31 dic. 2014

Se va el 2014



Y hoy toca despedirlo. Como la fuerza de la gravedad, se ha caído de nuestra agenda sin poder hacer nada por retenerlo. Esta vez, más que ninguna otra, sé que echaré de menos demasiadas fechas de este calendario, demasiados días y demasiados instantes precisos.

Comenzó lleno de alegría, y se confirmó a las siete de la mañana de aquel lejano trece de enero, cuando supimos que el resultado era “embarazada 3+”; después, en los veinte minutos de coche hacia el trabajo, miraba las formas de las nubes en cielo, y con mi secreto guardado pasé la mañana dando las clases, hablando con mis compañeros y a punto de desbordarme de luz: ya no era yo, era otra, éramos dos. No entendía cómo a simple vista nadie veía mi transformación. Y esa sensación de estar radiante es la que me ha acompañado hasta el veintiuno de septiembre.

Entre tanto, escuché por primera vez su corazón, fui viendo cómo creció desde los trece milímetros hasta los cincuenta y un centímetros, dije sí y firmé el documento, tuve por primera vez entre mis manos mi propio libro de familia, la tarta simulaba mis halos de azul y la literatura y los cuentos donde iban insertas las casualidades de la vida que hicieron que un diecinueve se fijase en otro calendario para llegar hasta hoy, paseé durante horas por el impresionismo del Museo de Orsay dejándome llevar por las pinceladas de Manet, Renoir, Monet, Degas, Van Gogh…; recorrí los Campos Elíseos y divagué por las orillas del Sena en la noche parisina con los acordes de Cortázar y la Maga; pasé dos meses disfrutando del mar y del sol, viví las últimas patadas y la voltereta final en el Playazo, en pleno Cabo de Gata, rodeada de pitas y azul y de todo lo que me hace recordar que soy quien he querido ser, pero también que fui. Quise como nunca tomarme un chocolate con churros, y entonces comenzó a hacer el viaje hacia este mundo, hacia esta casa, y todo fue como un sueño que pasó demasiado rápido. Lo tuve por primera vez en mis brazos y al mirarlo vi en sus ojos tan abiertos una expresión de búsqueda, pensé que tal vez iba a ser un alma inquieta que buscase respuestas a tantos interrogantes como tiene este mundo.

Y desde entonces, cada día quisiera detener la gravedad, vivir en un estado indefinido de suspensión en el que los acontecimientos no transcurriesen, porque todo cambia y sé que no volverá. Siento nostalgia anticipada incluso de lo que aún no ha llegado: la primera vez que diga mamá, sus primeros pasos, su primer abrazo…

Y así pasa todo, como en un sueño.

Ojalá el 2015 sea para todos los que aún paséis por aquí, como mínimo, la mitad de excepcional y fantástico que para mí ha sido el 2014. Feliz año.

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