyendo El gigante pequeño, Las dos nubes amigas, El payaso que no quería hacer reír... Y él ha escuchado atento y quietecito... hasta que ha querido coger los cuentos, tocarlos, morderlos. Ojalá los siga devorando cuando sea mayor con la misma curiosidad que hoy ha demostrado tener: la literatura es el mejor regalo que podré hacerle nunca. 





18 abr. 2015

Entradas por escribir

1) Sin título y dedicada a comentar El invierno en Lisboa, novela de A. Muñoz Molina que tiene un montón de páginas dobladas porque entre sus párrafos he vislumbrado las palabras que nunca supe poner a emociones que yo también he vivido; he visto el amor a una ciudad que puede ser cualquier ciudad que uno lleve dentro; y he vuelto a saber que el cine, la literatura y la música pueden ir de la mano para dibujar los horizontes del amor realizado y también los de un amor imposible. Sirvan estas citas como ejemplo e invitación a leer esta obra:

Sin que en ello intervenga su lejanía, hay recuerdos fáciles y recuerdos difíciles.

Los discos no son nada. Si son algo, cuando no están muertos, y casi todos lo están, es presente salvado. Ocurre igual con las fotografías. Con el tiempo no hay ninguna que no sea la de un desconocido. 

La nostalgia no es el peor chantaje de la lejanía. 

Porque él ya no sabía calcular la dirección del tiempo.

Supo que la ausencia era esa neutra sensación de vacío. 

Supongo que hay ciudades a las que se vuelve siempre igual que hay otras en las que todo termina.

Todos los días y a todas horas sólo pensaba en escribirte. Te escribía aunque no lo hiciera. Te iba contando todas las cosas a medida que me sucedían. Todas, incluso las peores. Incluso las que ni yo misma habría querido saber. Tú también dejaste de escribirme.

Ella me inventó.

Un viaje nocturno por el espacio en blanco de lo nunca sucedido.

Es cierto, hay ciudades y rostros que uno sólo conoce para después perderlos, nada nos es devuelto nunca, ni lo que tuvimos, ni lo que merecíamos. 

Entendió que era mentira el olvido y que la única verdad, desalojada por él mismo de su conciencia desde que abandonó San Sebastián, se había refugiado en los sueños, donde la voluntad y el rencor no podían alcanzarla, en sueños que le presentaban el antiguo rostro y la invulnerable ternura de Lucrecia tal como los había conocido cinco o seis años atrás, cuando ninguno de los dos había perdido aún el coraje ni el derecho al deseo y a la inocencia.

Como algunas veces el amor y casi siempre la música, aquella pintura le hacía entender la posibilidad moral de una extraña e inflexible justicia, de un orden casi siempre secreto que modelaba el azar y volvía habitable el mundo y no era de este mundo.

[Esta entrada cerraría con un tema maravilloso: Blue Moon, en la versión de Billi Holiday; y vendría encabezada por una imagen, La montaigne Saint Victoire, de P. Cézanne].

* * * 
 
2) La titulada "Un lobo para el hombre", en la que se relata cómo dos dependientas de una tienda critican a una tercera por haberse cogido tres días libres por la muerte de un familiar directo, días libres que le corresponden según su convenio laboral . Una de ellas, en tono altivo, proclama ante la clientela que permanece enfrascada en sus asuntos sin prestar demasiada atención: "Yo no me los tomo (los días), porque el trabajo es el trabajo". Me ha recordado a esas situaciones en las que uno pone a los alumnos a corregir los trabajos de sus propios compañeros: son jueces duros y a veces hasta se ensañan en corregir incluso aquello que no precisa corrección. En definitiva, ¿es el ser humano cruel por naturaleza con quienes le rodean?, ¿dónde han quedado la empatía y la tolerancia?

* * *

3) Ese post que se convierte en un microrrelato. La voz narrativa pertenece a una mujer joven que reflexiona sobre el machismo imperante en la sociedad actual en ambientes en los que se supone que no existe. Relata en primera persona la vida de una aventurera que llevaba la mochila por maleta y que acaba convertida en un ama de casa ocupada en criar a los hijos. Hasta que un día decide cambiar el rumbo y ser, simplemente, ella misma. 

* * *

4) La entrada del blog que habla de la relación entre el cine y la literatura según la impagable visión que Andrei Tarkovsky expone en su obra Esculpir en el tiempo. Pero esta la dejo aquí, porque tal vez sea la siguiente... Quién sabe.




12 feb. 2015

Páginas dobladas (6)

Esta serie pausada desde hace mucho y que comenzaba aquí, continúa ahora con una autora que fue  gran compañera de insomnios en noches muy largas, con muchas similitudes a la de hoy. 

* * *





Página doblada 6
(esquina inferior)

A PLENA PÉRDIDA

Los solitarios sortilegios emanan del nuevo centro de un poema a nadie dirigido. Hablo con la voz que está detrás de la voz y emito los mágicos sonidos de la endechadora. Una mirada azul aureolaba mi poema. Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?

Alejandra Pizarnik, Poesía completa.

28 ene. 2015

Y sin embargo...

[Imagen de Sol LeWitt, Clouds]


RICARDO REIS
(1887- 1940)
Unos, mirando hacia el pasado, creen
ver lo que no ven; otros, los ojos 
quietos en el futuro, ven
lo que no puede verse.
¿A qué buscar tan lejos algo que está aquí mismo?
¿Nuestra seguridad?: Este es el día,
esta es la hora, este
es el momento, lo que somos;
y no hay más.
Perenne fluye la inacabable hora
que nos proclama nulos. Moriremos
en este mismo trago en que vivimos.
Cógete bien al día, porque solo eso eres
                                                  
                                                              F. Pessoa

* * *

Sin embargo, a veces una mira al cielo buscando las nubes y se tropieza con colores de otros tiempos, y vuelve al poema y se sitúa en su hoy para no zarandearse en los brazos del tiempo. ¿Quién no ha sentido alguna vez el vértigo de los años?

16 ene. 2015

Hoy más que nunca

Rescato el extracto de un texto cuidadosamente salvado de tantos exterminios de documentos. 
Son mis deseos para el 2015 (y acaso para la vida) para todos los que aún se sigan pasando por estos halos:



"Todavía estoy vivo, todavía tengo manos, ojos, corazón, y tengo además esta ventana, esta posibilidad de poner aquí mis palabras en este periódico, en esta quimera, y por eso, a pesar de todo, me gustaría escribir una columna sobre la esperanza, sobre la belleza y sobre la felicidad [...].
Podemos escribir poemas, leer poesía, leer a nuestros autores favoritos aunque leer poemas de mil páginas nos cause un vértigo de tiempo al que estamos cada vez menos acostumbrados, podemos oír música sabiendo que oír música quiere decir hacer música y transformarse en música, ejercitar el músculo del alma, alimentar ese fuego espiritual que arde en el yo. Podemos poner límites a la estúpida revolución digital, hablar con nuestros amigos y con nuestros hijos, sentir el agua, la tierra, el viento y la lluvia.
No sé cómo explicarlo pero sé que cultivar la belleza, el placer y la felicidad va en contra del ataque salvaje que estamos sufriendo. Cante, medite, dedique todo el tiempo que pueda a usted mismo, investigue en la felicidad. Practique la meditación que viene de Oriente y la vía de la melancolía que nos ha legado Occidente. Intente sentir que está vivo.
No siga las tendencias, no obedezca. Haga lo que le de la gana. Pierda el tiempo. Robe tiempo para sí mismo. Hable desde el corazón. Llore si es necesario. Haga lo necesario para sentirse vivo.
Tenga la convicción de que lo que nos hace más débiles y vulnerables es también lo que nos hace más fuertes, y que esa llama que arde en el yo, eso que nos han dicho tantas veces que es algo pueril o "romántico", cuando no "femenino" o irresponsable, debe ser algo infinitamente valioso cuando las fuerzas oscuras que nos atacan ponen tanta, tanta saña en destruirla".

Extracto del artículo "Sentirse vivo", firmado por Andrés Ibáñez, publicado el 3 de noviembre de 2012 en el ABC Cultural.