1 jul. 2016

Aquella mirada

          Primer día de julio: fin de curso, fin de año. Comienza el tiempo de descanso. Y hoy (la vida tiene estas cosas) me despierto con una lucecita en el móvil que me indica un mensaje pendiente de leer: mi amigo Joaquín ha encontrado un CD antiguo en el que habitaban miradas de hace tres lustros. Allí estábamos todos los amigos, reunidos mientras bebíamos unas copas antes de salir a bailar a cualquier bar. Era sábado, siempre era sábado. Nuestros gestos son amables, divertidos. En las imágenes cada uno posa con las que aún hoy siguen siendo sus actuales parejas; todos salvo yo, que estoy sola. En aquel momento vivía más con mis recuerdos y sueños que con la realidad que me circundaba. Cuando me he visto me he reconocido: aquella mirada sé qué escondía detrás, puedo descifrar con absoluta certeza qué estaba transitando por mi fantasía. Me encontraba en aquella habitación y no me encontraba al mismo tiempo. Era yo sin ser completamente. 

          Es curiosa la vida, ¿cuántos somos al mismo tiempo? Pessoa lo resolvió bien con sus heterónimos. Tal vez sea esa una de las grandes metáforas del ser humano: en nuestro ser reside quien uno cree ser, pero también todos aquellos en quienes siempre quisimos llegar a convertirnos. El eterno diálogo entre la realidad y el deseo. 

¡Feliz verano!


Si recuerdo quien fui, otro me veo,
y el pasado es el presente en el recuerdo.
    Quien fui es alguien que amo,
empero solamente en sueño.
Y la saudade que me aflige la mente
no es de mí, ni aun del pasado visto,
sino de quien habito 
tras los ojos ciegos.
Nada que no sea el instante me conoce.
Mi mismo recuerdo es nada, y siento
que quien soy y quien fui
son sueños diferentes.

Ricardo Reis
(F. Pessoa) 

 

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