2 oct. 2010

La noche de los tiempos (I)



“Hace falta ambición para que se cumplan
los deseos: no puede uno dejar que la incredulidad
y la desgana lo carcoman por dentro”
A. Muñoz Molina, La noche de los tiempos,
Barcelona, Círculo de Lectores, 2009. Pág. 54.


En otros tiempos ubicados en la noche de mi juventud sentí algo similar a lo que ahora no me esperaba: la emoción de leer una novela conteniendo el aliento. Claro que disfruto con la lectura, pero lo que es atraparme, como si con un puño me cogiesen desde dentro, eso sólo me sucede de cuando en cuando. Es una pasión difícil de explicar a quien no la haya sentido. Antaño se lo he debido a Stendhal, Flaubert, Melville, Clarín, García Márquez… Hoy se lo debo a Muñoz Molina y a la colosal historia narrada en La noche de los tiempos.

Versa sobre un triángulo amoroso que ha de resolver su idilio en medio del estallido de la Guerra Civil Española. La posición neutral desde la que se sitúa el narrador, sin haber hecho juicios (con lo fácil que es ponerse de cualquier bando tratándose de este tema), y la intensidad de las fotografías de esas almas que deambulan por los escenarios matritenses y neoyorquinos me han fascinado. No es sólo la intriga, sino la descripción del alma humana, a la altura de los grandes clásicos: las pasiones, los miedos, la alegría, el horror… Todos son sentimientos que pueden darse en el mismo personaje, en la misma persona y en tan sólo unos meses: se puede recuperar la juventud y alcanzar la vejez casi sin notarlo en un tiempo solapado.

Si alguien está dispuesto a no dejar de respirar hondo durante tres páginas seguidas -que es la longitud que tienen la mayoría de sus párrafos-, si alguien quiere comprender qué es amar con toda la complejidad de una triple perspectiva para dejar de juzgar, si quiere comprender lo difícil que es tomar decisiones (que algo así debió de ocurrir también en la relación de Pedro Salinas con Katherine Whitmore), si alguien quiere vivir el escenario atroz que debe de ser cualquier guerra –todos pierden en la contienda-, si alguien quiere saber qué es fanatismo, qué es derrota, qué es esperanza, qué es humildad, qué es decepción, qué es amor; entonces, que ese alguien se siente despacio y con la página en blanco del alma para viajar a 1936.


La música viene de la mano del praguense Antonín Dvorák:
http://www.youtube.com/watch?v=-ENf4VEhI40&feature=fvw

2 comentarios:

IO dijo...

No he leído esta novela de la que hablas. La defiendes con entusiasmo, y eso me gusta: "página en blanco del alma para viajar a 1936"... Y también por eso llevo días esperando impacientemente el II que prometes tras el I.

Io

Isabel Martínez Llorente dijo...

Io, tengo el II pululando por mi ordenador desde hace más de una semana, pero hay algo en él que no termina de convencerme. Habla, en definitiva, de las "casualidades de la vida", de cuánto tiene el azar que ver en en arte. Lo publicaré puesto que... soy una mujer de palabra. Si hubo un I, habrá un II. Pero lo dejo oxigenarse, como los vinos contundentes, para que adquieran todos los matices.

Porque hoy, día 22 de Octubre, toca otra entrada: hoy es un día especial.

Grazie a Te, Io.