15 feb. 2012

1920 - 2012: la tragedia de entonces, la tragedia de hoy.

Desde hace unas semanas la perplejidad reina en mi interior. Valle Inclán publicó en 1920 Luces de bohemia, un drama en el que a través de la técnica del esperpento refleja la triste realidad del país que habita: un país de vagos, de “charanga y pandereta” que diría Machado, un país hipócrita. Es muy significativo que ponga en boca del sepulturero que está enterrando a Max Estrella, el poeta ciego símbolo de la decadencia del país, esta sentencia:
“En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”.

No me quedo en las líneas superficiales si digo que esto mismo se sostiene en 2012:

- Hace poco hemos escuchado conversaciones telefónicas de políticos regalándose caviar y artículos de firma como premio por el cargo que ostentan, y declarándose amor eterno entre ellos por los favores intercambiados. La sentencia: inocentes. Cinco de los nueve miembros del jurado han considerado que esa forma de hacer política (que es lo que se estaba juzgando en realidad) es lícita. Falta un detalle: el juez que ha desmantelado esa trama de corrupción está inhabilitado de su carrera judicial. Él sí ha resultado ser culpable por haber sacado a la luz los métodos de estos poderosos caballeros. En definitiva, la justicia al revés, deformada, esperpéntica.
- Escucho que las mujeres retrocederemos unas décadas para ejercer un derecho que debería estar fuera de toda duda moral: el aborto. Y no contentos con esa persecución de la que seremos objeto y que atenta contra nuestra libertad de elección, leo que también la señora ministra ha encargado un estudio para saber los efectos secundarios que tiene la píldora abortiva. Suena mal, muy mal. ¿También aniquilarán ese pequeño resquicio de intimidad? En definitiva, la moral mal entendida, deformada, esperpéntica.
- Resulta que si soy un obrero, un empleado (por tanto no tengo empresa ni empresas) y no acato lo que mi jefe ordene (salario, horario, lugar de trabajo, cien mil aspectos más), mi supremo jefe tiene las manos libres –ahí sí hay libertad- para despedirme con una indemnización irrisoria. Es una más de las “perlas” de esta reforma del mercado laboral. En definitiva, el esfuerzo y el trabajo denigrados en aras del enriquecimiento de unos pocos, los menos ricos desprotegidos, el más débil acosado, el pobre poeta ciego, Max Estrella, robado por el más canalla, el esperpento.
- Ayer escuché a unos periodistas declarar que se ha de “vigilar” a todo aquel que esté en la lista del paro porque “hay colombianos, rumanos, marroquíes, etc. que viven en su país y vienen aquí a firmar el control que les hacen, se vuelven a su país y estos extranjeros nos están robando el dinero”. Fue lo que me faltaba por oír. Añadamos a nuestro día a día el discurso xenófobo y tendremos lo que tenemos: una realidad esperpéntica.

Podría seguir, la lista sería muy larga, pero ante este clima de estupor y vergüenza, siento que aún hay que tener esperanza, que algo podremos cambiar, que el sainete de país que estamos dibujando tendrá sus detractores, que este “reflejo grotesco de la civilización europea” (Valle Inclán de nuevo) encontrará un autor que sea capaz de cantarlo para que todos los ciegos abran los ojos y el grito de la sensatez ocupe las plazas de todos los pueblos y ciudades. Esto no se arregla con la rabia contenida, esto solo puede cambiar mediante una revolución del pensamiento: la educación para la ciudadanía, para el respeto, para la moral sin relativismos.

2 comentarios:

mª luisa dijo...

eso mismo, un siglo para que todo vuelva a ser como es, a mi también me parece increible, esperpéntico, lo mire por donde lo mire.
te agradezco la reflexión, y sobre todo el final, hay que salir a las plazas, y terminaremos saliendo de nuevo, una y otra vez, y las veces que hagan falta.
muchos besos
mª luisa

Isabel Martínez Llorente dijo...

Sin embargo, Mª Luisa, sin una concienciación profunda no lograremos nada. Hace falta salir a las plazas, pero sobre todo es necesario reflexionar y actuar en consecuencia. Yo percibo, probablemente como tú, un adormecimiento general, una resignación colectiva, una pasividad alarmante.
¡Muchos besos para ti también!