18 abr. 2015

Entradas por escribir

1) Sin título y dedicada a comentar El invierno en Lisboa, novela de A. Muñoz Molina que tiene un montón de páginas dobladas porque entre sus párrafos he vislumbrado las palabras que nunca supe poner a emociones que yo también he vivido; he visto el amor a una ciudad que puede ser cualquier ciudad que uno lleve dentro; y he vuelto a saber que el cine, la literatura y la música pueden ir de la mano para dibujar los horizontes del amor realizado y también los de un amor imposible. Sirvan estas citas como ejemplo e invitación a leer esta obra:

Sin que en ello intervenga su lejanía, hay recuerdos fáciles y recuerdos difíciles.

Los discos no son nada. Si son algo, cuando no están muertos, y casi todos lo están, es presente salvado. Ocurre igual con las fotografías. Con el tiempo no hay ninguna que no sea la de un desconocido. 

La nostalgia no es el peor chantaje de la lejanía. 

Porque él ya no sabía calcular la dirección del tiempo.

Supo que la ausencia era esa neutra sensación de vacío. 

Supongo que hay ciudades a las que se vuelve siempre igual que hay otras en las que todo termina.

Todos los días y a todas horas sólo pensaba en escribirte. Te escribía aunque no lo hiciera. Te iba contando todas las cosas a medida que me sucedían. Todas, incluso las peores. Incluso las que ni yo misma habría querido saber. Tú también dejaste de escribirme.

Ella me inventó.

Un viaje nocturno por el espacio en blanco de lo nunca sucedido.

Es cierto, hay ciudades y rostros que uno sólo conoce para después perderlos, nada nos es devuelto nunca, ni lo que tuvimos, ni lo que merecíamos. 

Entendió que era mentira el olvido y que la única verdad, desalojada por él mismo de su conciencia desde que abandonó San Sebastián, se había refugiado en los sueños, donde la voluntad y el rencor no podían alcanzarla, en sueños que le presentaban el antiguo rostro y la invulnerable ternura de Lucrecia tal como los había conocido cinco o seis años atrás, cuando ninguno de los dos había perdido aún el coraje ni el derecho al deseo y a la inocencia.

Como algunas veces el amor y casi siempre la música, aquella pintura le hacía entender la posibilidad moral de una extraña e inflexible justicia, de un orden casi siempre secreto que modelaba el azar y volvía habitable el mundo y no era de este mundo.

[Esta entrada cerraría con un tema maravilloso: Blue Moon, en la versión de Billi Holiday; y vendría encabezada por una imagen, La montaigne Saint Victoire, de P. Cézanne].

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2) La titulada "Un lobo para el hombre", en la que se relata cómo dos dependientas de una tienda critican a una tercera por haberse cogido tres días libres por la muerte de un familiar directo, días libres que le corresponden según su convenio laboral . Una de ellas, en tono altivo, proclama ante la clientela que permanece enfrascada en sus asuntos sin prestar demasiada atención: "Yo no me los tomo (los días), porque el trabajo es el trabajo". Me ha recordado a esas situaciones en las que uno pone a los alumnos a corregir los trabajos de sus propios compañeros: son jueces duros y a veces hasta se ensañan en corregir incluso aquello que no precisa corrección. En definitiva, ¿es el ser humano cruel por naturaleza con quienes le rodean?, ¿dónde han quedado la empatía y la tolerancia?

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3) Ese post que se convierte en un microrrelato. La voz narrativa pertenece a una mujer joven que reflexiona sobre el machismo imperante en la sociedad actual en ambientes en los que se supone que no existe. Relata en primera persona la vida de una aventurera que llevaba la mochila por maleta y que acaba convertida en un ama de casa ocupada en criar a los hijos. Hasta que un día decide cambiar el rumbo y ser, simplemente, ella misma. 

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4) La entrada del blog que habla de la relación entre el cine y la literatura según la impagable visión que Andrei Tarkovsky expone en su obra Esculpir en el tiempo. Pero esta la dejo aquí, porque tal vez sea la siguiente... Quién sabe.




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