13 dic. 2012

Yo de pequeña

La idea nace de mi amiga Milvia, quien en su blog (AQUÍ) lanza un guante al aire preguntando a sus lectores qué rememoran de la infancia. En un primer momento quise responderle en italiano, pero mi nivel (desnivel a estas alturas) me impidió expresar las sensaciones, los colores, el aire. Así que me pasé al español, y esta es la pequeña brizna de aquella infancia perdida.  

   [Yo, fascinada por tener el honor de conocer a sus majestades de Oriente]

*   *   *
 
     Jesusito de mi vida, tú eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Así rezaba junto a mi madre cada noche antes de abandonarme al sueño, que tardaba en llegar porque me asustaba la oscuridad. No recuerdo cuándo dejé de recibir a mi madre y al niño Jesús en mi cama por las noches, no sé cuándo abandoné la costumbre de llamarme a mí misma niña y de entregar el corazón a ese alguien que siempre estaba ausente.

    Léeme lo que pone, me decía una vecina de mi abuela que se llamaba Isabel y con quien me gustaba pasar las horas mientras observaba el minucioso bordado que tejía en la tela de su bastidor: los colores iban dibujando formas imprecisas, pero conforme pasaban las tardes, brotaban las flores y sus formas, los cestos contenían frutas, y, en definitiva, el mundo, de forma mágica, aparecía bajo las líneas de sus hilos. Tarde tras tarde llamaba a su puerta azul, atravesaba el camino estrecho flanqueado por rosales que llevaba hasta el porche de su casa y, como una aparición, allí estaba ella, sentada frente a una mesa con sus hilos, agujas, colores, y muchas revistas. Léeme lo que pone, me decía siempre aquella anciana Isabel, apodada “del Guarda” (en los pueblos todos tenemos apodos), que vestía luto riguroso por la muerte de su esposo, guardia forestal, muchos años atrás. Me sentaba frente a ella y pasaba páginas, y así comencé a leer lo que no sabía leer porque aún no iba al colegio. Veía fotos e inventaba las historias de esa gente, y le contaba las cosas que sucedían, y la miraba, y el tiempo no discurría entre los dedos como ahora se me escapa. Entonces todo era un transcurrir suspendido en la rueca que no gira, en el hilo irrompible de la infancia inconsciente.

    No remuevas más la lumbre y deja los palicos quietos, solía decirme mi madre desde la cocina. Yo dejaba las tenazas (siempre fui obediente), pero a los pocos minutos las volvía a tomar en las manos inocentes para atizar de nuevo las ascuas porque quería ver cómo saltaban las chispas del fuego. Así pasaba horas, horas, horas. Me sentaba en mi silla pequeña roja y blanca, y el mundo entero discurría entre aquella chimenea y mi imaginación: princesas y príncipes construían su refugio dentro de una cabaña hecha de pequeños palos, pero la amenaza del fuego cercano hacía que huyesen, y volaban en forma de pequeñas chispas hacia otros paraísos que estaban más allá del largo túnel negro. Y siempre se esfumaban, y nunca los retuve.

    Cómete ya el pan, pero yo no tenía hambre. Así que mi abuela me cogía de la mano, me sentaba sobre sus rodillas y me daba con paciencia, sopa a sopa, aquella tostada de miel o unas onzas de chocolate con la rebanada de pan que ella misma había amasado en el horno de leña. Entreveía en ella gestos llenos de amor y, mientras escuchaba las historias que me iba contando, tragaba poco a poco...

    Cuando somos pequeños todo nos sorprende porque todo sucede por primera vez, y así vamos conformando un bosque futuro, y en los fríos días de invierno en que los árboles se quedan sin hojas, se nos llena de melancolía el recuerdo. No rezo desde hace mucho tiempo (a quienes están por siempre ausentes no quiero concederles la fe en un futuro que no existe), leo todo lo que pone (y ahora sé que la realidad es más mentira que la ficción), no tengo chimenea en mi casa (las historias de príncipes y princesas casi siempre te abrasan), me como el pan (sé que los gestos de mi abuela tienen su tiempo contado porque ahora el reloj amenaza y en aquel entonces no existía). Sin embargo, aún conservo la facultad de sorprenderme; de hecho, no hay día de mi vida en que no me diga, al menos una vez: “No me lo puedo creer”. 

3 dic. 2012

Ministerio de la Felicidad sin Fronteras (MFSF)


[En la imagen: Sede central del Ministerio sito en Avda. Luna Azul,
 núm. infinito de estrellas, 2ª ola derecha e izquierda, Ciudad del Mar (país Inventado), Mundo Ancho, C.P. 4º A]


            Desde hace tiempo, demasiado tiempo, vengo sintiendo un acoso que hoy revelo aquí y contra el que me rebelo: quienes nos gobiernan (o desgobiernan) quieren convertirnos en personas infelices. ¡No, no y mil veces no! Este motivo ya se ha asomado a los halos azules alguna vez; sin embargo, cada vez soy más consciente de que hemos de reivindicar algo que, de entrada, debería ser incuestionable, esto es, el derecho a ser felices.
        Es por ello que he decidido inaugurar un nuevo Ministerio que admite a todo aquel que comparta este deseo: no hay currículum que seleccionen al personal, no hay discriminación de ningún tipo, no hay motivo para no aferrarse a todo aquello que es, en realidad, lo que ha de importarnos. Cualquiera puede decir qué es para él la felicidad y la infelicidad y será bien recibido dentro de este organismo funcionarial que rige el resto de órdenes de la vida.
           Así nació la idea, y así se la he transmitido a los primeros miembros de este club: veintinueve chicos de quince años que han redactado las bases fundacionales de qué es lo realmente importante en este camino.

1.    Felicidad es ver feliz a aquellas personas que te hacen feliz a ti.
2.    Infelicidad es fingir ser alguien que no eres.
3.    Felicidad es valorar lo que tienes viviéndolo cada día como si fuera el último.
4.    Infelicidad es no tener la frescura de la libertad.
5.    Felicidad es sentir, sentir, sentir...
6.    Infelicidad es tropezar con la misma piedra.
7.    Felicidad es luchar con los ojos cerrados por todo lo que deseas.
8.    Infelicidad es la monotonía que impide seguir.
9.    Felicidad es ser diferente rodeándote de la amistad.
10.    Infelicidad es el balanceo del olvido inoportuno.
11.    Felicidad es magia que no desaparece.
12.    Infelicidad es infravalorarse, como la hormiga en el mundo infinito.
13.    Felicidad es soñar, imaginar, llegar y vivirlo.
14.    Infelicidad es la guerra absurda donde nunca hay vencedores.
15.    Felicidad es su sonrisa a borbotones.
16.    Infelicidad es la traición por la espalda que apuñala en silencio.
17.    Felicidad es saber que aún te queda mucho mundo por descubrir, y atreverte.
18.    Infelicidad es no querer caminar hacia delante por miedo a todo.
19.    Felicidad es amistad sincera y familia necesaria, pilares de la casa del alma.
20.    Infelicidad es no poder explorar lo inexplorado cual viajero intrépido.
21.    Felicidad es sentir la música de la naturaleza en su estado más puro.
22.    Infelicidad es un llanto imposible que no encuentra el consuelo.
23.    Felicidad es el amor eterno, quien lo probó lo sabe...
24.    Infelicidad es abanderar el pesimismo como estandarte vital.
25.    Felicidad es contemplar el cielo estrellado, las nubes, la luna, y saberse ínfimo, y no bajar de allí; en definitiva, un momento duradero.

¿Qué les parece? Ni una sola vez la palabra dinero

19 nov. 2012

Aniversarios

[Imagen tomada de http://tracycorrecaminos.blogspot.com.es/
2012/08/una-nube-de-algodon.html]


Hay días del calendario que destacamos en la vida de cada uno de nosotros porque marcan un antes y un después en nuestra forma de respirar el horizonte de un presente que nos habita: hoy, 19 de noviembre, es una de esas fechas especiales para mí, porque en un mes tan frío supe que, a quien conmigo va, tenía que contarle los secretos del mundo y la literatura que los envuelve, y eso me llevaría mucho tiempo. Las casualidades de la vida me han traído hasta donde estoy. Y creo que es hermoso celebrar las fechas, porque importan, porque son, y porque nos hacen ser.

17 nov. 2012

José Manuel Navia: un viaje a Mali

[Fotografía de J.M. Navia, tomada de http://jmnavia.blogspot.com.es/]

Ayer asistí a una conferencia que tenía apuntada como cita ineludible: la del fotógrafo José Manuel Navia. Presentado por Mónica Lozano, quien mueve los hilos de este arte aquí, en Murcia, con una diligencia y  humildad dignas de admiración, los allí asistentes tuvimos el placer de escuchar a un viajero auténtico, a un artista grande; es decir, un hombre claro, honesto, limpio, originario, fuera de los circuitos de la hipocresía y con un sentido del humor que tiene mucho que ver con mi forma de ver el mundo.
Es amigo de otro amigo mío que comparte esas mismas cualidades, Óscar Molina, y sé que ha ido alguna vez a hacer talleres a Cabo de Gata. Yo no he tenido la suerte de compartir esos seis días allí con Navia, pero si de algo me convencí anoche es de que, si vuelve por los parajes almerienses de la mano de Óscar, no me lo perderé.
Puedo decir que anoche estuve en Mali con Navia, que me acerqué al olor del pan en los hornos de adobe, que miré a través de los ojos del desierto, que navegué por el Níger a la luz del atardecer.
Es curioso cómo, siempre que alguien se tropieza con un artista auténtico, vuelve a respirar. Y cuando hablo de artista hablo de  Navia, quien dice que “el viaje en sí mismo no importa sino que es más bien el camino para viajar a uno mismo”, de quien deja caer de soslayo que “llegar a un lugar sin plásticos ni tecnologías es una forma de de vivir sin ruido”, de quien cita a quien piensa que “la vida es aprender a degustar los fragmentos de lo cotidiano”.
Regresé de mi viaje personal reconfortada, dando gracias al cielo lluvioso de mi ciudad por dejar que aún se desprenda algún flash de luz auténtica en un ser humano, y escuchando el sonido del agua bajo mis pasos mudos, en el trayecto de vuelta a casa,  con un equilibrio incierto y feliz al saber que el hogar se lo puede tragar la arena del desierto y uno vuelve a construir otro, acompañada por el aroma de África y de la mano de la luz en la noche mágica.

[Fotografía de J.M. Navia, tomada de http://jmnavia.blogspot.com.es/]


Y la BSO de la mano de Slif Keita, AQUÍ

27 oct. 2012



                     EL SALTO

E piangeva per me, per una delle cinque
o sei cose che fanno piangere.
M. Gualtieri, fragmento de Mio vero

          Hay que invertir el orden:

          haz que deje de llover,
                                                         salta
          como estatua de sal
          hacia el otro infinito
          donde nadie te espera.
          Aprende que este día
          no tiene más confines
          que lo que ven tus ojos,
          que no hay atrás de oro
          ni un luego de esmeralda.

          Convéncete:
          hay que invertir el orden.

          No existen en la vida
          los pasados perfectos
          ni será el sol dorado
          quien te alumbre mañana.
          Si acaso…
          como en la noche fría,
          te acechen, sigilosas,
          nostalgias de futuro.

                      *

22 oct. 2012

Tal día como hoy



Sucedió que un 22 de octubre...

- Andrè- Jacques Garnerin se lanzó por primera vez en paracaídas tras haber ascendido en su globo de hidrógeno mientras miles de personas lo observan. Ocurrió en 1797.

- Nacieron, en este día, ciertos personajes que han hecho este mundo un poco mejor: en Raiding (Hungría), Franz Liszt, compositor, director y pianista (1811); en Madrid, Dámaso Alonso, el mismo poeta que años más tarde escribirá el terrible poema titulado "Mujer con alcuza" (1898); en París, Catherine Deneuve, que debutó en el cine con tan solo trece años (1943).

- También, en un día como hoy, murió en Aix-en-Provence (Francia) el pintor neoimpresionista Paul Cézanne tras haber pasado unas cuantas horas pintando bajo un aguacero monumental, hecho que le provocó una neumonía mortal. Era el año 1906.
 
- Por primera vez, un veintidós de octubre de 1975 una estación espacial se posa en Venus y manda la primera fotografía del suelo de este planeta a la Tierra.

- Justo un año después, en 1976, nace en Altea (Alicante) Ana María Marín Martínez. Una niña que se trasladaría a los pocos años de vida a Cehegín (Murcia) junto a su familia.

- Tal día como hoy,  a las diez y veinte de la noche en el hospital de la Arrixaca de Murcia nacía una niña muy débil. Pesó tan solo dos kilos y setecientos gramos. Esa niña se llamaría como su abuela materna, siguiendo las costumbres de la época. Su abuelo aventuró con gesto de preocupación que no viviría mucho porque era demasiado escuálida, a la vista de la exterma pequeñez y delgadez.

Hoy, esa niña se ha convertido en la mujer que escribe. Mido 1'72m. Aquel abuelo ya no está para decirme que era su nieta favorita. Peso 57 kilos. Estado de salud, aceptable. Tengo en mi posesión un baúl hermoso, lleno de recuerdos increíbles que me hacen sentir afortunada; conservo y cuido a un puñado de buenos amigos, entre otros, una tal Ana María Marín Martínez que dentro de cinco meses se convertirá, por primera vez, en mamá. También cuento con la voz de mis padres, con la comprensión de mi hermana, con los mimos que me sigue regalando la única abuela que me queda y a la que adoro. Siento cada día que vivo rodeada de gente que me quiere, algo que entiendo como un regalo de la vida. Estos treinta y tres años que cumpliré a las diez y veinte de la noche de este veintidós son... una efeméride de tal día como hoy. La celebración, en realidad, es cada mañana.

12 oct. 2012

Lo que no somos, lo que no queremos (E. Montale)

"Un hombre no puede saber dónde está en la tierra salvo en relación con la luna o con una estrella. Lo primero es la astronomía; luego vienen los mapas terrestres, que dependen de ella. Justo lo contrario de lo que uno esperaría. (...) Existe un aquí sólo en realción con un allí, no al contrario. Hay esto sólo porque hay aquello; si no miramos arriba nunca sabremos qué hay abajo. Piénselo, muchacho. Nos encontramos a nosotros mismos únicamente mirando lo que no somos. No puedes poner los pies en la tierra hasta que no has tocado el cielo".

El palacio de la luna, P. Auster.
***
 
Ahora comprendo el porqué del no saber muy bien dónde se está ni hacia dónde dirigirse, algo, por otra parte, tan común a algunos seres de esta especie humana que aún no hemos bajado, como es mi caso, de eso llamado luna. 


11 oct. 2012

Carlos del Amor en un minuto veinte

Hace unos días asistí durante una hora y media a la conferencia de un chico de mi edad cuya voz es conocida por todos los que vemos el telediario de la Uno, esperando a que suenen los minutos finales, los de cultura, es decir, atentos a lo que él -Carlos del Amor- nos haya seleccionado para ese día. 
Confieso que tuve la tentación, horas antes, de no ir (de hecho, hube de rechazar un agradable café para asistir al evento): a veces sucede que cuando uno escucha de cerca a alguien que hasta ese momento le había despertado interés, se da cuenta de que la persona dista mucho de ser lo que se había imaginado. Sin embargo, este periodista, además de presentarse como los más grandes (es decir, con humildad), supo estar a la altura de cada una de las preguntas a las que fue respondiendo, incluso a las más comprometidas. La valía de su trabajo traza una línea directa con la emoción, con la poesía, y se puede observar en cada una de sus piezas. Solo desde la honestidad de saberse pequeño es como uno se hace grande, a la altura de la sugerencia que imprime a su minuto veinte de cada día, de casi todos los días. Es una suerte que un noticiario cierre su espacio lleno de catástrofes humanas y éticas con una brizna de belleza: la que su mirada nos regala. Dijo algunas cosas que apunté en ese cuaderno que siempre va conmigo, pero dejaré escrita aquí una que se me incrustó en la memoria: 

"La imaginación es lo único que no cotiza en bolsa".




1 oct. 2012

La vida de las cosas



Ando de acá para allá toda la tarde buscando un documento que, se supone, debería tener bien localizado. Es curioso: creo que se ha perdido para que yo haga un viaje hacia mí misma buscándolo. Resulta que he sacado carpetas y papeles que hace casi ocho años que no veía: me he encontrado con apuntes y notas sueltas de cursos de antaño donde se explican pasos de bailes y leyes educativas del exterior y congresos sobre literatura de viajes y miles de cosas más; he hallado anotaciones en agendas que me llevan a libros leídos (Lévi-Strauss, U. Galimberti y muchos más), en un rincón estaban algunos trabajos de alumnos que entonces tenían doce años y que inventaron una firma y una dedicatoria para mí, me he tropezado con fragmentos de vida escrita y soñada y con un folio donde mucha gente querida -Lole, Sole, Carmen, Eva, Mamen, Enrique, Pedro, Juan Antonio, Fernando, Pedro- me deseaba felices veintiún años en aquella fiesta de mi piso de estudiante de la calle Simón García... La vida tiene estas cosas: a veces las casualidades se conjugan para que algo que en principio iba a ser tedioso (la búsqueda de un documento -aún- desaparecido) acabe siendo un recodo de uno mismo, un paseo hacia quién se es a través de lo que se fue. Y cada vez que esto sucede es bueno mirar con calma, observar con distancia y respirar una cierta paz. Tal vez... alegría. 

Y una banda sonora para mirar a lo lejos desde dentro: AqUí.

24 sept. 2012

Océano mar


[Rumor plata]

El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.

Alessandro Baricco, Océano mar

Porque hay días en los que uno se siente nada, nadie, nunca.
Y sólo la imagen de un horizonte de plata 
sin límites a la vista puede ser la melodía:
mar único y eterno, indivisible, uno.

Joan Manuel Serrat, "Mediterráneo".

21 sept. 2012

Donde moran los sueños






Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

Del poema La luna, Jorge Luis Borges


Una banda sonora para este paseo: Sarah Vaughan
Y otra más, porque me encanta, AQUÍ

13 sept. 2012

El reverso

Llevo un buen rato ordenando cientos de papeles, decenas de artículos... Uno de ellos, "El turismo y la utopía" del escritor Jorge Carrión, me deparaba una amplia sonrisa en su reverso. Apuntado en forma de nota rápida, a boli, la respuesta de un alumno: "Las oraciones pasivas son las que están relajadas".

10 sept. 2012

Cueva del tiempo

Imagen de la Cueva de Nerja tomada de www.eco-viajes.com


Hace unas horas he recibido una foto en mi teléfono móvil. En la imagen se contempla la salida de una cueva que está formada por estalactitas y estalagmitas. Se ha enfocado el primer plano y se vislumbra, en el oscuro fondo, el misterio de cada gota de agua que hace crecer detrás lo que parecen brazos, rayos, espadas, dedos, hilos de tiempo... Antes de todo he de decir que en esa imagen aparecen mi hermana y mi cuñado, ambos con atuendo de un día de excursión, mochila al hombro y cogidos del brazo. Cuando me la han enviado me ha dado un vuelco el corazón, y es que he sentido el peso de la realidad: esa misma salida la pisaron los pasos de mi hermana y los míos cuando aún éramos muy niñas, yo rozaría apenas los diez, y ella los cuatro. Vestíamos aquel día un trajecito veraniego rosa compuesto de camiseta sin mangas, con las figuras de Micky y Minnie, pantalón corto y unos deportivos. En esa foto sobresalen dos aspectos sobre todo lo demás: se ven unas piernas, las mías, que más que piernas parecen alambres (siempre fui extremadamente delgada); y a mi lado llama poderosamente la atención el gesto rebelde de mi hermana, tan pequeña, mordiéndose el labio (costumbre que aún conserva). Ella, la que entonces levantaba poco más de un palmo del suelo, es la que hoy posa erguida, guapísima, esbelta, orgullosa si cabe, del brazo de su pareja.
Cuando le he recordado la anécdota y mi nostalgia por aquella infancia que a ambas se nos ha esfumado, ella, creo, ha sentido también esa punzada del tiempo. Y es que mi hermanita pequeña se me ha hecho mayor para todo, incluso para las gotas de tiempo que acaban por esculpir la melancolía.


Y para finalizar quiero incluir esta canción infantil que misteriosamente estaba dentro de una muñeca que me trajeron los Reyes Magos hace más de treinta años. Se llamaba Rosaura y no envejeció hasta que nació mi hermana. Baste decir que cuando supo andar ella fue la encargada de desmontarla minuciosamente para adivinar de dónde venía la música mientras yo asistía a mi jornada escolar:


5 sept. 2012

Septiembre


Hace ya unos días que ha comenzado este mes, que es siempre el mes del "año nuevo" para aquellos que nos dedicamos a la docencia. Coincidiendo con este hecho, retomo los halos que he dejado reposar en el tiempo estival. Han pasado los meses de veraneo llenos de arena, sol, playa, paseos, calma, familia, lecturas (muchas) y luz. Pero un viento fresco dice que ya estamos casi entrando en un futuro otoño y parece que se me inunda el alma de una nostalgia de futuro divisada en la chaqueta por la noche, en el frío de la cara por la mañana temprano, en el calor de una manta sobre el sofá de casa, en la luz tenue del final de la tarde, el trajín cotidiano de la ciudad sin descanso... No es que me guste especialmente que ya forme parte del pasado el verano reciente, de hecho, me pone un poco triste esta nueva estación próxima, pero este "año nuevo" me traerá sucesos que anhelo:

En apenas unos días vendrá al mundo Irene, la hija de unos muy buenos amigos que se está pensando aún cuándo aparecer por estos aires. Es un acontecimiento para mí: una alegría sumada a la existencia de su hermanita Aitana, quien ya cuenta en su haber con casi dos años y medio y con quien me gusta compartir el azucarillo del café o los bolígrafos con los que dibuja soles y lunas. Uno de sus besos es el mejor regalo cualquiera de los días del calendario.

Con la entrada del mes vuelven los amigos cargados de viajes e historias. Parece que la ciudad vuelve a entrar en su círculo de tráfico y gente, de bullicio alegre, y entre todo este espectáculo volvemos a salir, a pasear, a encontrarnos, a compartir cenas como la que me aguarda esta noche, a relatar las aventuras de estos meses y a divagar sobre las incertudumbres tan ciertas que nos aguardan en este país tan necesitado de un Valle Inclán que nos diga y nos nombre.

Además, este año nuevo, espero dos acontecimientos: del primero hablaré más adelante porque la prudencia me hace silenciarlo; del segundo he de decir que es ya un hecho casi consumado... Empecé a trabajar en el tema del viaje hace más de ocho años. En mi periplo de investigación viajera he abandonado la redacción de este trabajo en reiteradas ocasiones movida siempre por una desilusión provocada por la falta de rigor y de honestidad desde determinados círculos académicos. Es solo ahora cuando he vislumbrado la meta de un esfuerzo profesional tan prolongado en el tiempo y al que tantas horas he dedicado. Durante los próximos meses recorreré el último sprint, y espero que todo culmine con éxito.

De manera que este nuevo año es especial. Ojalá todo salga bien y espero que haya muchos post para irlo celebrando, que la inspiración acuda a mis dedos y las teclas se presten a la voz de quien escribe halos, aire, nada.

Buen septiembre a todos con esta canción que forma parte de la banda sonora de una película cuyo mensaje es que "todo es posible": BSO Intouchables, "September".




3 ago. 2012

Tierra del fuego en un paraíso cercano

Desde hace mucho tiempo he deseado ir hasta el faro del fin del mundo, ubicado en Ushuaia. A falta de poder desplazarme, al menos por ahora, a ese lugar de ensueño que algún día visitaré (cruzo los dedos), me espera muy pronto la figura de otro faro también anhelado desde hace tiempo. Lo he visto en muchas imágenes, sin embargo nunca lo he mirado desde abajo. Muy pronto será el momento. Y lo espero con una calma cómplice, sabiendo que su luz tal vez llegue hasta aquel otro faro tan remoto de Ushuaia, con la certeza de que su vista no me defraudará: Cabo de Gata es un paraíso.

Que las luces no se apaguen, que los caminos siempre nos conduzcan hacia nosotros mismos, que las sendas estén vestidas de arena fina con luna llena de fondo, que todas las estrellas sean faros, que no haya lugares lejanos. Que sea.

24 jul. 2012

Mujer, profesional, ciudadana.



Si fuese más alocada diría que cada día que pasa lo flipo más; siendo seria puedo afirmar que "no salgo de mi asombro". No doy crédito a tanto despropósito. Ayer, mientras laboraba domésticamente, pensaba que quienes están en el poder, quienes tienen la batuta de nuestro futuro más inmediato, nos están degradando y, en definitiva, anulándonos como personas desde todos los frentes:

1. Como mujer, me quitan algo muy preciado: mi libertad de elección. Ayer me entero de que si me quedase embarazada y el feto tuviese una malformación no podré abortar aquí, es decir, tendré que buscarme la vida o el dinero necesario para hacerlo en otra parte. ¿Quién se erige como juez (o ministro) ético para imponerme que he de dar a luz a una criatura? De nuevo es un ataque a la mujer, pero es más que eso, es un ataque a la sociedad: no nos engañemos, este tema no nos afecta exclusivamente a nosotras. Va más allá y responde a toda una ideología retrógrada que se ampara en las cruces mal entendidas, las del oscurantismo. Soy mujer, vivo en un país... ¿laico?, ¿moderno?, ¿libre? Y ahora van a aniquilarme un derecho fundamental. ¿Cuántos giros del calendario retrocedemos? ¡Me asusta tanta religiosidad!

2. Como profesional de la educación, vengo escuchando de forma reiterada por parte de nuestros gobernantes (y por un nutrido grupo de la sociedad) que somos vagos, que los profesores no hacemos nada más que "tomar café", que tenemos muchas vacaciones, que trabajamos menos de veinte horas a la semana. Y ayer, limpiando el polvo de mi salón, mascullaba para mis adentros: si en Berlín dije que era profesora y me miraron con cierta admiración y respeto, ¿por qué en mi país se me tacha de inepta? Si somos quienes educamos, quienes construimos las bases para un futuro mejor dándoles a sus hijos ciertos valores y conocimientos para desenvolverse en este mundo, entonces, ¿por qué me dicen vaga? ¡Me asusta tanta envidia, tanto resentimiento!

3. Como ciudadana, vivo en un universo gobernado por el dinero. Este hecho, por sí mismo, basta para que repudie mi condición de ser social que se desarrolla y vive en una "sociedad". Me enteré ayer de que en bolsa se apuesta a la caída del más débil, y eso provoca ganancias para los más voraces. En la vida cotidiana nos bombardean con millones de estímulos que están destinados a crearnos necesidades absurdas para que formemos parte del rebaño del consumismo. Ahora que nos quitan poder adquisitivo nos quieren hacer desgraciados porque no podemos ir a comprar todo aquello que nos hicieron creer que necesitábamos. Somos seres robotizados (utilizo el plural de cortesía) y nos movemos por intereses que en realidad no tienen valor alguno. Hemos olvidado que lo originario es lo que nos hace humanos: la naturaleza, la amistad, la música, la buena compañía, el agua, la verdad, los comportamientos altruistas, el silencio, el amor. ¡Me asusta tanta avaricia!

La consecuencia de todo esto es que cuando salgo al mundo hay días en los que todo se vuelve de un tono azul oscuro casi negro, y pienso: ¿dónde vivo?, ¿quiénes son quienes me dirigen?, ¿hacia dónde vamos?, ¿cuánto tiempo falta para que todo explote?

Lo dicho: ni mujer, ni profesional, ni ciudadana. Yo lo flipo.

20 jul. 2012

El sabor del melocotón


Nunca he sido una amante de la fruta, principalmente porque albergo una manía que abarca hasta donde tengo uso de razón: una vez pelado el fruto, se me cae al suelo. Sucede así en el ochenta por ciento de los casos. Dicen que es algo que he heredado de mi tío. Esto, poco a poco, me ha ido llevando a abandonar ese placer jugoso de la naranja o de algunas otras piezas que necesitan el cuchillo de por medio, a no ser que algún alma caritativa y cercana haga el trabajo por mí.
Sin embargo, hay una fruta que no puedo abandonar: el melocotón. No es por el sabor, ni por el color, ni por el aroma, ni por la textura; es por algo que va mucho más allá de la riqueza de sus matices: es una emoción difícil de explicar. Para mí el melocotón significa la figura del padre, porque él, mi padre, gobierna felizmente un huerto donde impone sus propias normas de aguas y abonos, donde pasea sus solitarios pasos cada mañana y cada tarde recorriendo las ramas de los árboles que por esta época dan ese fruto. Ese terreno es su universo, su mundo, su sabiduría, su sonido –el canto del aire libre –, la arcadia que lleva su nombre y la de sus ancestros, el paraíso que cada día respira.
A veces los objetos van mucho más allá de lo que representan, significan más de lo que señalan: esta fruta es para mí una caricia de ese hombre que ha dedicado toda su intuición y sus largas horas de silencio contemplativo al cuidado del verdor de sus árboles, al manejo de la tierra y de las raíces.
Cuando contemplo una fuente de estos deliciosos frutos, grandes, sabrosos, con un dulzor cercano al anís, siento que es él quien me regala cada mordisco de vida, cada sabor azucarado que el verano y el calor me ponen en el borde de los labios, cada caricia aterciopelada que su mano de padre, ya adentrado en una incipiente vejez, me brinda. E inevitablemente esos melocotones son su mirada, el día a día, el cantar de la chicharra al abrir la ventana de la casa que preside la higuera, el frío del invierno con las ramas desnudas, el sol de la primavera con una inundación de flores rosas.
Hace poco vi El sabor de las cerezas, una magnífica película de Abbas Kiarostami. En ella, el protagonista se disponía a suicidarse. Para ello se aleja de su hogar y se va a un huerto de cerezos, allí se sube a uno y antes de ahorcarse decide comer de esos frutos. Su sabor le hace sentir la belleza de la vida por el sol que cada mañana sale, por el amor de la gente a la que quiere, por cada sueño, por cada abrazo, por cientos de motivos. Así que cambia de opinión: llena un cesto de cerezas y se lo lleva a su esposa para el desayuno. Así, para mí, El sabor del melocotón.

26 jun. 2012

Entrada en sombras

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.

Gioconda Belli

21 jun. 2012

Último día, con una sonrisa agradecida.



Un año más suena la última campana y las aulas se vuelven a quedar vacías. Los profesores seguimos por aquí organizando informes, evaluando a los alumnos y preparándolo todo para que en septiembre el curso vuelva a empezar; aun así tengo la sensación de que este lugar se convierte en un espacio fantasmal si los chiquillos con su griterío y sus carreras no pueblan estos pasillos infinitos, estrechos y silenciosos.

Este curso ha sido inolvidable para mí: he perdido a uno de mis alumnos, alguien excepcional y cuyo recuerdo seguirá siempre conmigo. Me quedo con sus abrazos cuando, ya enfermo, luchaba por salir adelante con una fuerza y una positividad que serán un ejemplo en mi vida. Este sentimiento no se puede describir con palabras, aunque, si tuviera que hacerlo, lo cifraría en algo parecido a un conglomerado de rabia y tristeza: llevo muy mal su ausencia porque en general no me entiendo con la muerte, mucho menos si ese nombre solo cuenta con catorce años.

Pero estos nueve meses, personalmente, también me han transmitido una esperanza ciega en el porvenir, porque muchísimos de mis alumnos han demostrado ser no sólo excelentes académicamente hablando, sino también personas de gran valía, es decir, buena gente. Me llevo las manos llenas de comportamientos generosos, de esfuerzo altruista, de trabajo en equipo para que el laborioso proyecto en el que los embarqué saliese adelante. Me quedo con el espíritu crítico de muchos de ellos ante temas que deberían movilizarnos a todos como la destrucción del único planeta que conocemos habitable o la situación de la mujer en muchas partes del mundo. Es precisamente ahora, que a los profesores se nos tacha de vagos y acomodados funcionarios, cuando más hemos de trabajar para promover en nuestros alumnos una actitud crítica ante la manipulación publicitaria. Es justo ahora cuando nuestra lucha ha de consistir en suscitar en ellos una respuesta categórica ante los discursos demagógicos a los que estamos sometidos. No podemos claudicar, ni dejar que tanto comentario desafortunado repercuta en los más débiles: estos muchachos que vienen a este instituto ahora solitario a recibir la educación que será su maleta del mañana. Y he sabido también que si logramos hacerles sentir que esa actitud generosa y de respeto que han demostrado tener es la que ha de dirigir sus vidas, entonces, este asco de mundo que estamos generando sin más valores que los de los billetes, cambiará y será un poquito mejor gracias a ellos. Basta esperar unos años. Por último me quedo con las palabras de uno de ellos, antes de irse volando hacia sus vacaciones, al decirme que él se queda con todo lo que ha aprendido pero sobre todo con mi sonrisa, que no olvidará nunca. A todos los que no miran más que sus indemnizaciones millonarias yo les dejaría sentir unos minutos la enorme satisfacción de un reconocimiento así, tal vez de esa forma recordasen qué es lo verdaderamente importante en la vida, si es que alguna vez lo supieron.

31 may. 2012

Notas sueltas (con cierto desorden aparente)

Hace unos días, pensando en este espacio que he descuidado últimamente por falta de tiempo (no es una excusa), se me ocurrió que podría hacer una lista de las cosas que nos animan a seguir con una sonrisa puesta. Creo que es necesario ser feliz, igual que es necesario respirar, o mirar la calle antes de cruzar, o cerrar los ojos para ver de lejos, o respirar la luna llena para saber que todo lo inamovible sigue en el mismo lugar. Y es preciso que uno trabaje con ahínco en ello, puesto que desde fuera se empeñan cada día en convertirnos en ejércitos de gente movidos por la incertidumbre, anegados en el pesimismo, paralizados por el miedo y, en última instancia, vagabundos de la resignación. Me niego, me dije a mí misma esa misma mañana. De manera que, de camino al trabajo, durante el trayecto acostumbrado que cada día hago en coche, me dije que había infinidad de motivos para luchar por la felicidad "a raticos", y por ejemplo me vinieron a la mente cosas como:

1. Ver crecer mis plantas. Están grandísimas, espléndidas. En otros tiempos ni siquiera las miraba. Un buen amigo me dijo hace mucho tiempo que las regase, que sería gratificante. ¡Qué razón tenía!

2. La ducha fresca de cada mañana (sin cantar: no pretendo solucionar el problema de la sequía).

3. Una buena página de una novela, un buen poema.

4. Un niño que ayuda a otro a resolver un ejercicio sin esperar nada a cambio.

5. El descubrimiento de un rincón escondido.

6. El reencuentro con un lápiz del número 2 pequeño, mordido, con la inscripción "Jan", que me evoca paisajes remotos de otra vida, de otros pasos donde también retumbaron sonrisas. Entonces suena un adagio de pena que encoge un poco el alma, sucede siempre que se mira atrás, porque uno comprende que todo se ha ido. Sin embargo, hay cierta paz en ello. Tal vez aceptación. Y gratitud.

7. La certeza de haber actuado con honestidad.

8. El primer trago de una cerveza bien fría. O de un gin-tónic. O un bocado de piadina. O un ron en el sofá de casa, de noche, cuando el mundo duerme.

9. El olor del café recién hecho el sábado por la mañana, sabiendo que por delante se abre un abanico de posibilidades de tiempo y placer.

10. Todo lo que me queda por decir.

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El pasado 23 de abril tuve, como sorpresa, un libro de regalo. Se trata de La trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Aunque he tenido unas semanas de auténtico caos en mi existencia, he sacado siempre algún rato para desconectar de todo y sumergirme en las aventuras detectivescas del mismísimo Auster. He doblado algunas páginas y he copiado unas cuantas citas. Comparto con vosotros estas:

"Mucho más tarde, cuando pudo pensar en las cosas que le sucedieron, llegaría a la conclusión de que nada era real excepto el azar".

"Las historias sin final no pueden hacer otra cosa que continuar eternamente".

La primera vez que oí hablar de Paul Auster estaba en Cabo de Gata: era la primera vez que volvía a ese lugar después de muchos años, era el primer curso de fotografía que hacía en la Isleta del Moro, era la primera vez que me sacudían las emociones por dentro. Y entonces alguien llamado Marc, que hacía un proyecto en el que fotografiaba una construcción que él había diseñado, dijo que era fiel lector de Auster. Y yo pensé que tendría que leer algo de este señor. Y ahora sé que leeré más cosas de él. Recuerdo risas, muchas risas, y una luna llena inmensa que bañaba aquel curso de julio donde viajé a estos y otros lugares. El azar me ha traído hasta las manos años después a Auster. Y aquella semana me dejó la amistad de Natalia, y el sabor de las sardinas de Las Negras, y el café en Rodalquilar, y el infinito de la fotografía, y un nombre: Margarita. Decían que tenía cara de llamarme así, con ese nombre de flor.

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Nota en mi agenda del 18 de mayo:

"Me reviso la graduación de la vista tras más de ocho años. Soy 0'5 más ciega; sin embargo veo mucho más allá que hace ocho años".

He de despedirme de mis viejas gafas. Pero me resisto. Han venido conmigo a tantos paraísos que separarme de ellas me da dolor de cabeza. No son un simple objeto: han sido el cristal por el que he contemplado momentos estelares. Los objetos tienen vida, hay objetos de los que uno no puede desprenderse porque sí. Deberían reflexionar sobre ello los ópticos.
Sobre mi mesilla reposan las nuevas. Escribo estas líneas aferrada a las de siempre. Y veo... que ya he escrito demasiado...

Como final, estas notas... musicales:



14 may. 2012

Reivindicación del arte


Últimamente necesitamos asirnos a lo hermoso, a la claridad, a lo certero, a lo único que puede salvarnos de tanta mediocridad: la belleza. Y creo que ésta sólo puede alcanzarse a través del arte.

He rescatado un fragmento del Hiperión de Hölderlin que dice así:

"Cuando un pueblo ama lo bello, cuando honra al genio en sus artistas, circula en él un espíritu general igual al aire de la vida, la timidez se desvanece, la vanidad se disipa y todos los corazones son devotos y grandes, y el entusiasmo engendra héroes. Tal pueblo es la patria de todos los hombres, y al forastero le gusta quedarse en él. Pero ¡ay!, donde la naturaleza divina y sus artistas son tan maltratados, desaparece el mayor encanto de la vida, y cualquier otro astro es preferible a la tierra. Allí los hombres, a pesar de haber nacido todos en la hermosura, se vuelven cada vez más salvajes y yermos; crece el espíritu de servidumbre, y con él el zafio envalentonarse; con las preocupaciones aumenta la borrachería; los dones de cada año se convierten en una maldición, y los dioses huyen".

Y esta música...Corcovado

1 may. 2012

Un nuevo nacimiento

[Imagen tomada de aquí]


Quedábamos casi siempre emplazados para tomar el café en el descanso de nuestras clases de italiano en la Escuela Oficial de Idiomas. Esperábamos el momento, bajábamos a la cafetería y salíamos después a fumar un cigarrillo. Pasaron los cursos. Pasaron otros compañeros que también congeniaron con nosotros y, finalmente, las lecciones de italiano acabaron. Ambos tuvimos nuestros respectivos títulos y sobre todo, conservamos tardes memorables que crearon complicidades: la profesora y su fiesta de Natale, las compañeras sabelotodo, las opiniones y debates en otra lengua, la fascinación por Italia que a ambos nos une, nuestro viaje de estudios particular tantas veces pospuesto y finalmente hecho... En fin, muchos aspectos que poco a poco han ido haciendo que Jesús y yo hayamos tejido una amistad de las de verdad, custodiada ya por los más de cinco años que llevamos a nuestras espaldas viviendo periplos, lágrimas, viajes, risas y algún que otro sonrojo. Y este primer post de mayo se lo dedico no exactamente a él, sino a su nueva criatura: su blog. ¡Por fin se ha decidido a publicar lo que escribe! Conozco su pasión por la escritura desde hace mucho tiempo, sin embargo su prudencia lo lleva siempre a silenciar lo que escribe. No sé qué bicho le ha picado, pero el caso es que el otro día me sorprendió diciéndome que ahí estaba, decidido a publicar cosas que han ido apareciendo tras su pluma. Y yo, desde mis halos, quiero desearle toda la suerte en su nueva andadura a esa nueva criatura blogosférica llamada "Café en Abu Simbel". El nombre ya nos dice mucho: el aroma y el sabor de una charla interesante frente a un café, y si es hablando de los innumerables, exóticos y remotos lugares que ha visitado, está asegurado el placer de conocer a través de la mirada del otro. Ánimo y suerte, amigo.

Enlace al blog: http://cafeenabusimbel.blogspot.com.es/

Y esta música, otro punto de encuentro:
http://www.youtube.com/watch?v=QHx6TYydQxk&feature=relmfu

26 abr. 2012

Garcilaso de la Vega y las cartas manuscritas


Llego al instituto a primera hora, cojo mis libros y avanzo lenta por el largo pasillo ya desierto, pues confieso que me he retrasado unos minutos. Se suceden algunos gritos aislados de los chiquillos recién llegados, las puertas se van cerrando. Al final del recorrido hay una algarabía notable, algún grupo acaba de saber que vendrá un profesor de guardia puesto que el suyo hoy se ausentará. En el recorrido repasaba mentalmente la lección que me tocaba impartir intentando buscar esa chispa que en ocasiones despierta a los muchachos, los hace conectarse. Una va con poca esperanza pero sin perderla definitivamente, sobreviviendo entre el trajín cotidiano que es el pasillo de un instituto de secundaria a esa hora de un miércoles de primavera como cualquier otro. Dentro del aula me esperan, correteando entre las mesas con libretas, apuntes y con todos sus asuntos a cuestas, treinta niños de catorce años a los que tenía que leer, así, sin más, la Égloga I de Gracilaso de la Vega. “Dura tarea”, mascullo por mis adentros, aun así: “Buenos días, nos espera una clase como las demás y como ninguna otra” (a veces me pregunto qué pensarán de mí cuando les digo estas cosas, cuando juego con las palabras que la mayoría no entienden, cuando me miran con esos ojillos divertidos e inocentes). Tras el revuelo empieza a llegar el silencio y comienzo a adentrarme en los versos del poeta. Paseamos por el verde prado de fresca sombra lleno, les regalo a sus oídos el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera. Los observo atentamente, y los veo perder la mirada de cuando en cuando en un punto distante o infinito. Un chico menudo y distraído que se sienta al final del aula hace garabatos, ¡quién sabe si me estará escuchando!, ¿en qué paraíso estará?; otra niña no para de tocarse el pelo muy lejos de aquí y de lo que estamos diciendo. El que se sienta al lado de la ventana, la abre con sigilo para no molestar. Y sigo verso a verso. Leo lenta. Les declamo la poesía, que es como hay que hacer sonar sus cuerdas, tratando de imitar a mi profesor don Vicente cuando una mañana de hace muchos años paseó su voz por los mismos versos que hoy me ocupan a mí, los mismos versos que retuve en mi memoria hasta hoy. Transcurre la primera media hora. Galatea, que era la amada esquiva, es ahora la fallecida Elisa, y Nemoroso le pide que se lo lleve con ella a esa tercera rueda, a ese cielo de Venus, a ese territorio del amor donde la divina Elisa, con inmortales pies pisa. Y entonces sucede: alzo la mirada, dejo que el aire entre por la ventana, respiro, y la veo al fondo, escondiéndose tras su larga melena rubia, limpiándose con la manga de la chaqueta las lágrimas. Suspirando. Yo he vuelto sobre los versos despacio e íntimamente feliz, con respeto y gratitud hacia Garcilaso de la Vega, consciente de que ella, ya por siempre, estará presa de la magia de la poesía.

A segunda hora la labor se presentaba más liviana: niños de trece años se enfrentan a una redacción en la que deben contar qué motivos los llevarían a participar en una manifestación. El ejercicio está en el tema del libro que ahora nos ocupa, y viene introducido por una lectura sobre la importancia del cuidado del medio ambiente. Me ha sorprendido saber que el noventa por ciento de ellos tiene entre sus prioridades respetar a los demás, proteger a los animales y, por supuesto, cuidar el medio ambiente. Grata sorpresa. El siguiente ejercicio es enviar una carta. Ayer, cuando lo puse como deberes para casa, me preguntaron si era una carta de verdad, y les dije que sí. Hoy han venido con el sobre porque ¡no sabían en qué parte de éste se ponía el remitente y el destinatario! Los he visto llegar ilusionados, cada uno con su sobre y su carta escrita a mano para uno de sus amigos, los he observado escribir con su mejor letra los nombres, las direcciones, preguntar cómplices y con sonrisas la calle o el código postal a sus compañeros. Cuando ya estaba todo hecho, yo, que hacía de cartero, he recogido el correo. Todos estaban impacientes para recibir la suya; sin embargo, me las he guardado. Han protestado con viveza y les he dicho el secreto: “la carta manuscrita tiene un olor especial y un tiempo diferente… Vuestros amigos la han escrito para vosotros, pero ahora han de pasar unos días hasta que llegue a vuestras manos. Y durante ese tiempo sabréis que hay palabras para vosotros, pero tendréis que vivir esa espera fascinante”. Una de las niñas de la primera fila ha exclamado “¡Qué guay!” Y he sabido que ha comprendido esa magia de la carta manuscrita, de las palabras con tinta, del derecho que todos tenemos a vivir en un mundo que no esté regido por la inmediatez.

Este episodio me ha hecho revivir gratísimos momentos de mi pasado en los que recibía aún algunas cartas manuscritas: eran, son aún hoy, uno de mis tesoros. Yo también las envié con afán de que se percibieran como algo valioso. Era un ritual el hecho de elegir el papel, seleccionar el color, decidir la textura de éste, escribirlas con una tinta adecuada, poner esmero en la letra. Poco a poco veías cómo el texto iba apareciendo. Y la cerrabas metiendo un suspiro dentro, con la certeza de que, transcurridos unos días, estaría en sus manos. Tanto enviarlas como recibirlas eran actos lo suficientemente emocionantes como para hacer que un día fuese distinto al resto. Actualmente, sólo mi amigo ff me envía a principios de año una carta manuscrita junto a un precioso calendario por el que voy pasando los meses de mis días. El resto del mundo, incluida yo, hemos sucumbido a la pantalla fluorescente, al sonido de las teclas de un ordenador eléctrico. Hemos olvidado que las cartas tienen olor, cuerpo, tacto, belleza…O lo recordamos con añoranza. Suena la tecla del punto, cierro y publico. En unos segundos estará enviado al océano global de mis halos azules, para vosotros, destinatarios anónimos.


11 abr. 2012

La verdad sin metáforas



Recuerdo aquellos manuales de literatura en que aprendí que los escritores se referían a ciertas cosas con un término imaginario para evocar el término real, esto es, para embellecer el lenguaje y provocar el efecto de extrañamiento. Esto hacía que la lengua literaria se distanciase de la lengua comunicativa estándar, y a ese fenómeno se le llamaba metáfora. Años más tarde, ya en la Facultad de Letras, estudiaría todas las posibles variantes de esta figura literaria partiendo de incontables textos de los grandes autores.

Estos días no dejo de sentir que el lenguaje es ultrajado continuamente, que la poesía es un arma cargada, no de futuro -como escribió G. Celaya-, sino de vestiduras ignominiosas que tratan de colorear, disfrazar, y en definitiva ocultar lo que deberían contarnos desde la verdad más cruda, haciendo uso de un lenguaje asequible para que todos los ciudadanos puedan entender bien el mensaje: este país está al borde de la quiebra por la ineptitud de unos y de otros; por haber evadido impuestos todo aquel que ha podido; por haber consentido como ciudadanos tanto despilfarro en nombre de la cultura mal entendida, puesta en manos de personajillos de dudosa Cultura; por haber destrozado a base de ladrillo y cemento un litoral que conformaba un paisaje medioambiental maravilloso e idílico, fuente de riqueza atemporal, convertido ahora en fuente de riqueza puntual para unos pocos a costa de su destrucción irreversible; por haber olvidado que el futuro de un país está en la educación y en la investigación.

Sin embargo, la clase dirigente quiere “embellecer” la situación. Ayer, sin ir más lejos, el Ministro de Economía y Competitividad se rebautizaba como capitán de navío y, utilizando la bella metáfora marina, se postulaba en el supremo encargo de dirigir una nave, y hablaba de vientos y de tempestades, así como del rumbo fijo que iba a seguir la dirección de un barco cuyo término real es España y su situación económica. Una vez dado este chapuzón marino, aparece en una entrevista radiofónica, también ayer, el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, y declara a los cuatro vientos que estamos en época de tormentas pero que saldrá el sol, dando por hecho que el término real es España, que la situación económica es tormentosa, y que el sol significa la esperanza en el mañana. No quiero pasar por alto que lo hace con una sonrisa cínica, aplaudiéndose a sí mismo ante la sorpresa de su inestimable capacidad inventiva. Hoy, sin embargo, El Periódico dice en su titular que estamos con "El agua al cuello”, donde el término real somos los españoles y el agua representa la magnitud del problema.

Parece que el mar, además de haber sido inspiración para los consabidos versos de Manrique o de Alberti, y para tantos otros, es también un fondo de creatividad donde la clase política puede encontrar la metáfora que nos salve del naufragio; no obstante, como ciudadana de una España que se ahoga (como en otro poema antológico, y acaso premonitorio, de Blas de Otero), embestida por tormentas y huracanes y con una miopía basada en la desesperanza que no me ayuda a contemplar horizontes soleados, me gustaría, por decencia, escuchar las cosas tal como son, es decir, la verdad sin metáforas, la realidad sin sonrisas cínicas.

Por último, como simple grumete en el océano blogosférico, lanzaré mi botella al mar con un mensaje muy claro: respeten ustedes la poesía, porque es un arte elevado que hay que acariciar con manos de seda. A una imagen hay que acercarse desde el corazón, con honestidad, honradez y un punto de genialidad; pero ustedes olvidaron o nunca atesoraron esas tres virtudes, por muy señores capitanes de este barco que se hunde.

1 abr. 2012

Única


Un domingo cualquiera por delante. Sales al balcón y te sorprende su hermosura, el frescor, la gallardía de erigirse como única entre tantas ramas verdes. Ha sobrevivido a un lugar que no era el suyo, ha perdido una rama en estado agónico que acabó sucumbiendo a la sequía de luz, ha pasado meses debatiéndose entre el verdor y el silencio. Hace unas semanas empezaron a aparecer futuras flores pequeñas y cerradas, aún eran tibios capullos que sólo se adivinaban. Hoy, coincidiendo con el uno de este mes primaveral, ha decidido abrirse al sol y a mis ojos. Y he pensado que la belleza de esta flor que ha pasado por momentos límite es una fiel metáfora de en qué consiste esto que se llama vida: puedes estar en el lugar que no te pertenece incluso sin ser consciente, puede constreñirte la vasija de la cotidianeidad, puede faltarte la luz. Y un día, casi por azar, sin saber cómo ni qué hilos se han movido para ello, cambias de sitio, rompes tus límites, ves la luz. Y floreces. Y todo vuelve a empezar.

Una música, creo, adecuada: Russian Red, "The sun, the trees".

20 mar. 2012

Anna Ajmátova y la primavera

[Flor de melocotonero, 19 de marzo de 2012]


Al llegar la primavera algunos días son así:
bajo la nieve mullida reposa el prado,
los árboles murmuran risueños y desnudos
con el soplo de un viento tierno y elástico.
El cuerpo se sorprende sin peso,
uno no conoce su propia casa,
y la canción que aborrecía
canta, emocionado, como si fuera nueva.

Anna Ajmátova


Aunque hoy en esta zona que me habita nieve y caiga un agua necesaria, yo he visto brotar la primavera en la orilla del mar, en la esquina de la flor, en la luz de la noche y en el calor de la vida que me arropa... Un inicio de color azul.


11 mar. 2012

Besos alumbrados

(Luna llena con flor, vista desde mi balcón el 9 de marzo, 2012)



No hay más uniones eternamente legítimas
que las que están regidas por una verdadera pasión.
Stendhal, Del amor


Hay
relojes sin tiempo,
trayectos sin fecha,
lunas sin su cielo,
presentes sin voz,
besos sin cicuta.

4 mar. 2012

La dureza de los días



Mañana tendré que volver al aula, entrar y mirar hacia arriba en vez de dirigir mi vista al pupitre vacío, respirar hondo para no mirar hacia adentro. Volveré a sentarme en la mesa y tras abrir el cuaderno pasaré lista como dice la costumbre. Cuando llegue al apellido que da paso a su nombre, habré de pasar la página. Solo temo ese momento de mañana, y también el de comenzar con un "buenos días" porque para los 29 alumnos de esa clase y para mí no será un buen día porque ya se nos ha ido. Era un niño tan inteligente y con tanto sentido del humor que ha hecho su viaje mucho más rápido que todos nosotros, a pesar de que rebosaba ganas de vivir.

No es un post que tenga algo que pueda interesar a los lectores, no es el post que hubiera querido jamás publicar. Sin embargo estoy muy triste. Y estos halos son mi espacio. Y necesito dedicarle mis palabras, mi sonrisa, mi mejor sonrisa (como él me dedicó muchas veces la suya), mi abrazo fuerte y sincero (como el que él me regaló la última vez que fui a visitarlo hace apenas dos semanas). Tenía catorce años y un corazón lleno de bondad. Mañana, como ayer, como estos últimos cuatro días, quienes lo echamos de menos tendremos que convivir con la dureza de las horas y el sinsentido del destino.

27 feb. 2012

D. Carlos Castilla del Pino: "tiradores de la memoria"



“Tu relación con los objetos es confidencial y selectiva: sólo las cosas que sientes como tuyas se vuelven tuyas: es una relación con la corporeidad de las cosas, no con una idea intelectual o afectiva que sustituya al acto de verlas y tocarlas. Y una vez conquistados para tu persona, marcados por tu posesión, los objetos ya no tienen pinta de estar allí por casualidad, asumen un significado como partes de un discurso, como una memoria hecha de señales y emblemas. ¿Eres posesiva? Quizá no haya aún elementos suficientes para decirlo: por ahora se puede decir que eres posesiva contigo misma, que te apegas a las señales en las que identificas algo de ti, temiendo perderte con ellas”.

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero.


Hace algunos años ya, Carlos Castilla del Pino fue el invitado a nuestra clase de Teoría de la Literatura de 4ª de Filología Hispánica. Vino de la mano de J. María Pozuelo Yvancos para darnos una lección irrepetible a quienes tuvimos el privilegio de vivir esa hora. Cada vez que pienso en aquel día, me acude a la garganta una cierta nostalgia cercana a la melancolía: se subió a la tarima, se sentó en la mesa con elegancia y calma mientras nos miraba con unos ojos curiosos que escrutaban nuestros gestos. Después, uno a uno, fue desmenuzando pequeños fragmentos de su Pretérito imperfecto (aún no había publicado Casa del olivo). Nos contó a todos, con su barba blanca y su pelo canoso, cuáles eran los niveles de acercamiento por los que se rigen las relaciones humanas; nos desveló con aquella voz firme y decidida cómo había sido para él el proceso de la escritura de su propia vida; nos confesó qué particularidades le atribuía al género de la autobiografía, las ventajas de ese personal punto de vista que le permitía desligarse de lo vivido viviéndolo al mismo tiempo. Yo le miraba las manos, que por momentos se me antojaban raíces, y recreaba, con mi fantasía de estudiante, las horas en las que sus dedos habían tejido de nuevo los recuerdos para sembrarlos por siempre en la tierra fecunda de la letra impresa.

En un momento de osadía le pregunté cómo era capaz de evocar detalles tan nimios de episodios remotos, y él me respondió que se servía de lo que había dado en denominar “tiradores de la memoria”, refiriéndose a pequeños objetos que le servían para transportarse a aquel momento, a aquel lugar, a otra vida que ya había dejado de ser.

Nunca olvidaré esa nomenclatura que adopté inmediatamente. Tengo en mi poder un viñedo de recuerdos añejos que se conservan en barricas del mejor roble. En ellas se custodian centenares de objetos: el final de una vela, cajetillas de tabaco míticas (ahora que ya no fumo), piedrecillas de otras latitudes, conchas de mares desiertos, colgantes exóticos, pendientes que son canciones, una servilleta con alguna anotación, la pequeña tarjeta con un nombre y un teléfono que nunca marqué, el salvamanteles con la inspiración del momento de un restaurante sito en una cueva, un delfín sin mar, un pañuelo que aún huele a despedida, una hoja, el lazo que envolvía el libro de poesía, notas que eran pistas, sobres con sello portadores de deseos, postales con cielos y nubes, el corcho de un vino que conserva el tacto nervioso de la juventud, un fósforo huérfano, aquel cristal que se negaba a romperse... En definitiva, sorbos aromáticos, dulces, con tintes amargos en ocasiones, pero, sobre todo, “tiradores de la memoria” que me hacen sentir gratitud por la vida que he vivido y por quienes me han acompañado en el camino. Tenía razón D. Carlos Castilla del Pino porque ante esa caja abierta uno contempla otros aires, respira otras músicas, bebe otras tormentas, escucha otros tiempos, teje el paño de su vida.

Esta tarde, al releer el párrafo de Italo Calvino que abre este post, me he vuelto a transportar a aquella mañana lejana en la que escuché que los objetos tienen consigo una historia, y he sabido que todos los que guardo en esa caja están ahí porque son parte de mí misma, señales del camino que transité, espejos en los que puedo contemplar el tiempo perdido: el de la juventud. Y he pensado que todos tenemos una caja de recuerdos, un arsenal de “tiradores de la memoria”, decenas de copas de buen reserva que nos dejan, como mínimo, ecos inquietantes.

17 feb. 2012

Sombras


Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Manuel Altolaguirre



Los colores dependen de la luz que uno ve.

James Joyce






BSO


16 feb. 2012

Libros prestados


Hay algo especial en un libro impreso que otras veces he defendido en este espacio. La magia de tocar su piel (su papel), el olor que aspiramos cuando es nuevo, la posibilidad de “usarlo”, esto es, doblar sus páginas, subrayarlo atendiendo a premisas y convenciones que uno mismo se pone, darle alas para que vaya contigo allá donde vayas, mirarlo cómplice en alguna plaza mientras el café se enfría y juntos contempláis el devenir de la gente… Un libro es mucho más que un libro: es un excelente compañero.

Si por casualidad llega a nosotros tras haber pasado por otras manos, entonces la lectura adquiere un doble nivel: he comprado libros que entre sus páginas traían alguna historia más increíble que la que llevaba impresa (postales, dedicatorias, recortes de periódico, fotografías, hojas de rosas secas de cualquier tiempo pasado, la humedad de la habitación que los albergó hasta aquel momento, y un largo etcétera que tal vez algún día cuente con más detenimiento).

Lo que hoy me trae hasta aquí está en esa línea: tengo entre mis manos un libro prestado. Yo soy su segunda mano, pero previamente ha paseado sus discursos entre los labios y las líneas de un poeta al que admiro. Y no deja de maravillarme el hecho de leer sus subrayados en color rojo hechos con regla (para no torcerse), porque leer de un escritor lo que resalta de otro siempre es un ejercicio que a una la lleva a más lecturas que las que inicialmente esperaba. ¿Qué ha llevado a mi amigo a subrayar esto: “La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana que cuece los garbanzos en la cocina y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos”?

Me lo imagino cociendo sus versos, contando los garbanzos de sus sílabas, contagiando el amor y el respeto en el uso de cada palabra o cantando amor a la amada ausente, mirándose en el espejo de su propia obra para ver qué aroma refleja el guiso que le da nombre al arte más difícil del lenguaje… Supongo que basta leer uno de sus poemas para comprender el motivo de esa línea roja sobre texto impreso en negro.

García Márquez, a quien corresponde la cita de arriba, me ha llevado más lejos de lo esperado en esta mañana de hoy, de aquí, de ahora.

Poesía visual

15 feb. 2012

1920 - 2012: la tragedia de entonces, la tragedia de hoy.

Desde hace unas semanas la perplejidad reina en mi interior. Valle Inclán publicó en 1920 Luces de bohemia, un drama en el que a través de la técnica del esperpento refleja la triste realidad del país que habita: un país de vagos, de “charanga y pandereta” que diría Machado, un país hipócrita. Es muy significativo que ponga en boca del sepulturero que está enterrando a Max Estrella, el poeta ciego símbolo de la decadencia del país, esta sentencia:
“En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”.

No me quedo en las líneas superficiales si digo que esto mismo se sostiene en 2012:

- Hace poco hemos escuchado conversaciones telefónicas de políticos regalándose caviar y artículos de firma como premio por el cargo que ostentan, y declarándose amor eterno entre ellos por los favores intercambiados. La sentencia: inocentes. Cinco de los nueve miembros del jurado han considerado que esa forma de hacer política (que es lo que se estaba juzgando en realidad) es lícita. Falta un detalle: el juez que ha desmantelado esa trama de corrupción está inhabilitado de su carrera judicial. Él sí ha resultado ser culpable por haber sacado a la luz los métodos de estos poderosos caballeros. En definitiva, la justicia al revés, deformada, esperpéntica.
- Escucho que las mujeres retrocederemos unas décadas para ejercer un derecho que debería estar fuera de toda duda moral: el aborto. Y no contentos con esa persecución de la que seremos objeto y que atenta contra nuestra libertad de elección, leo que también la señora ministra ha encargado un estudio para saber los efectos secundarios que tiene la píldora abortiva. Suena mal, muy mal. ¿También aniquilarán ese pequeño resquicio de intimidad? En definitiva, la moral mal entendida, deformada, esperpéntica.
- Resulta que si soy un obrero, un empleado (por tanto no tengo empresa ni empresas) y no acato lo que mi jefe ordene (salario, horario, lugar de trabajo, cien mil aspectos más), mi supremo jefe tiene las manos libres –ahí sí hay libertad- para despedirme con una indemnización irrisoria. Es una más de las “perlas” de esta reforma del mercado laboral. En definitiva, el esfuerzo y el trabajo denigrados en aras del enriquecimiento de unos pocos, los menos ricos desprotegidos, el más débil acosado, el pobre poeta ciego, Max Estrella, robado por el más canalla, el esperpento.
- Ayer escuché a unos periodistas declarar que se ha de “vigilar” a todo aquel que esté en la lista del paro porque “hay colombianos, rumanos, marroquíes, etc. que viven en su país y vienen aquí a firmar el control que les hacen, se vuelven a su país y estos extranjeros nos están robando el dinero”. Fue lo que me faltaba por oír. Añadamos a nuestro día a día el discurso xenófobo y tendremos lo que tenemos: una realidad esperpéntica.

Podría seguir, la lista sería muy larga, pero ante este clima de estupor y vergüenza, siento que aún hay que tener esperanza, que algo podremos cambiar, que el sainete de país que estamos dibujando tendrá sus detractores, que este “reflejo grotesco de la civilización europea” (Valle Inclán de nuevo) encontrará un autor que sea capaz de cantarlo para que todos los ciegos abran los ojos y el grito de la sensatez ocupe las plazas de todos los pueblos y ciudades. Esto no se arregla con la rabia contenida, esto solo puede cambiar mediante una revolución del pensamiento: la educación para la ciudadanía, para el respeto, para la moral sin relativismos.

5 feb. 2012

Wislawa Szymborska


Un hermoso poema de Szymborska a modo de homenaje póstumo desde este halo dominical, desde la tarde gris y fría.


UTOPÍA

La isla donde todo tiene explicación.

Aquí se alegan pruebas irrebatibles.

Sólo hay vías de acceso.

Los matojos ceden bajo el peso de las respuestas.

Crece aquí el árbol de la Hipótesis Válida
con sus desde siempre desenmarañadas ramas.

Junto al manantial de Así Son las Cosas
se eleva luminoso el árbol de la Comprensión.

Cuanto más te adentras en el bosque, más vasto se abre
el Valle de la Evidencia.

Si alguna duda subsiste, la disipa el viento.

El eco toma la palabra sin ser llamado
y solícito descifra los arcanos de los mundos.

A la derecha, una gruta donde yace el Significado.

A la izquierda, el lado de las Convicciones Profundas.
Del fondo emerge, ingrávida, a la superficie la Verdad.

La seguridad inquebrantable domina el valle.
Desde su cima se contempla la Esencia de las Cosas.

Pese a tanto deleite, la isla está siempre desierta
y las huellas de pasos que surcan la orilla
se dirigen sin excepción al mar.

Como si lo propio del lugar fuera partir
y para no volver sumergirse en la vorágine.

En la vida inconcebible.

Wislawa Szymborska, Paisaje con grano de arena.


Su Paisaje con grano de arena llegó a mis manos en un momento en el que en mi viaje personal reinaba la vorágine de la vida, digamos que navegaba hacia los surcos pedregosos de un mar sin fondo.

Llegué a ella como siempre he llegado a todos los poetas que me han calado: por casualidad. Y la viví en noches sin fin, leyendo cada verso y adentrándome en su universo sutil y pausado, entregándome a los significados de “La mujer de Lot” mientras de reojo andaba “Bajo un solo lucero” pidiendo con ella perdón a las heridas abiertas o la esperanza acosada; queriendo creer en su “Autotomía” y en que el abismo no nos escinde, o sabiendo, de su mano, que en un “Encuentro inesperado” también le diría qué agradable encontrarnos después de tantos años.

Me enteré de su muerte como me enteré de su existencia: por casualidad. Y lo he sentido, porque devoré en muchas noches con la única compañía de una luz suave y un ron en el vaso su último libro, Aquí. Y supe que estaría atenta a su nueva publicación, que no vendrá.

La muerte forma parte de la vida, eso dicen, pero yo, que convivo con esa faceta de la no existencia con bastante escepticismo, quiero lamentar su futuro silencio y cantar sus versos, la “Utopía” del mundo que soñó: las Hipótesis Válidas, la Comprensión, el Valle de la Evidencia, la superficie de la Verdad… Porque no querría vivir en un mundo donde la evidencia me pusiese sobre la mesa las pruebas de una mentira. Porque en el mundo utópico, yo, como ella, valoro la Esencia de las Cosas y eso solo tiene el color de lo diáfano, como la huella en la nieve. Ojalá la "Utopía" llegue algún día a ser realidad, y entonces su poesía será el himno.

25 ene. 2012

¿En qué punto de la vida dejamos de ser quienes fuimos?

Llevo más de una semana observando muy atentamente el comportamiento de un grupo de treinta niños de quince años. Uno de sus compañeros, amigo, está enfermo. La reacción que todos han tenido ha sido ejemplar: son prudentes (no preguntan demasiado porque intuyen que han de respetar unos tiempos y el silencio de sus profesores), entre ellos se miran y saben que han de estar ahí apoyando a su amigo, aportan ideas y dinero (algunos más del que se acordó) para hacerle un regalo, se ilusionan con la tarjeta de ánimo que le van a hacer llegar, le escriben mensajes de apoyo y de amistad sincera... Y todos juntos, de manera unánime, se prestan voluntarios para ayudar en cuanto sea necesario por su compañero. Los he visto presentar un laborioso trabajo poniendo su nombre cuando él ha estado ausente, los he visto cabizbajos murmurando que no podía ser verdad que era algo grave, los he visto silenciosos (cuando siempre están hablando) afrontando como personas adultas la gravedad de un hecho. Y los he visto darle la vuelta a la preocupación de todos con positividad, con energía, con ilusión.

Esta tarde, mientras volvía de comprar el regalo que entre todos -compañeros y profesores- le vamos a hacer, un portátil para que pueda conectarse a internet y hablar con todos sus amigos desde casa, he pensado que estos muchachos crecerán, se harán adultos, saldrán a la vida, serán peluqueros, veterinarios, maestros de educación física, enfermeros, médicos, constructores, arquitectos... Y me asalta la duda: ¿en qué punto de la vida dejan de ser quienes ahora son para convertirse en Urdangarines? ¿En qué momento, qué sucede, qué conexión se establece en sus mentes para que lleguen a cobrar millones en negro, a olvidar que un día tuvieron 15 años y que aquella vez fueron amigos, compañeros y excelentes personas?

Ojalá ese momento no les llegue nunca, ojalá siempre sean lo que estos días han demostrado ser: buena gente, la gente que es verdaderamente importante en la vida.

Y este vídeo...


17 ene. 2012

La vocación

En la vida, cada uno se dedica a lo que quiere y otros muchos a lo que pueden. En una conversación reciente mi interlocutor afirmaba que la llamada vocación podría definirse como el hecho de querer ir al trabajo aunque no te paguen. Mientras yo estoy tecleando este post y mi cabeza divaga pensando en qué será o qué no será ese "amor al trabajo", un equipo de cirujanos opera a un joven paciente desde primera hora de esta mañana. Es una intervención quirúrgica complejísima y no sé bien si alguna vez ese grupo de hombres y mujeres se habrá planteado qué es este concepto que ahora traigo hasta estos halos; sin embargo, siento que lo que están haciendo hoy y lo que hacen cada día es una labor impagable, un ejercicio de generosidad que no está contemplado en ninguna de las palabras que conozco, ni siquiera “vocación”.

10 ene. 2012

"Sauce ciego, mujer dormida", Haruki Murakami


La obra es una colección de veinticuatro cuentos en los que fascina al lector el extrañamiento del que parte la historia y la sutileza con la que se resuelven los conflictos de los personajes. Al hablar de sutileza quiero, en realidad, aludir al estilo depurado y elegante que define los comportamientos de los personajes ante una situación inesperada. La línea de unión de casi la totalidad de los relatos podría ser la de la aceptación de ciertas realidades que extralimitan los confines de lo habitual. Se trata de una especie de “realismo mágico” (entendido como la incursión de lo fantástico dentro de la cotidianeidad) pero que en Murakami cobra una paz inusitada, algo innovador si lo comparamos con la tradición cuentística hispanoamericana. En Sauce ciego, mujer dormida se aprecia un acercamiento a la cultura zen: el valor del silencio, de la contemplación, del proceso sin esperar la meta, de la casualidad, de lo imprevisto como una parte más de lo que podría denominarse “normal”.

He aprendido de los personajes de Murakami mucho más de lo que incluso ahora soy capaz de calibrar: la mujer que se sienta cada día a contemplar las olas que se han tragado a su hijo, los cuervos que destruyen todo aquello que no sea exactamente lo que esperan encontrar, el vacío que cobra entidad propia cuando alguien desaparece del lugar que previamente habitaba, lo inasible, la incomunicación, el miedo, el destino…

Tenía este libro desde hace años y había esperado un momento adecuado para acercarme a él con la calma que precisan las lecturas que tú sabes que te aguardan, esas lecturas que esperan ser acariciadas para que les devuelvas algo que te entregaron ya, previo incluso al momento de la lectura: diría que son lecturas con amor.

Para finalizar, quiero transcribir algunas citas que ya están convenientemente subrayadas y cuyas páginas quedan dobladas por la esquina inferior (en una entrada anterior expliqué este sistema mío), y que son un indicio de cuanto pretendo transmitir:

“Un número significativo de fenómenos curiosos han dado una nota de color a mi modesta vida. ¿Me he puesto por ello a analizarlos activamente? No. Me he limitado a tomarlos tal cual venían y a seguir viviendo con completa normalidad”. Viajero por azar.

“- Si te encuentras con que tienes que elegir entre una cosa que tiene forma y otra que no la tiene, elige siempre la que no la tiene. Ésta es mi norma. Siempre que he chocado contra un muro la he seguido, y creo que a la larga me ha dado buenos resultados. Aunque haya sido duro en el momento de aplicarla”. Viajero por azar.

“Aún después de que la luciérnaga hubiera desaparecido, el rastro de su luz permaneció largo tiempo en mi interior. Aquella pequeña llama, semejante a un alma que hubiese perdido su destino, siguió errando eternamente en la densa oscuridad de mis ojos cerrados. Alargué la mano repetidas veces hacia esa oscuridad. Pero no pude tocarla. Aquella tenue luz quedaba siempre más allá de las yemas de mis dedos”. La luciérnaga.

“A veces entraba en aquella habitación y permanecía allí, distraído, sin hacer nada. Durante una o dos horas se quedaba sentado en el suelo, con la vista clavada en las paredes vacías. Allí estaban las sombras de las sombras de la muerta. Sin embargo, con el paso del tiempo dejó de poder recordar lo que antes había en el cuarto. El recuerdo de aquellos colores y olores se fue borrando. Incluso la emoción tan viva que un día lo embargó reculó fuera del reino de la memoria, como si se hubiera acobardado. Los recuerdos fueron cambiando de forma despacio, como la neblina agitada por el viento, y cada vez que cambiaban de forma iban palideciendo un poco más. Ahora eran ya las sombras de las sombras de las sombras. Lo único que aún podía percibir era la sensación de pérdida dejada por algo que había existido. A veces ni siquiera lograba recordar con claridad el rostro de su esposa”. Toni Takitani.

“- ¿Sabes, Junpei? En este mundo, todas las cosas tienen sus propios designios- le dijo en voz baja, como si le hiciera una confesión. Junpei estaba medio dormido. No pudo responder. Las frases que ella pronunciaba perdían su estructura en el aire y, mezcladas con el aroma del vino, alcanzaban furtivamente los recovecos de su conciencia-. El viento, por ejemplo, tiene su voluntad. Nosotros vivimos sin darnos cuenta de ello. Pero, a veces, nos vemos obligados a advertirlo. El viento te envuelve impelido por sus propios propósitos y te sacude. El viento conoce todo cuanto hay en tu interior. Y no sólo el viento. Todas las cosas. Incluso las piedras. Ellas nos conocen muy bien. De arriba abajo. En ciertas ocasiones, nosotros lo recordamos. No tenemos otra solución que convivir con todo ello. Y, al aceptarlos, sobrevivimos y ganamos en profundidad”. La piedra con forma de riñón que se desplaza día tras día.