7 may. 2010

Aitana


(Playa de Baldaio, un mar inundado de piedras ausentes)



Se llama Aitana y está a punto de seguir respirando en nuestros brazos.
Hoy la sentimos moverse, agitarse, quiere que todos la veamos y que finalmente desvelemos de quién es esa nariz, la forma de su mentón, los labios gruesos que se le atisban, el sonido de su llanto o el tacto de sus deditos.

Tal vez exista el destino. Últimamente lo estaba dudando, pero si nos atenemos a los hechos, puede que realmente todo esté escrito. La historia se remonta a una tarde estival del pasado julio cuando ella era aún un sueño (o una realidad). Su papá encontró, mientras buceaba, allá en las profundidades marinas, una piedrita –como diría Benedetti- con una inscripción: Aitana. Pocos días después se enteraron de que serían padres. Y semanas más tarde, supieron que era una niña. La casualidad más increíble de todas es que ése, precisamente, era el nombre que habían decidido ponerle si resultaba ser niña. No me extraña que saliese del agua llamando a mi amiga como un loco, pero un loco de alegría sabiendo que todo se había conjugado ya para que sucediese el milagro de la vida.

Yo… desde este rincón tan mío que en tantas ocasiones se ha llenado de sombras o grises, quiero hoy confesar que me siento ilusionada, feliz, expectante, muy azul… Y declaro firmemente que ¡la mimaré todo lo que pueda! La vida merece la pena: aunque nos estemos cargando el mundo, hay esperanza de que algún día Aitana y sus compañeros de generación lo cuiden, lo salven. Ella y todos los jóvenes son el oxígeno del mañana. Y nuestra sonrisa de hoy.

Venga Aitana, que estamos esperándote…


1 comentario:

Isabel Martínez Llorente dijo...

Todo ha salido estupendamente.
Y Aitana... ¡Qué bonita es!
Ha sido el primer bebé que no ha llorado en mis brazos y ¡al primero que he dormido!
Tengo la intuición muy cierta de que nos vamos a llevar muy bien.
Enhorabuena papás.