31 may. 2011

El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki




Hay pensadores que agitan las convenciones que reinaron en los recovecos de tus manías de antaño. Sin ir más lejos, siempre busqué una casa iluminada, con paredes claras y dominada por las formas de la luz. Tanizaki, ahora, me hace cuestionarme aquel antiguo principio. Al fin y al cabo, la sombra no es más que el reverso de la luz y la materia de la que estamos hechos. ¿El inconformismo teme al oscuro? Yo manifiesto mi intención de apagar las lámparas y encender las velas, o encender la sombra y apagar la ceguera.


"¿Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de césped.

¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular.

En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una condición mejor a la actual".


El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki. Ed. Siruela, 2010.

25 may. 2011

Preludio de verano




En estos días de finales de mayo en los que se rozan los treinta grados, me invade un deseo ardiente de playa al atardecer, vacaciones en avión, lectura sin tiempo, idiomas extranjeros, equipaje de mano, cámara inseparable del abrazo de la mirada, cafés helados, paseos interminables por calles empedradas de pueblos escondidos, comida ligera, gentes nuevas, perfume suave, moreno en la piel, sandalias con tacón, amigos de aquí y de allá, conciertos al aire libre, temporadas de teatro y música, siempre música.


Por ejemplo, esta:
I'll see you in my dreams, de Django Reinhardt

¿Qué más se puede pedir...?

13 may. 2011

Un chico sin nombre

[Fotografía tomada de www.elpais.es]


Cuando ocurre una tragedia como la que ha sucedido en Lorca, pocas son las palabras que se pueden decir. Sin embargo, detrás de todas las imágenes que estamos viendo, detrás de una ciudad casi derruida, hay historias de gente anónima llenas de valentía: el chico -sin nombre en ningún periódico- que subió al edificio a punto de caerse para salvar a un enfermo que no podía bajar por sí mismo, la madre que murió dando de nuevo la vida a los dos hijos que su vientre destruido había cobijado, y así decenas de testimonios.

Hay múltiples vías de ayuda: recogida de alimentos hoy en Alfonso X y en la Plaza de Santo Domingo de Murcia, donaciones a través de la Cruz Roja, partido benéfico el próximo domingo en el estadio Nueva Condomina...

Seguiré creyendo, porque así lo he sentido siempre, que el género humano en su mayoría está representado por ese chico sin nombre.