19 dic. 2010

Navidad y otros productos prefabricados




Hoy, apacible mañana de domingo con cierto encanto invernal, me he despertado proyectando un mundo de regocijos personales y solitarios: lectura tranquila frente al ventanal abierto y cubierto de una niebla espesa propia de un 19 de diciembre, aroma a pastel de chocolate que se hornea lentamente para el café esperado de esta tarde, periódico en mano poniéndome al día de nuevos trayectos de AVE y demás penurias económicas...

De repente empiezo a escuchar un tremendo escándalo: llega Papá Noel y se sitúa justo debajo de mi casa. El personaje viene acompañado de unas decenas de clones en su versión femenina con minifaldas sobre los charcos y, además, algo que me apasiona en toda esta parafernalia: una música rociera navideña -con los Ecos del Rocío de Jerusalem o Gloria Estefan del pesebre proclamando que ya viene el año nuevo y etcétera, etcétera- que inunda lo que era, minutos antes, mi tranquilo salón.

Pues sí: se nos impone el espíritu navideño, la felicidad, el amor, la alegría, la paz... Se nos impone comprar y regalar para demostrar que queremos a los nuestros, se nos insta a acudir a las cenas de compañeros de trabajo para aparentar que todos somos muy colegas y respetuosos y hasta amables.

Dios de todos que naciste por estas fechas -según se les antojó modificar en calendarios hace siglos- traes a nosotros tu reino situándolo debajo de nuestras ventanas y dejándolo entrar por nuestras tarjetas de crédito.
Sálvanos de la tentación.

Yo, por mi parte, para no caer en ella, esta navidad haré lo que soñaba hacer desde hace mucho tiempo: IRME DEL CONTINENTE. Me voy de viaje a un lugar donde no existen los papás noeles ni los reyes magos... Esto sí es felicidad.

Que cada uno disfrute estas semanas a su manera, respetables todas. Al final, lo que cuenta, es sonreír porque sí, casi sin motivo. Cuenta vivir.

4 comentarios:

natamaca dijo...

me parece perfecto, pero antes tenemos que vernos. besitos natalia

Isabel Martínez Llorente dijo...

A ver si es con esa maravilla declarada patrimonio cultural de la Humanidad por la Unesco que es la novena sinfonía de Beethoven:

"Alegría, hermosa chispa divina,/ hija del Eliseo,/ ebrios de entusiasmo entramos,/ ¡oh diosa! a tu santuario..."

Hasta muy pronto, querida Natalia. Y gracias por seguir transitando estos caminos.

onlysun dijo...

Hola, qué agradable reencontrarte con tan hermosas palabras gracias a la recomendación de nuestra amiga. Como siempre tan dulce y exquisita, me gustaría contagiarme de la calidez de tus palabras hasta con la más feroz de las críticas y enterrar mi verbo enfurecido... Aunque hoy creo que me estoy ablandando... Mejor lo dejo.
Un fuerte abrazo. ( Soy Sole)

Isabel Martínez Llorente dijo...

@Onlysun: ¡Sole! ¡Esto sí que ha sido una sorpresa del ciberespacio! Acabo de regresar al continente y estoy profundamente agradecida de que hayan desaparecido las luces navideñas que adornaban la avenida en la que habitan mis pasos, aunque no voy a poder librarme de sus Majestades los Reyes Magos orientales. Tu verbo enfurecido será siempre muy bien acogido en estos halos azules que a veces, como ves, se vuelven de una tonalidad chillona. Es inevitable habida cuenta del mundo que nos rodea. Y menos mal que podemos, aún, gritar. Nos queda la palabra.

Un besazo grandísimo y como diría Miguel Ríos: ¡BIENVENIDA!